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Opinión

La pistola y el cuchillo

No se puede dar frívolamente por hecho que la agente de los ‘Mossos d’Esquadra’ que hizo uso de su pistola reglamentaria para repeler una agresión en una comisaría de Cornellá actuase de manera desproporcionada.

23/08/2018 a las 05:00
La comisaría de Cornellá donde el pasado lunes entró un hombre armado con un cuchillo.Enric Fontcuberta / Efe


Era de esperar que sucediera. Están en su derecho quienes pretendan acusar a la ‘mossa d’Esquadra’ de haberse precipitado y excedido en su legítima defensa disparando su arma contra un -habrá que decir presunto- agresor que la amenazaba con un cuchillo hace unos días en una comisaría de Cornellá. Será al final la Justicia quien determine si el comportamiento de la policía fue o no correcto. Ha habido en España muchos casos similares a este, protagonizados también algunos por miembros de los ‘Mossos’, y que han dado lugar a interesantes sentencias, muchas de ellas absolutorias. Está en juego el controvertido principio de la proporcionalidad en la legítima defensa, que ha dado lugar a numerosas discusiones, interpretaciones y debates doctrinales.

Lo que no se puede hacer es condenar -o absolver- a priori, sin conocimiento de los hechos, sin una formación jurídica mínima, sin el debido asesoramiento o la presencia de un profesional de la Justicia, a quien ha protagonizado uno de estos sucesos. Por eso no se entiende lo que está ocurriendo en algunos medios de comunicación, que al minuto siguiente de ocurrir estos hechos han tomado partido de manera furibunda, desconsiderada e ignorante y han prejuzgado a esa mujer, dando por hecho que en su caso hubo un uso de la fuerza desproporcionado para repeler la amenaza a que se vio sometida (ténganse en cuenta circunstancias como la hora en que se produjo, la invocación a Alá del presunto agresor -con la sensibilidad que todos tenemos y la Policía más con el yihadismo-, el que portara un cuchillo nada tranquilizador y la posibilidad de que la funcionaria estuviera sola en las dependencias de acceso a la comisaría). Ya me gustaría ver a algunos de esos tertulianos o tertulianas que todo lo saben en la situación en que se vio esta agente. Es posible que alguna de ellas, mientras se le acercaba peligrosamente el presunto agresor, rebuscara en su bolso una navajita de Albacete para exhibirla ante el fulano y tratar de intimidarle y disuadirle, aplicando así ese principio de la proporcionalidad sobre el que algunos pontifican con una osadía inaudita.

Hay que ser mucho más respetuoso, señoras y señores, con estas situaciones y ponerse en la piel de los policías. Que no dejan de ser humanos, como los demás, por más que lleven una pistola que precisamente les ha sido facilitada para hacer uso de ella en caso de necesidad. Hay que tomar decisiones, a veces en segundos, valorando a la vez el nivel y la inminencia del riesgo, los medios disponibles para repelar la agresión y las posibles alternativas. Y por muy preparado y entrenado que se esté, no siempre está uno obligado a acertar.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado necesitan el apoyo y la comprensión de la sociedad a la que protegen y por la que se arriesgan siempre en primera línea. Ello implica también respetar sus actuaciones, no frivolizar y esperar a que la Justicia resuelva en aquellos casos en los que pudiera haber dudas sobre cómo han sido las cosas y se hayan interpuesto los oportunos procedimientos.





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