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Opinión

Adopciones sin etiquetas

En el caso de la pareja zaragozana que ha renunciado a la niña india que adoptó, la defensa de la menor es prioritaria, incluido el respeto a su privacidad y el rechazo al morbo.

Mercedes Navarro 06/09/2018 a las 05:00
Adopciones sin etiquetasHeraldo.es


Las adopciones, nacionales o internacionales, nunca son fáciles. Suponen un proceso largo, complejo y cargado de consecuencias sociales muy variadas. La renuncia de una pareja de Zaragoza a la niña india que había adoptado, por ser de mucha mayor edad a la reflejada en el expediente, ha puesto los focos en un aspecto concreto de los muchos que pueden concitarse. A saber: la falsificación de los datos de la menor y la decisión de la familia de abandonarla y transferir la responsabilidad al Gobierno de Aragón.

Desde AFADA (Asociación de Familias Adoptantes de Aragón) queremos resaltar, antes de nada, que estamos ante un caso excepcional. No es el único que se ha dado en España, pero merece la pena destacar que el porcentaje de adopciones con expedientes mal informados suele ser poco frecuente. En general, a las familias adoptantes nos gusta poco hablar de estas incidencias, y de otras, porque alientan un miedo infundado. Tampoco nos gusta contar los casos problemáticos que han surgido, en porcentaje menor, porque supone colocar sobre nuestros hijos etiquetas innecesarias. Es volver a estigmatizar a niños y niñas que ya saben lo que es sufrir.

Esta noticia, sí nos invita a reiterar, en voz alta, el necesario control sobre las ECAI, esas agencias encargadas de representar a las familias en los países de origen de los niños. En el caso de Zaragoza, la agencia ha tramitado muchas adopciones en La India sin problemas, sobreviviendo de hecho a otras que han ido cerrando o han quedado desautorizadas por las administraciones responsables. ¿De quién es la culpa? Nosotros, como organización, no disponemos de los datos precisos ni debemos juzgar a las partes implicadas. Por intuición, algo ha fallado inicialmente en La India, donde tienen un organismo específico para velar por los menores que salen del país y la responsabilidad de vigilar a los orfanatos, que es el CARA. Hay normas concretas para este y otros países que son de obligado cumplimiento.

Como en otros casos, suponemos que la Administración autonómica buscará la mejor solución pensando, por encima de todo, en el bien de la menor. Es a ella a la que hay que proteger, sin reservas ni retrasos, siendo conscientes del nuevo sufrimiento que está padeciendo. La defensa de la niña es por tanto prioritaria, incluido el respeto a su privacidad y el rechazo al morbo desde todos los ámbitos. También es necesario, en nuestra opinión, el respeto a la decisión de los padres que han hecho la renuncia. No cabe hablar de buenos y malos, como se está haciendo en las redes sociales, pues desconocemos la situación personal de cada uno. Lo que sí sabemos es la dificultad de algunas familias para gestionar esos primeros años de convivencia y de ahí la necesaria colaboración del Gobierno de Aragón y el reforzamiento del control de las adopciones. Esa misma colaboración entre familias y poderes públicos tiene que darse de forma continuada a lo largo de los años, no solo en la fase inicial. De hecho, estamos viviendo un momento de especial complicación con la adolescencia de los niños que, de forma más masiva (porque las adopciones internacionales van disminuyendo), llegaron a España y a Aragón en la década pasada. Sin ser un porcentaje mayoritario, hay un número significativo de familias que afrontan ahora problemas sanitarios y sociales (en algún caso hasta judiciales) al alcanzar sus hijos la pubertad. Estamos hablando de nuevos desafíos que nos van enseñando a familias y profesionales.

Son problemas que, pese a no estar generalizados, acercan a algunas familias a nuestra asociación en busca de comprensión y apoyo. El Departamento de Derechos Sociales y Ciudadanía de la DGA es consciente de esta problemática y, en colaboración con el de Sanidad, nos están ayudando en las jornadas que en noviembre vamos a organizar en Zaragoza sobre ‘Abandono, adopción y riesgo. Debate sobre diagnóstico y terapias reparadoras’. Hay interés nacional en este debate, como lo hay en todo lo que sea el bienestar de nuestros hijos, que no vienen precisamente de vivir una infancia cómoda y que son los primeros en desear que la convivencia familiar sea un mar en calma, sin la agitación que el abandono y el desapego altera sus ya azarosas biografías. Por lo mismo, pedimos prudencia y respeto en este caso excepcional. Reiteramos la necesidad de mejorar el control sobre las adopciones. Y reclamamos el apoyo prolongado a aquellas familias en las que la adaptación del menor está siendo un camino más duro de lo esperado. Una adopción es un vínculo que hay que trabajar, con el apoyo de todos.

Mercedes Navarro es presidenta de la Asociación de Familias Adoptivas de Aragón (AFADA)

 

 





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