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Opinión

La serenidad en la soga

Mientras los independentistas, empezando por el presidente de la Generalitat,#siguen adelante con su estrategia de la tensión, el Gobierno de Sánchez procura#no darse por enterado y continúa intentando el apaciguamiento.

Actualizada 23/08/2018 a las 17:39
Los lazos amarillos empiezan a convertirse en amenazadoras sogas.Viticor


No conviene empezar un artículo con una cita ni una cita con un artículo, pero el verano es propicio para los atajos y las perezas. José Hierro nos trajo la lírica de la serenidad posmoderna, o sea, de la serenidad cuando el hombre mató a la serenidad para siempre con sus tiempos industriales. Serenidad: «Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Serenidad que se nos vende por librarnos de la tortura, por llenarnos de sueño el alma y rodeárnosla de bruma». Esa serenidad de la confusión es la que el presidente Sánchez y su isla mínima quieren vender como ‘apaciguamiento’ en Cataluña. Y es precisamente esa política de apaciguamiento la que algunas baronías del PSOE están empezando a reprochar al presidente del Gobierno con respecto a su política en Cataluña.

El presidente Lambán tuvo ocasión de comprobar la semana pasada en Cambrils lo patético que resulta arrojar caramelitos de serenidad a los caníbales. El ovillo de lana virgen está bien para entretener a los gatitos traviesos. Con las panteras no sé yo. En un gesto que honra al presidente de Aragón y que dignifica su cargo, Lambán evitó en lo que pudo el saludo a Torra, no porque Torra le caiga mal, sino porque el ‘president’ de la Generalitat hizo de sí mismo y se comportó como el zafio que es. Hay quien le reprocha a nuestro presidente que la política es eso, la necesidad y la virtud de hablar con quien te escupe, y tal vez tengan razón; pero cuando se está en un acto de homenaje a una víctima del terrorismo no se está haciendo política, se está en un acto de respeto y dignidad institucional. Así que si aparece alguien haciendo la política del energúmeno, se le ignora y a otra cosa.

Hacen bien algunos socialistas en desconfiar de ese mirar hacia otro lado que es el Gobierno Sánchez. Hace justo un año el ahora expresidente del Gobierno Mariano Rajoy estaba -con su vicepresidenta a la cabeza- en pleno apaciguamiento institucional con Puigdemont. La cosa, ya se sabe, acabó como el ‘rosari de l’aurora’. En menos de siete días, Torra ha amenazado al Estado, con llamamientos expresos a atacarlo; ha pervertido los actos institucionales de recuerdo a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils; se ha puesto a perseguir a quienes limpian basura amarilla de los espacios públicos; se ha permitido el lujo de escribir una carta dirigida al Gobierno de la nación que quiere atacar y destruir para pedir explicaciones sobre la tensión, tensión que no existía hasta que él y los suyos hicieron de la tensión una táctica. El Gobierno, a su apaciguamiento. Los tiene tan apaciguados que ya han invertido los lazos. Desde ayer, en Barcelona los lazos amarillos se han dado la vuelta para ser sogas.

«Si vivimos, vivimos para pisar la cabeza de los reyes», reza el lema de los lazos que son sogas. Los reinados llevan la historia tras de sí, pero los presidentes del gobierno tienen que empujar la historia hacia delante. Eso es lo que no supo o no quiso saber Rajoy y es exactamente lo mismo que no está viendo Pedro Sánchez. Es la historia, esta historia, la que está empujando a Sánchez tanto como empujó a Rajoy. Lo que diferencia el dontancredismo de Rajoy en Cataluña del dontancredismo de Sánchez con Cataluña (además de la preposición) es que al menos Rajoy no trató de convencernos de que lo suyo fuese heroico. Con los ‘Mossos’ identificando a la gente que retira lazos amarillos, la secretaria de Estado quiere «llegar a acuerdos» sobre el uso del espacio público. ¡Qué papelón! Torra está en su papel de activismo palanganero, pero lo que debe preocupar es que el Ministerio del Interior se pliegue a sus desvaríos. El presidente Sánchez no quiere que la realidad le estropee las encuestas, pero en términos de su propia rentabilidad electoral la mejor fecha para que el PSOE convocara elecciones era ayer. Los violentos han invertido los lazos y ya son sogas. No hay nada tan sereno como el tenue y acompasado balanceo de una soga.





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