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Cultura

El color ilumina la obra gráfica de José Manuel Broto en la Calcografía Nacional

El artista zaragozano expone en Madrid una retrospectiva antológica de sus gradados, litografías y serigrafías para conmemorar el Premio Nacional de Arte Gráfico 2017 por el que recibirá dos grabados originales de Goya.

Iñaki Etxarri Actualizada 16/01/2019 a las 15:03
Exposición de la obra gráfica de José Manuel Broto en la Calcografía Nacional.


El color inunda, estructura, ilumina y armoniza la antología de la obra gráfica de José Manuel Broto (Zaragoza, 1949) que se ha inaugurado este miércoles en la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Un color, “estructural”, que no es accesorio ni un mero artificio, y que contrasta con el “blanco y negro” de los primeros grabados de la obra del artista aragonés que recibió en 2017 el Premio Nacional de Arte Gráfico, galardón que conmemora esta “monumental exposición”, tal y como la definió el director de la Calcografía Nacional, Javier Bordes, y que se podrá ver a escasos metros de la emblemática Puerta del Sol madrileña hasta el próximo mes de marzo.

Broto se convierte así por unos meses, con las 53 obras expuestas, en ‘vecino’ de Goya, ya que la Calcografía Nacional alberga la mayor colección de grabados originales del genio de Fuendetodos. “Me abruma estar aquí al lado de Goya, es muy fuerte”, confesó José Manuel Broto, cuyos grabados, litografías y serigrafías, plenas de color y luz, contrastan con el ‘tenebrismo’ de Goya. Un Goya, dos de cuyos grabados originales, tendrá que elegir el propio Broto, “un auténtico honor”, y serán el premio que recibirá por el premio nacional otorgado en 2017.

En su día, el jurado del Premio Nacional de Arte Gráfico destacó “la capacidad de Broto para trasladar a la obra gráfica su propuesta pictórica, asociada en un primer momento al constructivismo y luego a la neoabstracción”. Este premio es un reconocimiento a la obra en grabado, serigrafía, litografía e impresión digital, sí Broto también trabaja con ordenador “desde 2010”, confesó, realizada por el artista zaragozano, quien siempre ha concedido un notable protagonismo al arte gráfico.

El elemento fundamental en la exposición antológica de la obra gráfica de Broto es el color, que inunda de luz unas obras llenas de equilibrio y armonía, lejos de estridencias y disonancias. La muestra ha sido planteada por el artista no sólo como una retrospectiva –con series tan importantes como Los vientos, realizada en el taller Línea de Lanzarote, o Carlo Gesualdo, inspirada en el compositor italiano del siglo XVI-, sino también como un pequeño homenaje a los estampadores y grabadores que han trabajado con él. Así lo reconoce Broto: “Pocos artistas son capaces de realizar su propia obra gráfica. Para llevar a buen término el trabajo, además de dominar la técnica del grabado, la litografía o la serigrafía, hay que ser paciente, minucioso, riguroso y estar dispuesto a trabajar en equipo, cualidades que pocos de nosotros poseemos. Es justo, por tanto, reconocer que estas obras son también y casi más que mías de Michael Woolworth, de Perico Simón, de Pepe Bofarull, de Jorge y Dora Marsá, de Erika, de Julio León… que son quienes las han materializado. Mi agradecimiento a todos ellos y también a los editores, quienes se hacen cargo de la edición muchas veces por puro amor al arte. Los estampadores y grabadores son casi coautores de la obra junto con el artista”.

El comisario de la exposición, Alejandro Ratia, explica en el catálogo de la misma que “esta exposición recorre los años fundamentales de la producción gráfica de José Manuel Broto, desde 1984 hasta la actualidad. El Premio Nacional de Arte Gráfico 2017, otorgado por la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, es la excusa para un recorrido sereno de la mano de los símbolos, de las dualidades y del color”.

Para Ratia, hacia 1984, unos iconos reconocibles, aunque esquemáticos, aparecen en la obra de José Manuel Broto. De algún modo, frente a la gestualidad libre, estos signos imponen su ascetismo sobre el placer puro de pintar, que había dominado unos años previos que los críticos suelen asociar al Impresionismo Abstracto, heredado de los americanos, de Sam Francis o Helen Frankenthaler, pero que también fue fruto de un entusiasmo generacional. En ese momento, el impulso expresivo se encauza simbólicamente en representaciones acuáticas, como fuentes o remolinos; y el control compositivo lo tutelan esquemas simples y enigmáticos. Así, hay una significativa estampa donde aparece una mastaba, una arquitectura arcaica, anterior al propio clasicismo. Miró y los calígrafos orientales pueden servir de modelo, pero también la emblemática europea. Esto es algo que llega a su extremo al año siguiente, 1985. Juan Manuel Bonet anota que el artista “ya no rehuía, antes al contrario, el guiño figurativo”, sabiendo “convertirlo en punto de partida para una pintura soberana y al mismo tiempo despojada”. Estas transformaciones estilísticas coinciden con su nuevo interés por la obra gráfica. No es casualidad.

El comisario de la retrospectica de Broto asegura que “entre los artistas de su generación, José Manuel Broto cuenta entre los frecuentadores más activos y constantes de los talleres de grabado o de litografía. Y es necesario señalar que sus estampaciones, estando vinculadas a sus pinturas, no son meras tributarias de éstas. Poseen una cuidada y meditada especificidad, cosa rara entre sus contemporáneos. Entre los pocos que pueden ponerse a su nivel están Miguel Ángel Campano, José María Sicilia y Víctor Mira. Como sucede en estos otros pintores, pero en cada cual a su modo, los recursos técnicos se asocian y adaptan a necesidades internas. En el caso de Broto, la aludida irrupción de los emblemas se asocia, directamente, con el grabado, que había servido desde antaño para exteriorizar símbolos y enigmas –en los frontispicios de los viejos libros, por ejemplo-.”

“El grabado y la obra gráfica no tienen solo una actividad autónoma”, explica José Manuel Broto, sino que “luego tiene repercusión en el trabajo como pintor y al revés, la pintura también tiene su repercusión en el grabado o la litografía”. Broto decía este miércoles al inaugurarse esta magna exposición que “hemos intentado una selección” -53 obras-, “que fuera un poco relevante del proceso. No he hecho nada nuevo para esta exposición. Ya estaba todo hecho. Lo único que había que hacer era elegirlos”, sentencia. Una elección en la que se ve su trayectoria desde “los primeros grabados en blanco y negro hasta los últimos, con impresión digital” porque “el trabajo con ordenador me gusta mucho y tiene un interés especial para mí” y en los que explota el color, “y el color siempre da un brillo especial, aunque a mí, como los he hecho yo, me gustan todos”, sentencia José Manuel Broto. Un Broto que no se olvidó de sus referentes en el grabado como “Goya, aunque quizás sea un poco forzado por su oscuridad pese a tenerlo aquí enfrente”, dijo, Picasso o Miró.

Por otro lado, durante la presentación de la exposición de José Manuel Broto, la Calcografía Nacional anunció que el pintor madrileño Luis Feito, que en marzo pasado inauguró una exposición de su obra en la cuna de Francisco de Goya, Fuendetodos, ha sido reconocido con el Premio Nacional de Arte Gráfico 2018.





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