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Al final, verano

Descubrir el Canal Imperial

La guía ‘Corredor de historia’ propone conocer el valor natural e histórico de la que fuese una de las infraestructuras más importantes de la Europa del XVIII.

14/08/2018 a las 05:00
Un paseo en bici por la orilla del Canal, tras pasar por Torrero.JAVIER BONA


El Canal Imperial fue el sueño de Ramón Pignatelli , que ideó lo que parecía un imposible: la creación de una vía fluvial que uniera el Cantábrico con el Mediterráneo. El proyecto, grandioso, no llegaría a realizarse, pero la obra alcanzó los 125 kilómetros y proporciona riego a más de 27.000 hectáreas. Una infraestructura que se convirtió en el siglo XVIII en una de las más importantes de Europa y muchos fueron los escépticos que dudaban que un plan de tal envergadura pudiera materializarse. A éstos dedicó Ramón Pignatelli la Fuente de los Incrédulos, en el barrio de Casablanca, de donde manaron en 1786 las primeras aguas traídas por el Canal.

La guía ‘Corredor de historia’, del Ayuntamiento de Zaragoza, en colaboración con la asociación naturalista Ansar y el proyecto Voluntarríos, divide en siete los recorridos para explicar el valor histórico del recorrido, pero también su importancia ecológica.

El primer tramo propone conocer los alrededores de Garrapinillos: a menos de un kilómetro del parque de Clavería está la balsa de Larralde, donde se puede observar al ánade real o la garza imperial. En el segundo tramo, se puede pasear por el entorno de Plaza y Valdefierro, donde hay aves como el pájaro mostacho, el pito real o los zampullines.

En el tercer tramo se pueden conocer las esclusas de Casablanca, donde se puede descansar junto a los lagos, tomar un refresco en alguno de los chiringuitos, pasear en bici por las arboledas y divisar aves como la gaviota reidora, de pito y patas rojas. Y más adelante, en el cuarto tramo, se puede ver el primer lugar donde se produjo energía eléctrica en Aragón, así como la famosa Fuente de los incrédulos.

El quinto tramo llega hasta Torrero, con el precioso paseo de Colón y sus antiquísimos plátanos de sombra, algunos de los cuales cumplen más de cien años. Caminando hacia La Paz, en el tramo sexto, se pasa por la playa de Torrero, esa donde pasaban los domingos los zaragozanos de principios del siglo XIX y se accede al cinturón verde, donde se distinguen plantas esteparias, olorosas retamas, interesantes pepinillos del diablo, salicarias, bolinas, esparcetas... Hasta llegar a las esclusas de Valdegurriana, el tramo final. Se trata de una infraestructura del siglo XVIII que se utilizaba para regular las aguas del Canal y lograr su navegación. Hoy en día es refrescante su cascada y se pueden organizar buenos picnics en el parque del entorno.





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