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Día Internacional para la prevención del suicidio

"El suicidio se puede prevenir para que deje de ser la primera causa de muerte externa"

Los expertos alertan de que se trata de un fenómeno que ha aumentado en los últimos años. Desde el Teléfono de la Esperanza en Aragón, que en el último año ha atendido cerca de 6.000 llamadas, buscan concienciar a la sociedad de la importancia de normalizar estos recursos que no se dirigen únicamente a personas en situación crítica.

Paola Berné 10/09/2018 a las 05:00
El grueso de las llamadas atendidas por el Teléfono de la Esperanza en Aragón fue de personas de entre 36 y 55 años, "con la soledad como problema", destaca Alberto Hernández, presidente de la organización.T. Galán/ R. Labodía/ G. Mestre


"El dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe". Con esta cita de Shakespeare arranca este lunes, 10 de septiembre, la campaña de sensibilización puesta en marcha por el Teléfono de la Esperanza para concienciar en el Día Internacional para la Prevención del Suicidio de la importancia de la atención y el acompañamiento ante una realidad en auge: la de aquellas personas que han perdido las ganas de vivir. 

Según los últimos datos publicados a finales de 2017 por el Instituto Nacional de Estadística, el suicidio sigue siendo la primera causa de muerte externa superando ampliamente a los accidente de tráfico con 3.602 fallecimientos (2.680 hombres y 922 mujeres) en 2015. Solamente en Aragón perdieron la vida por esta causa 131 personas (98 hombres y 33 mujeres), siendo la tercera Comunidad con la tasa más alta (9,94 por cada 100.000 habitantes).

A juicio de Alberto Hernández, presidente del Teléfono de la Esperanza en Aragón, es necesario trabajar en red para hacer frente a una realidad que cada vez más se vincula a crisis existenciales y situaciones de soledad e incomunicación que necesitan una voz amiga que les escuche y oriente. "En el caso de las personas mayores puede ser precisa una acción preventiva cuando presentan estos problemas. Por eso, junto al afectado, buscamos una serie de recursos y alternativas que este tiene y le cuesta descubrir encerrándose en una imposibilidad que muchas veces no es tal. A veces es el vecino quien te puede echar una mano y no lo sabes", afirma este experto. 

En los últimos años, el número de llamadas atendidas por el Teléfono de la Esperanza en Aragón ha ascendido de forma significativa; no así el número de aquellas que presentan contenido suicida. Según los datos facilitados por esta entidad, en 2017 se atendieron 5.771 llamadas, frente a las 3.009 recibidas el año anterior. 55 de ellas presentaban contenido suicida.

"Desde nuestra sede se está llevando a cabo una acción preventiva que está llegando cada vez a más personas. Al final de 2018, podríamos alcanzar las 7.000 llamadas atendidas", detalla Hernández, quien explica que, por sexos, el 60% de las personas que hacen uso de este recurso suelen ser mujeres y un 40% hombres. La crisis económica también tuvo su influencia en los registros de los que dispone la entidad. Así, en 2009, se llegaron a atender más de 9.000 llamadas; en 2010, 7000; en 2011 fueron en torno a 6.000, de 2012 a 2015 hubo en torno a 4000 llamadas al año y en 2016 fueron poco más de 3000. "En  2017 casi se ha duplicado el número de llamadas con respecto al año anterior. Valoramos que la crisis económica pudo tener su influencia en los primeros años de la misma, pero el repunte que estamos teniendo estos dos últimos años podría tener más relación con interlocutores que se encuentran atravesando crisis existenciales y situaciones de soledad e incomunicación muy graves", advierte Hernández, quien insiste en la importancia de trabajar en red para ayudar a quienes han perdido las ganas de vivir. 

