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Historias de innovación

Una pastilla para acabar con la salmonela

Orache Desinfection ha desarrollado unas pastillas desinfectantes que eliminan la salmonela, e-coli y gérmenes ocultos en mesas y suelos en la industria alimentaria.

Eva Sereno 30/07/2018 a las 05:00
Instalaciones de Orache Desinfection


La industria alimentaria tiene que desinfectar bien sus instalaciones cada turno de trabajo para evitar la proliferación y contaminación de los alimentos con bacterias, virus, hongos y esporas como la salmonela o e-coli, así como la listeria y gérmenes ocultos en las mesas y suelos.

Una necesidad de un sector clave en la economía española ante la que empresa oscense Orache Desinfection comenzó a aplicar sus conocimientos y experiencia en productos de desinfección -ha desarrollado el único desinfectante sólido contra el ébola-, dando como resultado el lanzamiento de las pastillas Cleanpill HA. Un producto sólido desinfectante que se puede utilizar en industrias alimentarias para limpiar superficies, utensilios y equipos.

Estas pastillas son de utilidad, por ejemplo, en conserveras, embotelladoras, mataderos, fábricas de embutidos, envasadoras de productos frescos y pescados o supermercados, entre otros. “Se puede utilizar en toda industria en la que haya algún alimento”, incluso en queserías, carnicerías o fruterías, según ha explicado Sergio Mayenco, director de Orache Desinfection.

El resultado de la investigación y desarrollo realizado es una pastilla concentrada para uso exclusivamente profesional, que se ha convertido en uno de los productos estrella de Orache Desinfection, vendiéndose en más de 25 países.

“Nuestra estrategia es pasar producto desinfectante líquido poco concentrado a sólido ultraconcentrado de fácil dosificación”. Cada pastilla es de 3,35 gramos en los que se incluyen 1,5 gramos de cloro activo. “En la relación calidad de desinfección-precio, el cloro es imbatible”. Además, las empresas productoras de cloro han eliminado el uso de mercurio en su proceso productivo por tecnología de titanio para evitar el impacto ambiental que se generaba.

El peso de cada pastilla no se elige al azar, sino que tiene su sentido. “La normativa exige un número de desinfección que es, normalmente, múltiplo de 150. Con una pastilla de 1,5 gramos de cloro activo diluida en 10 litros de agua ya salen 150 ppm (partes por millón)”.

Por ejemplo, un bote de un kilo con 300 pastillas desinfectantes equivale a 37 litros de lejía líquida. “Se trata así de sustituir productos que se están vendiendo muy diluidos porque, si el principio activo se vendiera concentrado, sería de alto riesgo. En Orache, lo que hacemos es comercializarlo con productos que ya son muy estables, con alto grado de concentración, y venderlo en pastilla para que sea más fácil su uso para las personas”, añade Sergio Mayenco.

El producto es de fácil aplicación, ya que tan solo hay que “hacer la disolución correspondiente de una pastilla por cada cinco litros de agua o cuatro pastillas para una máquina a presión de 20 litros” para pulverizar la fábrica o, por ejemplo, una cinta de un matadero por la que pasa la carne. Luego se aclara con agua.

I+D en tres fases

Un proceso sencillo, pero que ha supuesto para Orache Desinfection entre un año y año y medio de investigación y desarrollo en el que han contado con la colaboración de la Universidad de Zaragoza. La I+D se ha realizado en tres fases. La primera de ellas “es de compatibilidad de componentes. Sabemos la cantidad de desinfectante que se necesita para matar una bacteria. En relación a eso, preparamos una fórmula, que lleva entre cinco y 15 componentes”. En esta primera fase, “se mezclan en diferentes proporciones para ver que no reaccionan, sino que son compatibles”. La empresa ha realizado cerca de 150 ensayos para obtener la fórmula en grano definitiva.

La segunda fase, “en la que ya tenemos la fórmula que cumple nuestras expectativas, es producirlas. Metemos la solución en la máquina compactadora. Primero comenzamos con 25 kilos de producto, luego 300 y un lote completo, que son 1.200 kilos, para ver que la máquina es realmente capaz de compactar ese producto”. Y es que, por ejemplo, hay veces que “25 kilos sí los compacta, pero no 300 kilos porque hay algún problema de que se pega el producto al punzón o necesita la máquina más lubricación, etcétera. Entonces se va haciendo por fases”.

Cuando ya está el producto terminado, se pasa a la tercera fase para realizar el análisis de estabilidad a largo plazo. “Se mete en hornos de envejecimiento para calcular qué le pasaría al producto en tres, cuatro o cinco años. Así vemos si se degrada muy rápido, no se degrada o si ha perdido o no cantidad de cloro activo para darle más o menos caducidad”.

La eficacia de las pastillas Cleanpill HA está probada con test y análisis que son realizados en laboratorios externos para garantizar la calidad y el respeto por el medio ambiente, así como sus características técnicas y durabilidad.

“Tenemos que mandarlo a laboratorios externos porque se necesita la certificación de una entidad acreditada por ENAC” para avalar que se cumple la normativa. Además, las pastillas, que están registradas en el Ministerio de Sanidad, cumplen las normas UNE_EN 13697 en condiciones sucias y la UNE_EN 14476 en condiciones sucias y fines específicos con el organismo de ensayo Norovirus murino.

Las ventajas de estas pastillas van más allá de su poder desinfectante. También son respetuosas con el medio ambiente. Su embalaje es 100% reciclable y se minimizan los residuos y las emisiones de CO2 a la atmósfera al sustituirse la lejía por pastillas sólidas, lo que supone un ahorro de transporte de agua y un menor empleo de plástico.

 

 





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