¿Están bien organizadas nuestras vacaciones?

¿Están bien organizadas nuestras vacaciones?
MANUEL LORENZO/EFE

Año tras año, agosto es el mes de mayor ocupación hotelera, el favorito para apagar el ordenador de la oficina, bajar la persiana de la tienda o colgar la vestimenta del trabajo. Se nota hasta en las calles de las grandes ciudades de interior, con menos circulación y menos pasajeros en el transporte público. Es el tiempo ‘oficial’ de las vacaciones, pero acumular todos los días de descanso en una sola estación del año semanas quizás no sea lo más saludable.

Para Mamen Sanz, psicóloga responsable del área de formación del centro de psicología zaragozano Victoria Martínez, este modelo de vacaciones concentradas en verano puede provocar varios problemas. En primer lugar, porque los días anteriores a hacer las maletas se hacen "demasiado largos" y el trabajador piensa más en lo poco que le queda para viajar a la playa que en la tarea que tiene por delante.

Además, si se juntan las vacaciones en cuatro semanas seguidas, la vuelta a la cotidianiedad puede ser "horrorosa", especialmente si no se realiza de manera progresiva, es decir, procurando volver a trabajar a mitad de semana, tras unos días en los que se ha recuperado un horario más cercano al habitual. La peor forma de reincorporarse en su opinión: un lunes tras regresar de las vacaciones la noche anterior.

Con esta realidad presente, ya hay muchas empresas que intentan espaciar las vacaciones de sus empleados. Es un asunto de salud ya que, sin un descanso adecuado, pueden aumentar los niveles de estrés y ansiedad, llegando a derivar en problemas físicos.

La principal dificultad para separar las semanas de descanso es cultural: casi todo el mundo quiere disfrutarlas en verano. "Identificamos vacaciones con playa, cuando en muchos casos podemos estar en casa o dedicarnos a otras cosas", afirma Sanz.

En cualquier caso, si no es posible separar espaciar los periodos vacacionales, lo importante es aprovechar adecuadamente aquellos de los que se dispone. Cómo hacerlo es algo personal, ya que "puede ser igual de beneficioso un viaje a Tailandia que descansar sin salir de casa. Lo ideal es hacer lo que le guste a cada uno", explica Sanz.

La falta de una buena política de conciliación también puede provocar que no se descanse y que, en consecuencia, aumente el estrés, un campo en el que las más perjudicadas suelen ser las mujeres. Según el Instituto de la Mujer, un 24% de las trabajadoras redujeron sus horas laborables para dedicarse al cuidado de su familia frente al 2,1% de los hombres que lo hicieron.

El descanso vacacional, afirma Sanz, es tan importante que su carencia puede ser equiparable a, por ejemplo, no dormir por las noches.

Las vacaciones escolares

Si hay un periodo vacacional largo, es el de los niños. En Aragón, por ejemplo, para los alumnos matriculados en el segundo ciclo de Educación Infantil o en Primaria su curso terminó el pasado 20 de junio y empezará el 10 de septiembre. Casi tres meses completos sin actividad, que no coinciden en duración con las vacaciones de los adultos. El difícil encaje entre unos y otros horarios en verano es aún más problemático por la ausencia citada en una política de conciliación decidida. Mamen Sanz alerta de que, para los pequeños, el periodo de adaptación previo debe ser más largo, acercando los horarios a los que llevará en el colegio y haciéndole a la idea de que va a volver a la rutina y a las clases.

Las cosas son distintas en otros países europeos. Uno de los ejemplos más citados es Reino Unido, donde cada seis o siete semanas de trabajo hay un periodo vacacional, además de uno más largo en verano: un mes y medio. Este es un buen sistema para Mamen Sanz, según la cual permite disfrutar mejor de las vacaciones y conseguir un descanso real.

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