Rajoy dice adiós y organiza una transición rápida en el PP

El presidente cederá el liderazgo del partido en un congreso extraordinario en julio y promete estar "a la orden" de su sucesor.

Mariano Rajoy, durante el Comité Nacional del partido.
Mariano Rajoy, durante el Comité Nacional del partido de este miércoles.
AFP

"Pienso que ha llegado el momento de poner el punto y final". No hubo expectativas frustradas ni necesidad de interpretar las palabras de Mariano Rajoy. Explícito como pocas veces, el presidente anunció su adiós ante la plana mayor de su partido y todos entendieron, tanto en la vertiente política como en la emocional, que asistían al término de una era. La lógica del PP y la lógica de quien ha ejercido de líder de los conservadores durante 14 años confluyeron así, algo inusual en los últimos tiempos, en el Comité Ejecutivo del fin de ciclo. "Es lo mejor para el PP y para mí -zanjó-. Y creo que también para España".

En poco más de un mes, un nuevo PP, o al menos esa es la idea, se abrirá camino. La derrota de Rajoy en la moción censura impulsada por Pedro Sánchez ha concedido finalmente a los populares una "oportunidad" que ellos mismos reconocen que ni quieren ni pueden permitirse desaprovechar. "Es la renovación o el hundimiento", resumen fuentes conservadoras, que creen que ha llegado el momento de sacudirse el marcaje de Ciudadanos cuando resta un año para las elecciones autonómicas y municipales. "Hoy Albert Rivera no puede estar muy contento", añaden. Y, con esa idea en mente, el partido se dispone a renacer.

El próximo lunes, apenas seis días después de la despedida de Rajoy, una Junta Directiva Nacional fijará la fecha del congreso extraordinario en el que será designado el sucesor del presidente y aprobará el comité encargado de organizar el cónclave. Fuentes de la formación prevén que la cita tenga lugar en julio. "Cuanto menos dure la interinidad, mejor", coinciden las voces consultadas. Y según los estatutos, tratándose de una situación "de excepcional urgencia", basta con que el encuentro sea convocado con 30 días de antelación.

"Nueva etapa, nueva dirección", defendió este martes el líder de los populares. Su compromiso es seguir al frente del PP hasta entregar el relevo. Pero se cuidó de emplear el término "tutelaje" y garantizó que ejercerá su papel de presidente en funciones con "prudencia". La primera consecuencia es que no va a introducir cambios ni el grupo parlamentario en el Congreso ni en la cúpula de la formación. Aunque fuentes del partido habían dado por sentado que lo acuciante es preparar la bancada para ejercer la oposición en la Cámara baja, Rajoy deja esa tarea al futuro presidente. "Si quiere", añadió incluso.

Hay un ánimo en él, o al menos así lo interpretan en el partido, de no interferir. Por un lado, parece querer pasar a un plano discreto y, al contrario que José María Aznar, no dar quebraderos de cabeza al próximo presidente del PP: "Seguiré con vosotros en la senda que el partido transite, a la orden de quien elijáis. Y a la orden es a la orden". Pero, además, fuentes del partido añaden que en estos tiempos "un dedazo ya no se entendería".

Tampoco parece que eso sea necesario. Aunque este martes se sucedieron las llamadas a la unidad ante el temor a una batalla interna, y sin descartar que haya alguien más que quiere pugnar por el liderazgo, quedó claro que el PP ve en el presidente de Galicia al sucesor. "Pregunta a un militante avezado y te dirá Feijóo. Pregunta a uno menos avezado y te dirá Feijóo. Pregunta a otro que no esté al tanto del partido y te dirá que el gallego", cerró toda discusión un cargo popular. Y el afectado puede que fuera hoy el más conmovido de todos.

Las lágrimas del PP

No hubo barón que rehusara intervenir. En el más atípico de los comités, una treintena de dirigentes del PP quiso romper el hábito y tomar la palabra, porque aunque veían la retirada "razonable" e "inevitable", no la esperaban. Solo el núcleo duro del presidente conocía sus planes. Y las lágrimas de Feijóo, la emoción del coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, junto a la congoja del dirigente andaluz, Juanma Moreno, marcaron el tono del encuentro. Rajoy ya había tenido dificultades para cerrar su discurso con entereza. "Soy consciente de la enorme lealtad que he tenido de todos vosotros hasta el último día", reconoció con la voz entrecortada y los asistentes aplaudieron en pie.

Catorce años dan para mucho y su liderazgo ha pasado por momentos de serio cuestionamiento. Desde que en 2015 el PP se vio abocado a perder su mayoría absoluta, en el partido han proliferado voces de alarma sobre la necesidad vital de empezar de cero con otro líder, otra dirección y otro proyecto. Fue ese año cuando el presidente de Castilla y León aconsejó a Rajoy mirarse en el espejo antes de decidir si quería presentarse de nuevo a las elecciones. Este martes, Juan Vicente Herrera intervino como decano de los barones. "Perdón por no haber sido capaces de ayudarte en algunas ocasiones", trasladó según fuentes asistentes.

Ya lo había pronosticado el pasado viernes un dirigente territorial del PP. "Este es el país -dijo- que mejor entierra a sus muertos". Y así fue, al menos, en la calle Génova. En la relativa intimidad de la puerta cerrada. "Es el hombre más honrado", cuentan que se deshizo en halagos Soraya Sáenz de Santamaría. "Un tipo normal", le describió el presidente de Extremadura, José Antonio Monago. "Hay vascos leales y traidores, en nombre de los leales, te doy las gracias", se refirió Alfonso Alonso al PNV, que con sus votos permitió que cayera el Gobierno de Rajoy. "Para mí hay dos presidentes: Adolfo Suárez y Mariano Rajoy. Se va invicto", cerró Feijóo.

Lo pretendieran o no, todos parecieron enterrar el recuerdo de Aznar como presidente de referencia para el partido. También Rajoy generó esa sensación cuando advirtió de que, en materia de corrupción, él ha asumido sus "errores" y los que no eran suyos. A partir de ahí, se dedicó a reivindicar su legado -sobre todo, el económico- e incluso su manera pausada de actuar: "Homero describió a Ulises atado a un mástil de su barco para no sucumbir a los cantos de las sirenas". Una última aportación para la leyenda del político impasible.

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