"El Conservatorio Superior de Música de Aragón es un referente en toda España"

El Cuarteto Quiroga, que estrenaba 'Joyce' de Peter Eötvös en el Auditorio de Madrid el pasado fin de semana y es Premio Nacional de la Música de 2018, explica su concepción de la música, de la pedagogía y la variedad de sus repertorios

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El Cuarteto Quiroga fue uno de los ganadores del Premio Nacional de la Música de 2018. Está formado por Aitor Hevia y Cibrán Sierra, al violín; Josep Puchades, a la viola, y Helena Poggio, al violonchelo. Son profesores de la Cátedra de Cuarteto de Cuerda y Música de Cámara del Conservatorio Superior de Música de Aragón (CSMA), al que defienden con vehemencia y con una elaborada teoría pedagógica.

¿Qué tiene de especial para ustedes Manuel Quiroga?

CIBRÁN SIERRA. El nombre de un grupo es el primer ejercicio de identidad que uno hace. Y nuestra intención al llevar el nombre de Manuel Quiroga es poner en valor y ensalzar una figura musical que, históricamente, tiene una trascendencia no lo suficientemente reconocida para la envergadura que tuvo el personaje en sí. También era una denominación de origen para el grupo tanto en cuanto que Quiroga era uno de los mayores instrumentistas de nuestra historia. Y queríamos rendirle homenaje con nuestro trabajo y también de una manera diferente a cómo se le ha hecho. Si bien en Galicia su tarea está recuperada a nivel patrimonial, uno puede acercarse al Museo de Pontevedra y disfrutar de sus pinturas, sus partituras, sus manuscritos, su legado, de alguna manera, su memoria en las salas donde él tocó, por el mundo adelante, está más perdida. Y queríamos rendirle homenaje con nuestro trabajo, y por eso nos alegramos mucho de que a lo largo de todos estos años hemos devuelto la memoria de Quiroga a salas de Londres, Montevideo, de París, al Palau de Barcelona, donde estuvo… Por su biografía tan accidentada, nunca mejor dicho, cayó en un olvido que nosotros creíamos que no era justo.

Desde el punto de vista del virtuoso, del instrumentista, ¿qué tenía de especial Manuel Quiroga?

AITOR HEVIA. Quizá uno de los datos más importantes sea que Eugene Ysaÿe, uno de los más grandes violinistas del siglo XX y de la historia, escribiese seis sonatas para violín, y la sexta, que quizá sea la más virtuosas, esté dedicada a Manuel Quiroga con cariño y admiración. Eso revela la categoría de nuestro violinista.

Han dicho que el melómano nace con la música de cámara. ¿Qué significa tocar en cuarteto? ¿Qué buscan?

HELENA POGGIO. El cuarteto es una formación muy particular, especial, porque son varios individuos, no es tanto como una orquesta, en la que al final hay una cabeza que dirige, sino que son cuatro personalidades artísticas que se juntan e intentan aunar un mismo mensaje con una misma idea musical. Todos tenemos diferentes sensibilidades, sensaciones y emociones cuando tocamos, y lo difícil es conseguir aunarlas y lograr que sean una misma voz y que se puedan seguir escuchando los cuatro individuos.

CIBRÁN. Ese juego y ese debate entre el yo y el otro genera una sociedad que es una metáfora de convivencia social ilustrada, radicalmente democrática y cooperativa.

El Conservatorio Superior de Música de Aragón es un referente en toda España

Los cuatro integrantes del Cuarteto Quiroga: Cibrán Sierra, Helena Poggio, Josep Puchades y Aitor Hevia. / Cortesía Cuarteto Quiroga.

Ustedes tienen una formación impresionante, un bagaje profesional lleno de maestros, de conciertos y de grabaciones deslumbrantes. ¿Cuál es la importancia de este aprendizaje, de diálogo con tantos artistas?

JOSEP PUCHADES. La carrera de un músico no es un prueba de 100 metros. Es una maratón. Y desde el principio, elegir muy bien los maestros que vas a tener va a crear un perfil y una identidad clara de cuarteto. Nosotros siempre hemos buscado gente a la que admirábamos en muchos sentidos para seguirles, para recibir sus enseñanzas, y para poder transmitirlo en el escenario. Y no solo en el escenario, sino que algo que es fundamental para nosotros, una vez que tenemos esas experiencias, es transmitirlas a las nuevas generaciones. Somos profesores en el Conservatorio Superior de Música de Aragón, estamos muy orgullosos, llevamos diez años dando clase en el Centro, y han trabajado con nosotros cientos y cientos de músicos… En Aragón hay músicos espléndidos, reconocidos y aplaudidos.

