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Los refugios no dudan sobre su apertura: “Si hay montañeros, es obligado estar abiertos”

Prevén su apertura a finales de junio o principios de julio, atendiendo al Plan para la transición hacia una nueva normalidad, y aunque todavía no saben en qué condiciones podrán abrir dan por hecho que tendrán que reducir el aforo.

El refugio de Góriz, en el valle de Ordesa.
FAM

"Si como se intuye, en verano se va a poder hacer deporte en la montaña aragonesa, los refugios tienen que estar abiertos”, asegura Sergio Rivas, responsable de la red de refugios de la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM), que considera que estos lugares son “sitios de seguridad en la alta montaña”.

Eso sí, a pesar de la presentación, el martes pasado, del Plan para la transición hacia una nueva normalidad, en el que se prevé permitir abrir las terrazas al 30% de ocupación y la apertura de hoteles y alojamientos turísticos  durante la fase 1, una etapa de la desescalada en la que la movilidad seguirá restringida, “los refugios aragoneses no se plantean abrir todavía, al menos según lo presentado”, según explican desde la FAM. “Lo expuesto entendemos que es una hoja de ruta general y que las directrices se deben concretar conforme haya territorios que vayan a cambiar de fase, por lo que con lo que se presentó no me atrevo a decir una fecha concreta de apertura”, apunta Rivas. “Pero nos hacemos una idea de cuál puede ser la perspectiva a medio plazo”.

“La hostelería de ciudad, donde antes de llegar al trabajo te tomas un café, pronto previsiblemente podrá empezar su actividad. Pero, en el caso de los refugios, si la movilidad va a estar restringida a las provincias durante las tres fases contempladas solo se podría prestar servicio a los oscenses y contando con que, en una temporada normal, el aragonés en los refugios representa el 15% de los clientes, nos presentamos en que, como pronto, teniendo en cuenta este planteamiento, abriremos a finales de junio o principios de julio. Es decir, en el momento en el que se permita la movilidad a otras provincias”, detalla el mismo. “Eso sí, nuestro espíritu y voluntad es dar servicio en cuanto se pueda”.

Pero, ¿en qué condiciones se prestará servicio?

Algunos refugios, como el de Bujaruelo, situado entre los valles de Ordesa, Panticosa y Gavarnie, ya anuncian en su web y redes sociales que “de cara a esta temporada se va a limitar el aforo, a reducir las plazas de la buhardilla y el restaurante, y que las habitaciones pequeñas ya no se compartirán con gente ajena al grupo con el que vayamos”. Desde la FAM añaden que por el momento las directrices del Gobierno hablan de aforos referentes a la hostelería, “pero que se tendrá que especificar con más detalle el protocolo a seguir en los refugios”. “Esperamos que se contemplen las peculiaridades de los refugios”, indica Rivas. “Mientras tanto estamos trabajando con otras federaciones y con los guardas en protocolos para poder incorporar algunas medidas”.

Y es que el principal problema ante el que se encuentran es que el espíritu del refugio no casa con el distanciamiento social. “El refugio pone en valor el compartir. Se comparte habitación, mesa y baño”, explica el responsable de este sector en la FAM. “Por este motivo, para garantizar el distanciamiento social, damos prácticamente por hecho de que no podremos abrir con la totalidad de las plazas. Tendremos que ver cuando se regule cómo lo podemos aplicar, pero seguro que será más complicado para un albergue o un refugio que para otros alojamientos. Eso seguro”. El mismo pone como ejemplo algunas de las cuestiones a tratar: “Por ejemplo, en el tema de comedor podremos hacer turnos, pero el alojamiento es más complicado. Tendremos que ver cómo solucionar la situación de baños y habitaciones comunes. Además, de la cuestión de las taquillas. Seguramente, se pueda evitar su uso, subiendo el material a la habitación, pero veremos cómo hacerlo”.

Con una previsible reducción de aforo, debido a los múltiples espacios compartidos, entre otras limitaciones, Rivas indica que “se podrían suceder ciertos problemas económicos, si no se consigue abrir con una cierta ocupación, sobre todo contando con que previsiblemente no habrá turismo extranjero”, pero que eso no va a suponer un planteamiento sobre si merece o no la pena abrir. 

 “No nos planteamos entre estar o no estar. Es obligado estar si hay gente en la montaña”, asegura. “Un hotel se puede plantear no abrir si no le compensa, pero un refugio que está en medio de la montaña no tiene opción. Si hay gente en la montaña, aunque sea menos, o mucha menos, que en un año normal, que puede tener un percance, debe tener un refugio al que acudir en caso de un accidente o por cualquier problema en la montaña. El refugio es importante, fundamental, para la seguridad del montañero y, en verano, previsiblemente podrá haber montañeros”.

 

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