En el Día del Niño

Con motivo del Día Internacional del Niño, conviene reflexionar sobre la situación de la infancia en nuestro país. La universalización de la educación entre los 0 y los 3 años sería un gran paso hacia una igualdad de oportunidades más efectiva.

El 20 de noviembre se celebra el Día Internacional del Niño.
ISM

Como todos los años, el 20 de noviembre hemos celebrado el Día Internacional del Niño, fecha que aprovechamos para recordar la firma de la Convención de Derechos, en 1989, por la que nuestros hijos e hijas son sujetos de una serie de garantías que les hacen beneficiarios de especial protección.

En los últimos doce meses, muchas e importantes cosas han sucedido en el ámbito de la infancia. En febrero, el Comité de Derechos del Niño publicaba sus ‘Observaciones finales sobre los informes periódicos de España’, donde daba un repaso a la situación de la infancia en nuestro país. En ellas se hacía notar una especial preocupación por la escasez de recursos destinados a esta parte de la población; la discriminación de determinadas minorías; la privación del entorno familiar en el caso de hogares con graves problemas económicos; la escasez de ayudas económicas a las familias con hijos; así como la especial situación de los menores refugiados y no acompañados que llegan a España desde otros países.

El segundo hito se produjo en el mes de junio, apenas unos días después de la toma de posesión del nuevo presidente del Gobierno, tras anunciarse la creación del Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil, una medida de calado y sin antecedentes en la historia política española, que partía con la misión de «poner el acento de las políticas del Gobierno en la lucha contra la pobreza infantil».

La elección para este cargo de Pau Marí-Klose, profesor de la Universidad de Zaragoza, supone que las políticas de infancia se convierten en una prioridad de primer nivel para el nuevo Ejecutivo. Esto último no solo supone que se contemplen medidas puramente asistenciales, como la mejora del actual sistema de prestaciones a las familias con hijos, sino que la infancia sea considerada de forma preeminente en todas aquellas políticas que se emprendan, analizando en qué medida afectan a los niños y niñas de nuestro país.

Pero si analizamos todas las medidas y recomendaciones que se están debatiendo estos días, me quedo con la que afecta a la profundización del sistema de educación de 0 a 3 años en nuestro país.

Multitud de estudios han destacado que este periodo de la vida de los niños es el más importante para su desarrollo cognitivo, por lo que tanto los aportes como las carencias que se efectúan durante este tiempo resultan vitales para su crecimiento y su futuro como adultos. Los niños que crecen en entornos más favorables, con una mayor atención y dedicación por parte de los padres, se convierten en adultos con más posibilidades de acceder a mejor formación y, por supuesto, mejores oportunidades laborales, mientras que aquellos que lo hacen en hogares vulnerables tienden a perpetuar de mayores la situación de exclusión de la que proceden.

El acceso temprano a la escuela permite disminuir las diferencias entre los niños y contribuye a eliminar la inequidad del sistema. Pero no basta tan solo con crear infraestructuras educativas. Las escuelas infantiles que atiendan a los niños de entre 0 y 3 años tienen que contar con equipamientos adecuados, pero sobre todo con profesionales preparados para atender a los niños en este primer ciclo de su vida, tanto en lo referente a las técnicas de aprendizaje a desarrollar en las aulas, como en su capacidad para detectar situaciones y entornos de riesgo para los niños. Los docentes de estos espacios educativos deberían ser capaces de fomentar en los niños y niñas relaciones de afectividad entre ellos, así como un mejor y más rápido desarrollo social, lingüístico y cognitivo.

Corresponde a nuestros gobiernos, en este caso a los autonómicos, apostar por la educación temprana. Universalizar la gratuidad de la enseñanza de 0 a 3 años conlleva un gran esfuerzo inversor, pero, como demuestran los abundantes estudios que se han llevado a cabo, cada euro invertido en educación en esta etapa supone un retorno de hasta seis euros en ahorro para el Estado gracias a la mejora en la cualificación laboral en la vida adulta (mayores impuestos), así como por la disminución del gasto en los servicios de salud o la reducción de los niveles de delincuencia.

Como indica James Heckman, premio Nobel de Economía en el año 2000, «algunos niños ganan la lotería al nacer, en función de la familia en la que lo hacen, mientras que otros, la mayoría, tiene que luchar durante toda su vida por alcanzar a los primeros». Es responsabilidad de nuestra sociedad poner en marcha los mecanismos necesarios para combatir esta desigualdad desde las primeras fases de la vida.

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