Ya que acaban de entrar ahí, ¿podrían explicarnos como ven a las futuras generaciones? ¿Cómo definirían el contexto general, la calidad, etc.?

CIBRÁN. Bueno, ahí hay un cóctel de impresiones y de cosas complicadas. El CSMA es un referente en todo el país. Lo fue desde que tomó la decisión de replantear su modelo hacia un modelo donde primaba la búsqueda de un profesorado que se mantenga, como ocurren en las universidades, no solo en el aula, sino que complementa su actividad con la investigación, con la grabación de discos, con la actividad concertística, por lo tanto puede ofrecer al alumnado un enseñanza viva, actualizada, y puede prepararle de una manera real para el mundo profesional, al que se van a enfrentar porque ese profesorado vive y está bregándose cada día en ese mundo. En otros lugares, como en nuestra Galicia, hay una dislexia entre lo docente y la actuación.

AITOR. No solo en Galicia. Ocurre en muchos otros sitios, en mi tierra asturiana también.

JOSEP. Y en Valencia...

CIBRÁN. El éxito del modelo del CSMA ha sido entender que eso ha sido fundamental, como lo entiende cualquier universidad del mundo, y esta es una educación superior. Es decir, los profesores investigan, tocan, graban, y eso es parte fundamental de la enseñanza. El CSMA se ha colocado como uno de los tres o cuatro centro punteros de España ahora mismo a nivel de pedagogía musical. Eso es así.

¿Están de acuerdo con Cibrán, no exagera un poco?

JOSEP. Creo que todos estos años del CSMA han supuesto un cambio en la educación, también, en Aragón. Muchos músicos aragoneses han salido y están ganando la vida en el extranjero con la música, formándose aquí, y eso es algo que hace quince años no pasaba. Es un valor increíble.

¿Pueden desmentirme que en Aragón, en el Auditorio Eduardo del Pueyo, hay unos conciertos estupendos, pero el alumnado deserta, les vuelve la espalda?

HELENA. Yo creo que esto ha pasado un poco en Aragón y en todas partes. A veces hay una falta de interés que viene dada cuando se tienen todos los medios. Es como si los chicos lo diesen todo por hecho y faltase atención y apreciación, algo que, muchas veces, también encuentra complicidad en la dejadez de las familias.

AITOR. Cuando yo tenía la edad que tienen ahora mis alumnos, incluso cuando era más joven, soy de Oviedo, mi único acceso pues eran los discos que había en mi casa, los discos que sacaba de la biblioteca y los conciertos a los que asistía, junto con la radio, pero la única oportunidad de ver a un violinista en directo era ir al concierto. No era verlo en Internet, descargarme un vídeo; y como bien decía Helena nuestras nuevas generaciones lo tienen constantemente en el teléfono. Esa facilidad de acceso les aleja a investigar y de tener la inquietud de ir a los conciertos. En Zaragoza, dicho sea de paso, hay unos conciertos impresionantes.

CIBRÁN. Creo que hay que repartir responsabilidades. No solo es la responsabilidad de los alumnos, que sí está clara. Muchas veces creo que los profesores de los conservatorios no somos lo suficientemente enfáticos acercan de lo importante que es asistir a conciertos, escuchar música, leer libros, ir a exposiciones... No se dan cuenta de que no insisten lo suficiente en que la imaginación es un jardín que hay que cultivar, como diría Voltaire. Y que no va a venir solo estando encerrado en tu cuarto horas y horas.

El Conservatorio Superior de Música de Aragón es un referente en toda España

Aitor Hevia, Josep Puchades, Cibrán Sierra y Helena Poggio en una de sus visitas al Conservatorio Superior de Música de Zaragoza.  Son profesores de la Cátedra de Cuarteto de Cuerda y Música de Cámara. / Francisco Jiménez.

¿Qué proponen?

