¿Por qué no me quito de la cabeza la canción del verano?

Las melodías pegajosas se enredan en nuestra memoria

Ya llegó el verano y con él sus pegadizas canciones ("La barbacoa, la barbacoa, como me gusta la barbacue"). Si leer la frase anterior ha provocado que empieces a cantar la dichosa canción y temes que te vas a pasar el resto del día tarareándola, te pido mis sinceras disculpas.


¿Porqué algunas canciones se quedan atascadas en nuestra cabeza? En inglés las llaman 'earworms' (del alemán 'ohrwurm': literalmente, gusanos del oído). Son imágenes musicales involuntarias que repetimos en nuestra cabeza durante horas o incluso, en algunos casos, durante días. No las escogemos a voluntad de una lista de reproducción. Aparecen de repente, desencadenadas por algún factor y, normalmente, no las reproducimos enteras. Habitualmente, son solo fragmentos del estribillo, de unos pocos segundos que, una vez se quedan atascados, repetimos en bucle, una y otra vez.


La doctora Vicky Williamson, psicóloga de la música en la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido, lleva años estudiando este fenómeno. En colaboración con el programa matinal de BBC Radio 6, preguntó a los oyentes con qué fragmentos insidiosos de canciones se despertaban. Después de recopilar las respuestas de más de 2.500 entrevistas, se puso de manifiesto que se trata de un fenómeno muy personal: detectó solo media docena de canciones que habían sido nombradas más de una vez. En ocasiones, este número se incrementaba con las músicas de películas o series, cuando estas se hacían populares. Según Williamson, los 'earworms' se relacionan con el hecho de haber escuchado recientemente, o de manera frecuente, una canción. Leer una palabra o sentir una emoción que asociamos involuntariamente a la canción, o incluso el estrés, son otros factores detonantes. Se podría tratar de un fenómeno de memoria involuntaria, análogo al antojo de comer después de que la idea de un manjar nos haya venido a la cabeza o como cuando, de repente, pensamos en alguien al que no hemos visto en años.


Pero, ¿los 'earworms' comparten algunas características que contribuyen a su pegajosidad? Los compositores de 'jingles' de anuncios o de sintonías de programas de televisión, por ejemplo, son realmente efectivos aplicando fórmulas para obtener estribillos pegadizos, fácilmente recordables. Alguna de las características comunes que deben cumplir son la repetición de frases o sonidos, la simplicidad melódica de la canción y la presencia de ritmos marcados, y también alguna incongruencia, como una nota o pasaje inesperados. Todos estos factores generan en nuestro cerebro la necesidad de tararearlos. Un sonido repetido una y otra vez es uno de los factores que se ha visto que más comúnmente actúan como detonante para que estos insidiosos fragmentos de canción se nos queden atascados en el cerebro. La repetición hace que anticipemos el sonido que vendrá a continuación y que nuestro cerebro quiera completarlo. La simplicidad de las canciones infantiles, a diferencia de una compleja melodía de música clásica, es más fácil que se nos pegue. O si no, haced la prueba y mencionad 'Let it go' a los padres de niños encandilados con 'Frozen'.

 

¿A todas las personas les sucede por igual?

Parece que las personas obsesivas o neuróticas, y también las que cuando escuchan música suelen moverse o llevar el ritmo, tienen mayor tendencia a que se les peguen las canciones. Por otro lado, aún no hay datos concluyentes para determinar si los músicos o las personas con educación musical son más o menos proclives a los 'earworms'.


Existen también casos extremos. Steven Brown, psicólogo de la Universidad McMaster en Canadá sufre lo que él ha denominó “pista musical perpetua”. La música corre constantemente (o casi constantemente) por su cabeza en una combinación de piezas oídas recientemente y piezas distantes, que aparecen espontáneamente. Esta rara condición va acompañada, en su caso, de movimientos inconscientes de los dedos, cuyos patrones corresponden al contorno melódico de la pieza imaginada, y sueños musicales una vez por semana o cada dos.


Volviendo a los casos más comunes, otros expertos piensan que los 'earworms' podrían estar relacionados con la historia evolutiva de nuestra especie. Daniel Levitin, psicólogo cognitivo y profesor de McGill University en Quebec afirma que durante mucho tiempo los humanos han tenido que memorizar información importante a través de canciones: de los 200.000 años de historia de nuestra especie, la escritura únicamente nos ha acompañado los últimos 5.000. La combinación de ritmo, rimas y melodía sería mucho más efectiva que solo las palabras para recordar, por ejemplo, qué alimentos son venenosos y cuáles no.


Entonces, ¿se podrían explotar los 'earworms' para ayudarnos a recordar o a memorizar cosas? Si hacemos algunas búsquedas en la red, descubriremos que existen empresas que pretenden aprovechar este fenómeno, por ejemplo, para el aprendizaje de lenguas extranjeras.


Continuamente se crean nuevos 'earworms', especialmente en canciones que escuchamos mediante radiofórmulas o utilizadas en anuncios de televisión y repetidas hasta la saciedad. Pero, ¿cómo los podemos curar? En algunos casos, pensar en otra canción puede ser la solución, a no ser que esta también se quede atascada. También se ha propuesto que realizar tareas complejas en las que está implicada la memoria de trabajo podría ayudar, como por ejemplo resolver sudokus o anagramas, o leer un libro.


El verano, con sus malditas canciones, es un terreno abonado para que proliferen los gusanos que en sentido figurado habitan nuestros oídos. Por vuestro bien, deseo encarecidamente que este año los vuestros no se dividan entre 'salchipapistas' y 'rapinyaires'.

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