La maldición de los Queensberry, la familia que hundió la reputación de Oscar Wilde

La muerte de la heredera Lady Beth Douglas, con 18 años, por sobredosis en Londres, es la enésima tragedia de una dinastía conocida por su barbarie. En sus redes cayó también Oscar Wilde, cuya reputación hundieron

La maldición de los Queensberry
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Dijo de ellos Oscar Wilde que eran una familia de sangre maldita. Que los Queensberry tejían con sus propias manos su mala fortuna. Y lo dijo después de que marqués de Queensberry le acusara de sodomía y lo enviara a prisión, tras descubrir la relación amorosa entre el escritor y su hijo, Alfred Douglas. Aquel era el decimosegún marqués de Queensberry. Y hace unos días se supo que la hija del actual marqués, encontrada muerta el pasado marzo, había muerto por sobredosis de heroína.

Lady Beth Douglas tenía 18 años y su cadáver fue encontrado en el barrio londinense de Notting Hill. Lady Beth Douglas, virtuosa del violín, se unía así a su hermano Lord Milo Douglas, que decidió quitarse la vida en 2009.

La lista de las muertes violentas de la familia Queenberry es larga. Las palabras de Wilde se han convertido en una premoción o bien describían lo que ya era un hecho: que el linaje arrastra una maldición novelera. Los infortunios de los Douglas se remontan al siglo XII, cuando sir Douglas moría como prisionero en la torre de Londres, tras formar parte de una revuelta escocesa contra los ingleses. A su hijo le fue ligeramente mejor: murió como un héroe cuando llevaba el corazón del rey de los escoceses, Robert I, a Tierra Santa en 1330. Tras lograr el título de conde, el segundo en ostentar el título murió en otra batalla entre escoceses e ingleses en 1388. El cuarto conde, fue asesinado en 1424.

Barbarie y canibalismo

Pero, guerras aparte, es la sombra de la locura la que más ha torturado a los Douglas. Como explicaba en el año 2000 Lord Gawain Douglas, «la barbarie corre espesa por la sangre de la familia». A principios del siglo XVIII, James, conde de Drumlang, que se convertiría después en el tercer marqués de Queensberry, era apodado ‘el idiota caníbal’ y a tierna edad fue encerrado por su comportamiento lunático. En 1707, a la edad de 10 años, se escapó de su celda en el palacio de Holyrrod, accedió a las cocinas, donde mató a un joven pinche, para asarlo después en un fogón. «Creo que hay una predisposición hacia la carne humana en nuestra familia», diría tres siglos después Lord Gawain.

Las muertes siguieron en las sucesivas décadas: en 1858, el octavo marqués de Queensberry se disparó a sí mismo, en principio sin intención, mientras participaba en una cacería. Su hijo, Lord Francis, murió cuando escalaba los Alpes en 1865. La siguiente muerte tuvo lugar en 1891, cuando Lord James Edward Sholto Douglas se rebanó el cuello en una habitación de hotel.

La última tragedia es la protagonizada por Lady Beth Dougblas, ‘Ling Ling’, como la conocían amigos y familiares. Hija del duodécimo marqués de Queensberry, David Douglas, de 88 años, y su tercera mujer, la taiwanesa Hsueh-Chun Liao. Arrastraba conflictos desde hacía ya años: a los 13 años empezó a autolesionarse y a los 17 años estuvo interna en un centro psiquiátrico. Su novio ha revelado que ejercía la prostitución para pagarse las drogas y que momentos antes de la muerte habían discutido. «Era una chica maravillosa, pero no pudo escapar de la maldición de la dinastía Queensberry», aseguró el novio al ‘Daily Mail’. «Nunca pudo recuperarse del suicidio de su hermano».

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