CIBRÁN. Los centros educativos deberían estimular más la existencia de los alumnos a las salas, y luego las sociedades filarmónicas de los grandes auditorios, y en Zaragoza hay ambos, con excepcionales series, creo que deberían acercarse a los conservatorios.

¿En qué sentido?

CIBRÁN. No entiendo cómo no se hace una presentación de la temporada de conciertos del Auditorio en ambos conservatorios. ¿Cómo no se consigue convencer a los artistas para que tengan unos minutos con los alumnos? Vamos a ir a Mánchester y nos preguntaban si querríamos dar una clase en el Royal College of Music, una de las instituciones más importantes de todo el Reino Unido. Claro que sí. Esta colaboración institucional entre los auditorios, sociedades filarmónicas y escuelas de músicas debería ser más activa, y eso haría que se produjera un trasvase de públicos. No solo de alumnos a la sala Mozart, sino del público de los grandes conciertos de primavera u otoño que no viene a los grandes conciertos que se hacen en el Auditorio Eduardo del Pueyo del CSMA, y que muchas veces son extraordinarios.

El Conservatorio Superior de Música de Aragón es un referente en toda España

Quería que hablásemos de su repertorio tan versátil… Empezaron con algo más clásico. Bach, Mozart, han tocado la Segunda Escuela de Viena. ¿Cómo se configuran sus repertorios?

JOSEP. Un cuarteto y cualquier músico tiene que ser polivalente. Todos los períodos de la música nos encantan por una razón o por otra y todos los tenemos en nuestro repertorio. A nosotros nos encanta la música actual...

CIBRÁN. Auténticamente contemporánea. De ahora mismo. No de vanguardia.

JOSEP. Creemos que hay que luchar por ella, la música actual, y lamentablemente no siempre se le da la importancia que tiene. Hay que hacerla igual de bien que si fuera Bach, Mozart o Stravinski. Es muy importante que el oyente se dé cuenta de que la música empieza por la convicción que tiene el intérprete respecto a ella. Y por la profesionalidad y la sensibilidad extremas.

HELENA. Cogemos una obra de ahora mismo como si fuera de hace 200 años. Investigamos qué quería decir el compositor, qué emociones nos transmite… Por eso es tan interesante cuando podemos hablar con el compositor. Es una ayuda muy apreciable. Nos puede guiar, sugerir. Nos acaba de suceder con ‘Joyce’ de Peter Eötvös, que estrenamos el pasado sábado en el Auditorio de Madrid. Es dificilísima, nos llevó mucho tiempo y ha sido fantástico tocar con el clarinetista Jörg Widmann.

CIBRÁN. La música es algo muy particular. La partitura es un material callado, aunque sea recién escrita. La actitud que uno adopte es clave. El intérprete es el que hace que la música se realice como tal. Que pase de la imaginación sonora del compositor a los oídos de quien la escucha. Muchas veces. Intentamos trasladarle a nuestros alumnos el compromiso del intérprete. La comunicación. La interpretación no es reproducción.

El Conservatorio Superior de Música de Aragón es un referente en toda España

¿Por qué una formación acaba siendo tan buena como el Cuarteto Quiroga?

AITOR. La clave es trabajo y humor. Ya está. La cantidad de horas que hemos invertido y seguimos invirtiendo es la clave de todo. Podemos trabajar de siete a nueve horas 28 días al mes. No hay talento si el talento no se desarrolla trabajando.

¿Qué diferencia hay entre su directo y la grabación que hace en los discos?

JOSEP. Somos un cuarteto muy comunicativo y visual. Pura emoción. Y eso obviamente se pierde en directo. Cada concierto es diferente.

HELENA. La música está viva cuando se toca en el momento. Grabar es un poco matar la música, pero todos lo hacemos porque es como un cuaderno de bitácora. Y sitúa un poco en el tiempo lo que hicimos entonces.

CIBRÁN. Grabar es darle una patada al señor Heráclito. La música nunca suena igual en directo, siempre hay circunstancias, emociones, latidos. La música de cámara es la música itinerante y democrática. Toda la música es popular.

¿Qué supone tocar con la gran pianista argentina Martha Argerich, con la que están llevando a cabo una gira?

AITOR. Es como cumplir un sueño. Es una leyenda viva de la música; hemos tocado con ella en Canarias y tenemos en abril tres conciertos más en Italia. 

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