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Conservación

La biodiversidad viene con instrucciones

La Fundación Global Nature ha publicado un informe de recomendaciones dirigido al sector agroalimentario con el fin de reducir los impactos que su actividad origina en el medio natural.

Ana Esteban Actualizada 13/08/2018 a las 09:29
El objetivo de las medidas del informe de la Fundación Global Nature pasa por conseguir que la actividad agrícola y la conservación de la biodiversidad sean compatibles.Global Nature


En España, más de un 30% de los suelos están destinados a un uso agrícola y la manera en la que se gestionan y trabajan es un aspecto clave para la conservación del patrimonio natural y en el mantenimiento de la biodiversidad. Es decir, de los ecosistemas, paisajes y especies animales y vegetales que los rodean.

Desde hace tiempo, la biodiversidad es uno de los mayores desafíos de nuestro siglo, ya que no es únicamente un problema medioambiental, sino que es una cuestión que afecta a la nutrición de la población, a los procesos productivos, al desarrollo económico de la sociedad y a la calidad de vida de sus habitantes.

Conscientes de esta importancia, la Fundación Global Nature, en el marco del proyecto Life Food & Biodiversity, ha publicado un informe de recomendaciones dirigido al sector agroalimentario, para evitar y reducir los impactos negativos en la biodiversidad con el fin de mejorar su protección y conservación a través de sellos y certificaciones.

Se trata de una propuesta que promueve la creación de una iniciativa europea de biodiversidad en el sector agroalimentario para continuar trabajando en estos objetivos una vez que se finalice en 2020.

Un informe que tiene sus orígenes en una actividad, realizada el pasado año por técnicos de las organizaciones socias del proyecto Life, que seleccionaron a 54 sellos por su relevancia para la protección de la biodiversidad. «Es un informe de lo más completo cuyas recomendaciones van dirigidas a implementar medidas de mejora en el entorno productivo. Nuestro reto pasa por mejorar la labor de estas empresas y también de las certificadoras y trabajar con ellas para que impliquen a sus proveedores (agricultores y ganaderos) en el cumplimiento de estos requisitos», apunta Amanda del Río,  coordinadora de proyectos de Fundación Global Nature.

Según el citado informe, el papel de la agricultura ha cambiado sobremanera en los últimos años y, si bien antes era un elemento clave para desarrollar paisajes complejos y diversos, de los que dependen el 50% de las especies europeas, en los últimos años, la enorme explotación de las tierras, unido a la intensificación de la agricultura en los países con economías emergentes, han influido considerablemente en la pérdida de la biodiversidad.

«De hecho, globalmente podemos afirmar que los sistemas agroalimentarios son los responsables del 60% de la pérdida de biodiversidad terrestre y la agricultura y la ganadería son causantes del 24% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero», matiza Amanda Del Río.

En este informe, los expertos aseguran que, junto con el sector agrario, los procesadores y distribuidores también tienen un gran impacto en la biodiversidad y para todos han elaborado casi un centenar de propuestas encaminadas a planificar y ejecutar medidas que permitan que agricultura y biodiversidad se den la mano.

Reducir y evitar los impactos negativos en los ecosistemas que rodean las explotaciones agrarias y ganaderas y mejorar su protección y conservación a través de certificaciones. Estos son algunos de los principales objetivos del proyecto Life Biodiversidad en Estándares y Sellos del Sector Agroalimentario, que pretende ayudar a las empresas y certificadores de sellos de calidad, públicos y privados, a introducir y mejorar la eficacia de criterios para la protección de la biodiversidad en los estándares, normas y protocolos que ellos ya están aplicando, con mayor o menor eficiencia, dependiendo de cada caso.

Se trata de una iniciativa promovida por un consorcio internacional que incluye las organizaciones Global Nature Fund, Lake Constance Foundation, Agentur AUF! (Alemania), Fundación Global Nature (España), Solagro and Agoodforgood (Francia) e Instituto Superior Técnico (Portugal).

Entre las principales conclusiones elaboradas por los expertos destaca el hecho de que el sector agrario es uno de los que más impacto tiene en la biodiversidad. De ahí que muchas de las normas de esta publicación se centren en recomendaciones generales para explotaciones y cooperativas, así como otros tipos de producción, tanto horticultura, como cultivos permanentes o ganadería, en sus diferentes formas.

Que las prácticas agrícolas influyen en el medio que nos rodea es algo de lo que muy pocas personas dudan y uno de los ejemplos más recurrentes que se usan para explicar esta influencia es la polinización de las abejas, ya que, en Europa, en el 85% de los casos se lleva a cabo en cultivos destinados a alimentación humana y animal. Una mala praxis en este terreno supondría una pérdida valorada entre 235 y 577 mil millones de dólares por año.

