¿Por qué a veces la Luna se ve amarilla?

Nuestro querido satélite no siempre luce blanco y brillante en el cielo.

Una enorme Luna amarilla ilumina el cielo nocturno.

Brilla inmensa y blanca en el cielo... casi siempre. Y no solo porque las fases de la Luna cambien su tamaño hasta hacerla desaparecer en los días de luna nueva. Es que, además, a veces nuestro satélite vecino aparece de color amarillo, naranja o rojizo.

En realidad, no vemos el color real de la Luna, sino la luz del Sol reflejada en ella. Y todo eso tamizado por la atmósfera de la Tierra, que dispersa de distinta manera unos colores y otros.

Habitualmente, la Luna aparece más amarilla o anaranjada cuando está más cerca del horizonte. Esto pasa porque, en ese ángulo, la luz debe recorrer más distancia hasta nuestro ojos que cuando está en lo más alto. En ese camino, la luz azul, la verde y la violeta se dispersan por las moléculas de la atmósfera y el color que captamos con más fuerza es el rojo (a veces, suavizado en naranja o amarillo).

Por contra, cuando la Luna está en vertical, la luz azul llega hasta nuestras retinas y por eso vemos el satélite de tonos azulados o grisáceos.

En realidad, la Luna es de muchos colores: tiene zonas amarillentas en sus elevaciones y montañas, planicies de basalto en las que dominan los tonos azulados, y otras zonas violáceas, debido a la presencia de titanio. Mucho más de lo que vemos a simple vista en una noche de luna llena.

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