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Opinión

La misma vara

La controversia sobre los másteres de los políticos, además de poner en cuestión la actuación de la universidad, es un problema en el que está en juego la honorabilidad de los afectados y ante el que no se puede tener una doble vara de medir.

Fernando Lussón 11/09/2018 a las 05:00
Controversia en torno a los másteres de algunos políticosPOL


Descender al detalle de los procedimientos por los que el presidente del PP, Pablo Casado y la ministra de Sanidad, Carmen Montón, obtuvieron un máster por el Instituto de Derecho Público (IDP), aunque en especialidades distintas, y si en ambos casos hubo irregularidades académicas y trato de favor a la hora de cursar las asignaturas, su presencia en clase, la remisión de los trabajos pertinentes, las convalidaciones y las notas obtenidas, son cuestiones que ninguno de los dos políticos han podido explicar a satisfacción en relación a cómo cursaron los másteres el resto de estudiantes, y sobre los que se cierne la sombra de la sospecha por la forma de actuar de un centro educativo que ya ha sido clausurado.

Según la exposición razonada elevada por el juzgado que instruye el sumario por el máster de Casado al Tribunal Supremo, a este le fue "regalado". Da la impresión de que la ministra de Sanidad también fue obsequiada con algunas deferencias, no se sabe aún si de igual o menor cuantía que la del líder del PP pero también con sombras de irregularidades sin que las explicaciones dadas sean del todo convincentes, apoyadas en los mismos argumentos exculpatorios: la desmemoria, las instrucciones del propio centro universitario, la existencia o no de comunicaciones relevantes a los efectos que se investigan.

La controversia sobre los másteres de los políticos, además de revelar una situación que pone en cuestión la actuación de la universidad, resulta ser un problema político de primera magnitud en el que lo que está en juego es la honorabilidad de los políticos afectados y ante el que no se puede tener una doble vara de medir. Quien haya mentido o se haya beneficiado injustamente de su posición política, hasta el punto de que pueda verse incurso en un proceso penal, porque no hayan podido acreditar que obtuvieron su titulación en las mismas condiciones que sus otros compañeros de promoción, debe dimitir para defenderse sin perjudicar al proyecto político en el que participa.

"No todos somos iguales", ha dicho la ministra de Sanidad tratando de marcar distancias respecto a los dos casos precedentes similares bajo investigación, y Pablo Casado no ha hecho sangre en las críticas hacia Carmen Montón, –aunque sí el resto de sus correligionarios–, quizá poniendo sus barbas a remojar si la ministra llegara a tomar el camino de salida en algún momento. En cualquier caso, siempre es más fácil sustituir a un ministro dimitido y terminar con la crisis política que supone cuanto antes que relevar al líder de un partido, y más en la situación que atraviesa el PP, con el liderazgo de Casado aún sin consolidar.

Vaya por delante la presunción de inocencia en los tres casos de másteres que han cobrado relevancia hasta ahora –Cifuentes, Casado, Montón– y alguno más que puede saltar todavía, y que existen ciertas diferencias entre los procesos de obtención de sus másteres entre la ministra Montón y Pablo Casado, pero también similitudes en las presuntas irregularidades. Todo se resuelve con explicaciones convincentes que, por el momento, están cojas.

 

 

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