"La prevención del suicidio es un trabajo que hay que abordar de forma multidisciplinar: a nivel educativo, a nivel sanitario (medicina de Atención Primaria, psiquiatras, psicólogos) y a nivel social, puesto que los servicios sociales pueden detectar muchos casos de riesgo", añade. En el otro lado se sitúa la labor de las oenegés que, como el Teléfono de la Esperanza, trabajan en el ámbito preventivo para ofrecer una red de atención nacional. En muchas ocasiones -reconoce Hernández- esta línea telefónica es el primer recurso al que la persona que está mal acude motivada por el anonimato. "A partir de este, intentamos que la persona que empieza a descubrir que tiene esos pensamientos que no se atreve a expresar a nadie de su entorno se abra a recibir ayuda y pueda así ponerse a disposición de los servicios y recursos, tanto nuestros como de su red de médicos", indica. 

La experiencia acumulada por esta oenegé en sus 45 años de historia lleva a sus responsables a afirmar que el suicidio es una de la formas de morir más trágicas y dolorosas. "El suicida muere solo y el grado de sufrimiento que tiene que soportar antes de terminar con su vida es difícilmente comprensible para quienes no hemos vivido esa experiencia. Hemos aprendido que a ese sufrimiento personal hay que añadir las severas secuelas emocionales que provoca en su entorno y que, en muchos casos, acompañan de por vida a los afectados", subraya Hernández, quien concluye tajante que la conducta suicida se puede prevenir, aunque son necesarios más medios para avanzar en el camino de la prevención. Además de romper el silencio para vencer el tabú y el ostracismo que rodea a estos fallecimientos, los expertos hacen hincapié en la importancia de la sinergia entre las administraciones y las oenegés que hacen una detección temprana de este problema y derivan casos a los recursos especializados. 

"La compañía se valora en todos los momentos de la vida, pero todavía más en el caso de las personas mayores. Por eso, creemos que a nivel comunitario la soledad habría que abordarla como un problema de salud a tratar en red", reivindica Hernández.

La atención en crisis en Urgencias

La misma opinión comparte el doctor Pedro Manuel Ruiz Lázaro, jefe de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Clínico de Zaragoza, quien señala que el suicidio es la causa de muerte más frecuente en jóvenes por delante de los accidentes de tráfico. "Cada vez le estamos dando más importancia a la prevención del suicidio porque el motivo probablemente más frecuente en urgencias en adultos jóvenes son precisamente las tentativas autolíticas, que no llegan a ser suicidios consumados, pero sí intoxicaciones voluntarias, autoagresiones, cortes…", indica. 

Al tratarse también de uno de los motivos de consulta más frecuentes, este experto asegura que casi todas las comunidades están desarrollando protocolos de atención al suicidio. "Para nosotros es muy importante la atención en crisis en Urgencias, pero luego la mejor forma de prevenir el suicidio es un muy buen abordaje de la depresión", apunta este especialista. Para ello, el doctor Ruiz indica que,  además de la psicoterapia cognitiva, muchos pacientes con esta enfermedad necesitan tomar antidepresivos, fármacos que, a su juicio, son un buen factor de prevención del suicidio siempre que estén prescritos y controlados por un especialista.

"Aunque no todas las personas deprimidas responden igual, sucede que las primeras semanas de empezarlos a tomar se incrementan las ideas suicidas que algunos pacientes expresan porque notan una ligera mejora que les permite expresar lo que sienten", afirma al explicar la alarma que rodea a buena parte de estos fármacos. "A veces hay que poner asociado al antidepresivo un tranquilizante para controlar la impulsividad y que controle la ansiedad", añade.

Así, aunque no todos los intentos desesperados de quitarse la vida responden a esta causa, los psiquiatras se muestran convencidos de que trabajando en red para abordar de forma adecuada este trastorno, se conseguirá reducir tanto el número de suicidios consumados como el de tentativas autolíticas que llegan a los servicios de Urgencias. 

"En el paso al acto de un suicidio es muy importante la impulsividad y la desesperanza. Si no hay un proyecto de vida o no se ve una salida de curación, hay más probabilidad de que uno quiera acabar con su vida. No obstante, la mayor parte de tentativas autolíticas indican una petición de ayuda, un alivio impulsivo del malestar emocional… Hay gente que se toma pastillas y se arrepiente inmediatamente y pide ayuda", matiza este psiquiatra.

