Cambio climático y huracanes: ¿están relacionados?

¿Qué relación existe entre el cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes?

El huracán Harvey, aproximándose a Texas, el 25 de agosto, en una imagen tomada por el satélite Goes de la NASA
NASA/NOAA/Goes Project

El huracán Harvey, que asoló Texas y Luisiana la semana pasada, pulverizó el récord de precipitación de una tormenta en Estados Unidos con 1.318 litros de lluvia por metro cuadrado registrados en una estación meteorológica cerca de Cedar Bayou, Texas. Para tener una referencia, el lugar más lluvioso de España, la sierra de Grazalema en Cadiz, recibe una media de 2.100 litros por metro cuadrado de lluvia… durante todo el año.

Como resultado, el paso del Harvey por Texas, acompañado de vientos de más de 200 kilómetros por hora, ha producido unas de las mayores inundaciones que se recuerdan en Estados Unidos en época reciente, ha afectado centenares de miles de hogares y desplazado de sus casas a más de 30.000 personas.

Estas cifras de récord nos hacen plantear si existe relación alguna entre el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes. ¿Serán estos más frecuentes en años venideros como consecuencia del calentamiento global?

Qué es un huracán

Antes de responder a esta pregunta deberíamos saber qué es un huracán. Un huracán es un tipo de ciclón tropical. Con este término la meteorología se refiere a un sistema tormentoso de rotación rápida que se caracteriza por una circulación atmosférica cerrada en torno a un centro de bajas presiones (el ojo del huracán) y que va acompañado de fuertes vientos y de lluvias torrenciales. Como su nombre indica, los ciclones tropicales se forman casi exclusivamente en la zona intertropical, entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio, aunque son menos frecuentes al sur del Ecuador por una serie de condicionantes atmosféricos. Dependiendo de su potencia, se les llama depresiones tropicales, tormentas tropicales o huracanes. Los que se forman en el mar de la China se denominan tifones.

La principal fuente de energía de la que se alimentan los ciclones tropìcales son las altas temperaturas del agua del mar. Se forman en los océanos calientes, con una temperatura en superficie de al menos 26 grados centígrados. Es por esto que son mucho más potentes en el agua o cerca de ella y pierden fuelle rápidamente cuando se adentran en tierra.

Ahora que ya sabemos lo que es un huracán, nos podemos preguntar si los cambios que estamos introduciendo en el clima han hecho aumentar la actividad de los ciclones tropicales.

Los expertos indican que es prematuro afirmar que el calentamiento del planeta, producido por la acción humana y por las emisiones de gases de efecto invernadero, tenga un impacto en la actividad de los huracanes. Podría ser que los cambios producidos por el hombre fuesen de pequeña magnitud y, por ello, difíciles de detectar o que existan limitaciones para su observación o modelización. A lo que sí que apuntan los modelos es a un probable incremento de la intensidad de los huracanes. A finales de este siglo, el calentamiento global hará probablemente que los ciclones tropicales sean de media entre un 2 y un 11 por ciento más intensos, con lo que aumentará su potencial destructivo.

El mecanismo

El aire caliente contiene más humedad. A medida que aumenta la temperatura, se incrementa la capacidad de la atmósfera para retener agua: por cada medio grado centígrado de aumento de la temperatura, se produce un aumento de aproximadamente un 3% en el contenido medio de humedad atmosférica. En el caso del Harvey, el huracán se desarrolló con una temperatura del agua en superficie en el Golfo de México entre 0,5 y un grado más alta que la que es habitual en esta época del año, lo que supondría entre un 3-5% más de humedad en la atmósfera. A más humedad en la atmósfera, mayor posibilidad de grandes precipitaciones y de que se produzcan grandes inundaciones, como ocurrió en Houston.

En el caso del Harvey, su lento movimiento del 26 al 30 de agosto fue otro factor clave para provocar las inundaciones catastróficas en el sureste de Texas. En una nota del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático de Potsdam, se sugiere que la desaceleración general de la circulación atmosférica estival en las latitudes medias, como consecuencia del calentamiento desproporcionadamente elevado en el Ártico, puede provocar que los sistemas tormentosos se muevan más lentamente y permanezcan más tiempo en un lugar determinado, aumentando así el impacto de las lluvias torrenciales.

El aumento del nivel del mar como consecuencia del calentamiento del planeta también puede tener un impacto en el daño producido por los huracanes. Los ciclones tropicales producen inundaciones costeras como consecuencia de los vientos en altura que empujan la superficie del océano por encima del nivel del mar. Es lo que se conoce como marejada ciclónica. En las últimas décadas el nivel del mar ha subido unos 15 cm y ello puede contribuir a empeorar los efectos devastadores de la marejada ciclónica.

En un artículo en el periódico 'The Guardian', Michael E. Mann, catedrático de ciencia atmosférica de la Universidad Estatal de Pensilvania, apuntaba que el “Harvey ha sido casi con toda seguridad más intenso de lo que hubiera sido en ausencia de calentamiento causado por el hombre, lo que significa vientos más fuertes, más daño por acción del viento y una marejada ciclónica mayor".

En definitiva, no podemos afirmar que el cambio climático sea la causa de un fenómeno atmosférico extremo como el huracán Harvey. De hecho esta pregunta no tiene demasiado sentido, ya que en la gestación de un fenómeno meteorológico específico como un huracán concurren múltiples factores. Pero sí que, muy probablemente, en las próximas décadas el calentamiento global contribuirá a exacerbar determinadas características de los ciclones tropicales que incrementarán su potencial de destrucción. Por ello, tanto los datos y los modelos predictivos como acciones decididas y coordinadas internacionalmente en contra del cambio climático serán cruciales para mitigar los efectos del calentamiento global en los fenómenos meteorológicos extremos.

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