«Trabajar el concepto de la biodiversidad es algo muy complejo, que no se puede cuantificar como sí se hace con el cambio climático. Pero podemos evaluar una serie de indicadores y orientar a los agricultores sobre cómo deben actuar en cada caso para proteger los valores naturales de sus explotaciones», apunta Amanda del Río, responsable de proyectos de Global Nature.

Impacto ambiental

La filosofía de reducir el impacto ambiental pasa por planificar e implementar medidas efectivas para evitar, minimizar, remediar y, finalmente, compensar aquellos impactos no evitables.

«Es muy importante devolverle a la naturaleza esa parte que le hemos quitado de una manera u otra. Y eso puede hacerse implementando las medidas que se aconseja aplicar según este proyecto, dirigido al sector agroalimentario para que, a través de sellos y certificaciones, se puedan reducir y evitar los impactos negativos de la producción agraria en la biodiversidad», aclara Del Río.

Los expertos están de acuerdo en que son cinco las grandes causas de pérdida de biodiversidad, y estas recomendaciones se centran en tres de ellas: la degradación y destrucción de los ecosistemas, la sobreexplotación de los recursos naturales y las especies invasoras. En estos consejos no se incluyen ni la contaminación ni el cambio climático como un elemento adicional de pérdida de biodiversidad, ya que la mayoría de los estándares que se incluyen en este amplio listado abordan aspectos relacionados con este ámbito y, además, desde la Fundación Global Nature trabajan en este campo con otros proyectos.

A lo largo del citado informe, los técnicos que han participado en él insisten en que las interacciones entre las actividades humanas y la biodiversidad son muy complejas. Debido a esta complejidad, reducir los efectos negativos en la naturaleza de toda la cadena de suministro de un producto del campo a la mesa es un reto que exige procesos de mejora continua para implementar estas medidas.

En los últimos años se ha producido un ‘boom’ en todos aquellos temas relacionados con cuestiones centradas en la sostenibilidad y la responsabilidad empresarial. Hay decenas de sellos, certificaciones y normas encaminadas a conseguir estos objetivos por parte de las empresas, que a su vez tratan de inculcarlos a sus proveedores, agricultores y ganaderos de diferentes rincones del país.

«Pero para que esta política triunfe y las medidas de biodiversidad sean efectivas, es muy importante centrarse en objetivos a corto plazo. No hay que marcarse retos imposibles, que sean complicados de conseguir, sino hacer las cosas poco a poco, primero las que cuesten menos trabajo y esfuerzo, como por ejemplo apostar por los controles preventivos en las explotaciones o mejorar la formación de los trabajadores... Con cada paso que demos, estamos avanzando. Esa es la clave. Lo más importante es que el negocio lo reflejará siendo más rentable», añade la coordinadora Amanda del Río.

Empresas implicadas

Las recomendaciones de esta guía están dirigidas principalmente a industrias y empresas agroalimentarias que ya cuentan con normas o protocolos de actuación y suponen un apoyo en la gestión las mismas para que las empresas realicen un mejor trabajo en cuestiones relacionadas con esta protección.

«La guía está disponible en internet y periódicamente llevamos a cabo desde la Fundación Global Nature numerosos encuentros con empresas y certificadores, así como con organismos públicos y privados que se encargan de estas cuestiones, con el fin de orientarles y asesorarles. El camino no es fácil ni corto, pero, poco a poco, conseguiremos andarlo e implementaremos estas recomendaciones dentro del sector agroalimentario, lo que contribuirá significativamente a la conservación de la biodiversidad y al desarrollo de sistemas agroalimentarios sostenibles», matiza su coordinadora.

Para ello, tienen previsto también organizar numerosos cursos de formación por toda España, cuyas fechas se darán a conocer en los próximos meses.

 

La clave: un buen manejo de suelo y uso de fertilizantes
 

En el suelo hay una gran variabilidad de organismos vivos que algunas veces se ven, pero que otras veces son invisibles a nuestros ojos y que influyen considerablemente en la biodiversidad de una zona. Es el caso de las bacterias, hongos, protozoos, así como de los ácaros, las lombrices o las termitas. Estos organismos interactúan entre sí y con las diversas plantas y animales que habitan sobre el suelo y que contribuyen a prestar servicios esenciales del ecosistema. Por este motivo, en la guía se insiste en que una gestión del suelo y unas prácticas de fertilización imprudentes perturban este complejo ecosistema, lo que se traduce en una pérdida de biodiversidad. Entre los consejos que se ofrecen en este estudio se insiste en «la necesidad de que los agricultores realicen análisis de suelo periódicos, que incluyan el contenido de material orgánica, y que hagan una rotación de la tierra con el mayor número de cultivos posible y de diferentes familias botánicas, intentando introducir un mínimo de tres cultivos distintos. El principal se cultivará en un máximo del 75% de la superficie de la explotación», indican.

