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Economía

¿Por qué el consumidor paga el kilo de cereza a 6,32 euros si el agricultor lo cobra a 0,81 euros?

El clima, la previsión de cosecha, la calidad de la fruta y toda una cadena de eslabones en la que no todos ganan son los motivos que aparentemente explican cómo los precios de las frutas y verduras se llegaron a quintuplicar el pasado mes de junio.

Actualizada 04/07/2018 a las 12:29


Cerezas, melocotones y nectarinas o ciruelas. Los lineales de las grandes superficies o las estanterías del pequeño comercio están a rebosar de la sabrosa fruta de verano de la que la Comunidad aragonesa es el principal productor. Sabrosa y casi prohibitiva para los bolsilllo de los consumidores. Porque durante el pasado mes de junio, según los datos del índice elaborado por UAGA-COAG que compara los precios en origen y destino de los alimentos (IPOD), había que desembolsar 6,32 euros por cada kilo de cereza que se echaba a la cesta de la compra, o 6,47 euros por kilo de albaricoque y hasta 7,65 euros por la misma cantidad de ciruela. No es, sin embargo, ni de lejos lo que el agricultor ha cobrado por esa producción. El índice destaca que en campo el albaricoque, la cereza y la ciruela se cotizó en junio a 0,45, a 0,81 y a 0,40 euros el kilo, lo que significa que en su trayecto hasta el plato del consumo (en algunos casos no precisamente muy largo en lo que ha distancia se refiere) estos alimentos se han encarecido hasta un 665%.

“Se utiliza cualquier excusa para bajar los precios en origen”, señala Francisco Ponce, fruticultor de la comarca de Calatayud y miembro de la Comisión Ejecutiva de UAGA. Que si el pasado mes de junio no ha hecho calor y unas bajas temperaturas y las constantes lluvias no han animado al consumo de fruta. Que si el pedrisco y las tormentas ha provocado que las primeras producciones al llegar al mercado no tuvieran suficiente calidad. Son los ‘motivos’ que aducen los compradores a los productores aragoneses, explica Ponce que detalla que la fruta pasa por distintas manos desde su salida de la explotación frutícola hasta el hogar del consumidor que podrían explicar su encarecimiento, pero “no tan elevado”.

Y es que el agricultor vende su producción a un frutero (como llaman al primer intermediario que coloca su primer margen) que “normalmente ya sabe en que mercado la va a colocar, nacional o internacional”. Para llegar a él se utiliza evidentemente transporte (un nuevo margen). Cuando llega a ese primer destino se vende a un asentador (un nuevo intermediario y un nuevo encarecimiento), que bien lo venderá a su vez a los mayoristas (y nueva subida) de los mercas para su venta al pequeño comercio (que pondrá el precio que considere oportuno) o negociará su venta con los intermediarios de las cadenas de distribución (donde también se produce una nueva subida). Aunque no sucede en todos los casos, en algunas producción y para determinados destinos otro eslabón en la primera parte de la cadena, aquel en el que la fruta hace una parada en el almacén en el que se coloca en cajas y alveolos. No es, sin embargo, una práctica habitual en la cereza, ya que “el 90% sale preparada del campo”, señala Ponce, que reconoce que todos los eslabones tienen que ganar algo de dinero pero “habría que establecer unos máximos para que la fruta no sea tan cara en destino”.

No solo es el camino el que encarece las fruta. Los mismos motivos que sirven para negociar a la baja el precio con los agricultores se utilizan para justificar la carestía del producto en el lineal. Que si las lluvias han provocado un descenso de calidad y, por lo tanto, aquella que la tiene debe ser más cara. Que si el clima ha mermado la cosecha, incluso más de lo que se esperaba, y el descenso de oferta exige un aumento del precio… “No hay razones salvo la especulación que justifiquen unos precios tan elevados cuando el agricultor apenas puede cubrir los costes de producción”, insiste el representante sindical.

Vigilantes

Incluso desde el Ministerio de Agricultura han reconocido que los precios de la fruta de hueso, que comenzaron la campaña en un buen nivel, han comenzado a bajar ante el “incremento progresivo de la oferta, problemas de calidad relacionados con adversidades meteorológicas de última hora y la mayor presencia de melón y sandía en los mercados, que podrían entrar en competencia”, según recoge el último informe de precios nacionales agrícolas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación relativos al albaricoque, cereza, ciruela y melocotón relativo a la última semana de mayo y primera de junio. De hecho, el secretario general de Agricultura, Fernando Miranda, ha reconocido que las cotizaciones de la fruta de verano, actualmente en plena campaña, “no son buenas”, ha insistido en que de su evolución en las próximas semanas tendrán mucho que ver las condiciones climatológicas, tanto en España como en Centroeuropa y ha advertido que dado que el Departamento que lidera Luis Planas se mantendrán muy “vigilante” con la evolución de estas cotizaciones.





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