El misterio de los goyas desaparecidos en Aula Dei

El hallazgo de un legajo sobre la desamortización de 1835 revela que la cartuja tuvo varios bocetos del pintor de Fuendetodos, hoy en paradero desconocido.

Las pinturas de Goya decoran las paredes de la iglesia de la Cartuja de Aula Dei, en Zaragoza
José Miguel Marco

Un legajo traspapelado en el archivo de la Academia de San Luis acaba de arrojar un vendaval de información y datos a los historiadores del arte aragoneses. El legajo es un conjunto de 116 documentos cosidos entre sí, integrado por cartas e informes elaborados por la Comisión Artística de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, que se ocupó de supervisar las desamortizaciones de 1835. "Estaba perfectamente conservado en el archivo de la academia pero fuera de sitio -señala el historiador del arte Wifredo Rincón, que ha estudiado el conjunto documental-. Sabíamos que había existido la comisión, pero no que se habían conservado sus informes. También desconocemos desde cuándo estaba traspapelado el legajo. En cualquier caso, es una sorpresa fantástica porque va a ampliar enormemente nuestros conocimientos sobre los conventos antiguos de Zaragoza".

Como muestra, un botón. En uno de los documentos se hace referencia a la desaparición de varios bocetos de Goya en Aula Dei. Unos bocetos que, de seguir allí, hoy tendrían un valor incalculable. Y seguramente, en 1903, cuando se vio la necesidad de restaurar el conjunto pictórico de la cartuja, tras haberse arruinado cuatro de las once pinturas originales de Goya, hubiera guiado certeramente la mano de Paul y Amedée Buffet en su restauración/recreación.

Un caso paradigmático

¿Dónde están esos bocetos? Se los ha tragado la tierra. Literalmente.

El monasterio fue suprimido el 11 de octubre de 1835. Meses antes, las autoridades, en compañía del prior, Matías Colas, realizaron el inventario de los bienes que se guardaban en su interior. Para cada convento desamortizado se nombraba un administrador, que se ocupaba del día a día, y en el caso de Aula Dei el nombramiento recayó en Joaquín Oliete. La Comisión Artística de la Academia de San Luis velaba por el buen desarrollo del proceso, y el mismo documento que habla de los goyas apunta en una dirección: "... pero el señor Oliete, cuya delicadeza y honradez tanto pondera en sus oficios, ha andado bien lejos de acreditarla en esta ocasión, eludiendo artificiosamente, por no comprometerla, de dar la cara a la Comisión desde el día en que esta determinó pasar por la Cartuja para inventariar los cuadros; pues antes de este tiempo habían ocultado ya los bocetos originales de Goya que estaban en la sala capitular, los otros bocetos originales de Corrado colocados en la sacristía juntamente con una hermosa pintura en tabla que representaba un personaje echado y dos cuadritos de estilo antiguo que estaban en una capilla".

"El caso de la cartuja de Aula Dei es paradigmático de lo que ocurrió con la desamortización en Zaragoza -subraya Wifredo Rincón-. Parece que el administrador se preocupaba bien poco por el monasterio, o al menos no daba la cara para explicar dónde estaban los cuadros desaparecidos. Y esos bocetos que estaban en la sala capitular no llegaron a aparecer. He identificado algunas pinturas que podrían ser esos bocetos de Goya, pero el caso es que en aquel año se les perdió la pista". Tampoco se sabe si eran de las once escenas o solo de algunas, y el documento aún apunta otro dato novedoso, al hablar de "otros bocetos originales de Corrado colocados en la sacristía" y que también se echaban en falta. Ese Corrado que se menciona es, con seguridad, Corrado Giaquinto, artista que estuvo en Zaragoza en 1753, cuando su discípulo Antonio González Velázquez estaba pintando la cúpula de la Santa Capilla del Pilar. No se conoce la relación del pintor italiano con Aula Dei, por lo que la presencia allí de varios bocetos suyos abre unos nuevos interrogantes.

Futuras sorpresas que llegarán

Wifredo Rincón es archivero de la Academia de San Luis desde 1998 y periódicamente revisa sus fondos, que considera "excepcionalmente ricos". "Hay documentación de las tres provincias aragonesas y todavía nos puede dar muchas sorpresas". Al encontrar el legajo, lo primero que pensó es publicar los documentos para que los historiadores del arte accedan a la información que contienen. El libro impreso, que tiene edición electrónica gratuita -‘La desamortización eclesiástica en Zaragoza a través de la documentación conservada en el archivo de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis (1835-1845)’-, ha sido iniciativa de la Institución Fernando el Católico. A lo largo de sus casi 500 páginas afloran infinidad de datos novedosos.

"Aparece jugosa información que no teníamos hasta ahora. Son 116 documentos referentes a 36 conventos de la ciudad, y aunque hacen referencia a un periodo corto, de apenas diez años, como hay referencias a muchas obras de arte, tienen un gran valor para los historiadores. Nos ofrecen información precisa y preciosa", añade Rincón.

Este especialista subraya que en el libro no ha querido hacer una historia de la desamortización en Zaragoza, sino simplemente transcribir los documentos encontrados, darlos a conocer y contextualizarlos, para que sirvan de punto de partida, o de apoyo, para futuros estudios.

De una lectura rápida de su trabajo, con multitud de obras que se trasladan de un sitio a otro y algunas que no aparecen, parece deducirse que en la desamortización la capital aragonesa perdió mucho.

"Zaragoza ha perdido mucho patrimonio, eso está claro -asegura-. Pero no solo en ese momento; no solo en la desamortización de 1835. Hay que tener en cuenta las pérdidas tremendas que hubo años antes durante los sitios de 1808 y 1809, o que pocos meses antes de la desamortización, en los motines anticlericales de ese verano, ardieron diez conventos en la ciudad".

El libro incluye un capítulo dedicado al nacimiento del Museo de Zaragoza, que se gestó, como todos los provinciales, al calor de la desamortización, en un intento de sujetar un patrimonio que se desperdigaba. Para ese fin, primero se pensó en la monumental iglesia de San Francisco, luego en la Mantería, el colegio de las Vírgenes y, finalmente, el convento de Santa Fe. El Museo de Zaragoza, con los fondos recogidos por la Comisión Artística de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis, fue abierto en 1848.

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