También se recomienda que el suelo esté cubierto el máximo tiempo posible y especialmente en los periodos en los que existe mayor riesgo erosivo o de lavado de nutrientes.

En el caso de la ganadería, se afirma que la presión sobre los pastos debe estar claramente definida y ajustada razonablemente a la capacidad de producción del pasto y se recomienda «incluir criterios de autosuficiencia en la producción de alimentos, promoviendo la producción propia de forrajes y cereales, y el uso de pastos naturales, identificando porcentajes asumibles según el tipo de explotación y su ubicación», concluyen en el citado informe.

Una correcta gestión de agua y plagas
 

Cultivos intercalados, rotaciones y uso de técnicas adecuadas, como por ejemplo el saneamiento de semilleros, fechas de siembra y densidades, o mínimo laboreo y labranza destinada a la conservación del suelo. Estas son solo algunas de las recomendaciones que se recopilan en este trabajo y que habría que implementar en las tareas agrícolas para lograr el mayor equilibrio.

También se aconseja el uso de variedades resistentes/tolerantes a plagas y semillas, así como el empleo de material de plantación certificado.

Y en el caso de la aplicación de pesticidas se matiza que solo deberían permitirse si se han aplicado medidas preventivas y se sobrepasan umbrales de daño preestablecidos.

En el caso de los consejos para la optimización del uso de agua para el riego, los expertos que han elaborado este manual insisten en que el gestor de la explotación «debe documentar la cantidad de agua que se consume y demostrar que está informado sobre la situación de los ecosistemas acuáticos en su cuenca hidrográfica. Asimismo, tendrá que utilizar una plantilla de riego para documentar el agua empleada para cada actividad de riego con el fin de demostrar su eficiencia».

Una apuesta por las variedades tradicionales

Este exhaustivo trabajo cuenta con un capítulo centrado en recomendaciones dirigidas a empresas agroalimentarias. En este sentido les aconsejan establecer un compromiso de compra con los productores para la promoción de variedades de cultivo y razas de ganado autóctonas y tradicionales. Además, insisten en la importancia que tiene el hecho de que apoyen a las regiones y proveedores de cultivos que ayudan a conservar la biodiversidad.

Con el cambio climático es evidente que la agricultura está sufriendo una importante transformación, en la que tienen mucho que ver los fenómenos meteorológicos extremos que estamos viendo últimamente, así como el mayor incremento de plagas. Por todo ello, hay que apostar por un agrosistema resiliente, que se adapte a los cambios», recuerda Amanda del Río, responsable de Fundación Global Nature.

Por este motivo, insiste en la importancia de que estas empresas reconozcan la labor de los pequeños agricultores en la conservación de la biodiversidad y sufraguen una parte de los costes derivados de la mejor protección ambiental, de las medidas de mejora biodiversidad y de la responsabilidad social.

La implicación de las empresas

Uno de los aspectos en los que se incide en esta guía es en el papel que en materia de biodiversidad también juegan las empresas agroalimentarias. De hecho, en su larga lista de recomendaciones no se olvidan de ellas. Entre los consejos más destacados insisten en la necesidad de ofrecer a los consumidores productos derivados de variedades de cultivo y razas de ganado autóctonas. «Los agricultores o proveedores que cultiven o trabajen con esas variedades deberían ser recompensados, por ejemplo, mediante un sistema de bonificación por puntos u otros incentivos», apuntan.

Además, abordan la necesidad de favorecer la creación de bancos de semillas locales con el fin de preservar variedades tradicionales, que, en algunos casos, han caído en el olvido y han sido sustituidas por otras que son mucho más rentables.

«El desarrollo y difusión de la selección genética concebida para crear variedades híbridas comerciales ha conducido a la privatización de las semillas. Actualmente se patentan formas de vida y en nuestra sociedad industrial se ha hecho común alterar el genoma de variedades de cultivo y de razas de ganado mediante la biotecnología, como ocurre en el caso, por ejemplo, de la modificación genética», aclaran.

Sin embargo, los responsables de este proyecto abogan por apoyar las técnicas de cría clásicas y no solo la biotecnología y afirman que los métodos clásicos han posibilitado el cruce de variedades tradicionales sin alterar directamente el genoma natural, «permitiendo a quienes actúan en las explotaciones incrementar la resiliencia de sus sistemas agroecológicos. Por eso, es necesaria la combinación de este conocimiento tradicional y de la investigación para fomentar la agrobiodiversidad», concluyen desde la Fundación.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo





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