Soledad e incomunicación

Su experiencia como especialista le permite dibujar un perfil marcado: ser varón, padecer una enfermedad grave o vivir solo. "Esa triada es un predictor de suicidio consumado. Por eso, en urgencias, cuando nos encontramos esas características es fácil que el paciente termine ingresado, porque la mejor prevención de una recaída es un ingreso, aunque no podamos ingresar a todos los pacientes con tentativa autolítica", puntualiza. 

En este sentido, el soporte social y familiar constituyen dos pilares fundamentales en la atención a estas personas. "Nosotros que siempre estamos faltos de camas en urgencias, antes de decidir qué hacemos con un paciente miramos que tenga ese soporte familiar o al menos la figura del vecino que se comporta muy bien con él. Ese soporte social es básico y muy importante, lo cual no quita hacer una vigilancia estrecha", apostilla.

El doctor Ruiz Lázaro reconoce que con la intervención que se hace "en crisis" en los servicios de Urgencias, muchas veces basta para descartar que el paciente padezca una enfermedad mental, sobre todo en el caso de los más jóvenes. "Cuando los ves en la Unidad de Salud Mental a los pocos días, muchas veces hasta te resulta extraño y te preguntas por qué lo intentaría, pues la voluntad ha desaparecido. Ha habido un momento de crisis: una ruptura sentimental -la gente no ha aprendido a manejarlas y es un motivo de tentativa autolítica muy frecuente-, pero a los tres meses la mayoría de ellos lo han superado. No ha quedado ninguna patología de base aparte de la inmadurez propia de la adolescencia para tolerar la frustración en algunos casos", precisa. 

Lo normal, a juicio de este especialista, es que la intervención en los servicios de Urgencias ayude a hacer una criba para descartar otras enfermedades. "Con esta, la mayoría de pacientes mejora y nos viene muy bien para que reflexionen. Al cabo de 24 horas, no hay ningún riesgo orgánico y psicológicamente se pueden abordar estos temas o derivar a la Unidad de Salud Mental para hacer un seguimiento, aunque muchas veces no hay patología detrás", puntualiza. 

Trabajo en red

A juicio de este especialista, la salud mental va unida al trabajo en red, en equipo. Y aunque se muestra convencido de que en Aragón se están haciendo bien las cosas, pues casi todos los programas que se han hecho contemplan un seguimiento de los casos de tentativa para evitar que haya recaídas o detectar tempranamente enfermedades como la depresión, Ruiz Lázaro reconoce que todavía queda por hacer. "La salud mental sin red no es posible, y esa es una cosa que a veces nos falla. En todas las áreas de mejora que tenemos en salud mental hay que seguir trabajando en ello, aunque las cosas se vayan desarrollando poco a a poco y los recursos son limitados. Para nosotros el trabajo con servicios sociales y comarcales del Ayuntamiento es básico", señala al reflexionar sobre el problema actual de la soledad en los mayores, una epidemia que causa ya más muertes que la obesidad. 

"Para este tema -subraya- simplemente el hecho de que venga un trabajador social de la Comarca y se preocupe un poco del malestar físico de la persona, de la compra o de la casa, nos ayuda muchísimo. El soporte social y familiar es básico", recalca.

 

 

 

 *Para ayudar a las personas que atraviesan situaciones de este tipo y mejorar su salud emocional existen servicios sanitarios, de urgencias y  recursos comunitarios. El Teléfono de la Esperanza es uno de ellos (976 232 828 - 717 003 717), y por medio de su última campaña, con motivo del Día Mundial para la prevención del suicidio, quiere hacer hincapié en la importancia de "estar disponibles para acompañar a otras personas en su sufrimiento, evitando que sus palabras se queden encerradas en su corazón hasta que se rompa".





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