Cristo resucita entre jotas y tambores

Cientos de personas se han agolpado en la plaza del Pilar para ver el Encuentro Glorioso.

Encuentro Glorioso
Julian Fallas / HA

Bajo un sol radiante y en una plaza del Pilar abarrotada de personas, Nuestra Señora de la Esperanza se ha reencontrado con su hijo resucitado. Este ha sido uno de los momentos más emotivos de la Semana Santa zaragozana, que además, presagiaba su cercano final. 


La procesión del Encuentro Glorioso ha comenzado segundos antes de las 11.30, cuando las puertas de la iglesia de Santa Isabel de Portugal, también conocida como San Cayetano, se han abierto para recibir el paso de Nuestra Señora de la Esperanza, que data del año 1981. Los primeros en salir fueron los cofrades más pequeños de la Real Hermandad de Cristo Resucitado y Santa María de la Esperanza y del Consuelo. 


Así, entre bombos, tambores y alguna que otra trompeta, fueron apareciendo todo los miembros de la cofradía, incluida, la talla de Nuestra Señora de la Esperanza. Posteriormente, partieron por la calle Manifestación para llegar a la plaza del Pilar, donde se produciría el famoso encuentro entre madre e hijo. 


Cristo Resucitado salió del interior de la basílica y entró en la plaza por el lado opuesto a su madre. Los tambores sonaban rítmicamente, de forma muy suave, intentando no ser los protagonistas de este importante momento. Solo cuando ambos se juntaron en el centro de la plaza, se produjo un verdadero estruendo. 


Posteriormente, Vicente Jiménez Zamora, arzobispo de Zaragoza, y Javier Antolín Sánchez, padre agustino, tuvieron unas palabras para los centenares de personas que había alrededor de la plaza -los más previsores hasta se había llevado sus propias sillas-. En estos instantes, recordaron la resurrección de Cristo y por qué se celebran estos días. 


Una vez se despidieron, no tardaron en comenzar las jotas, cuyas letras están reescritas por varios miembros de la Hermandad. Cantadores y bailadores interpretaron con pasión varias jotas, que en muchas ocasiones, se fueron intercalando con el toque de tambores, una mezcla sin igual de ambas tradiciones aragonesas. 


Así, cerca de las 13.00, los hermanos de la cofradía volvieron a tocar con fuerza y la Virgen marcó el camino de vuelta hasta el colegio de San Agustín. El Resucitado siguió a su madre hasta el colegio, donde ambos volverán a encontrarse, poniendo fin a la celebración de la Semana Santa. 

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