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Real Zaragoza 0 Mirandés 0

Un punto, cero ideas

El Zaragoza no es capaz de anotar y firma el segundo empate de la temporada, esta vez ante el Mirandés.

A. M. B. Zaragoza Actualizada 24/08/2013 a las 21:29
Primer partido de la temporada en La RomaredaTONI GALÁN / A PHOTO AGENCY


Regresaba el Real Zaragoza a La Romareda tras dos meses de ausencia. Nueva categoría y nuevos rivales, pero a la postre parecidas sensaciones. La segunda jornada llegaba con la necesidad de lograr la primera victoria de la temporada para no descolgarse desde un primer momento de la parte noble de la clasificación y, de paso, convertir el estadio municipal en un fortín.

Pero el Zaragoza no hizo los deberes ante una afición que apenas llenó medio graderío. Carente de ideas desde el pitido inicial, el conjunto zaragocista sigue sin una idea clara de juego y sin mordiente en la zona de ataque. Sacó Paco Herrera de inicio lo esperado, exceptuando la entrada de Víctor en lugar de Barkero. Roger, esta vez sí, formó la dupla atacante junto a Montañés, el mejor en el duelo de la jornada anterior en Alicante.

Corrían los compases iniciales y Montañés dispuso de la primera ocasión clara tras una cabalgada en solitario. Dos minutos después forzó una amarilla de Koikili, poniéndole en aviso de sus capacidades, muy superiores a la media de la categoría. A pesar de que el conjunto dirigido por Gonzalo Arconada saltó al campo con descaro, los de Herrera pronto lograron que los jugadores del Mirandés retrocedieran algunos metros. El balón quemaba en las botas de los burgaleses.

El luminoso apenas había alcanzado el primer cuarto de hora cuando un centro envenenado de Abraham a punto estuvo de remacharlo Montañés -quién si no- dentro del marco de Prieto.

El primer susto para los blanquillos llegó poco después. Nagore, tras el rechazo de una falta, a punto estuvo de inaugurar el marcador. Su disparo salió muy alto cuando lo más sencillo hubiese sido fusilar a Leo Franco. Montañés fue el siguiente en golpear, si bien su pie diestro impactó en César Caneda en lugar del esférico.

A partir de ahí el partido entró en bucle. Los locales trataban sin éxito de entrelazar jugadas mientras el equipo rojillo optaba por una fórmula más directa y vertical. Ninguno de los dos dio con la clave. Víctor y José Mari probaron fortuna por el Zaragoza e Iriome hizo lo propio por el conjunto rojillo. Fue el árbitro el que modificó el guión al no pitar un claro penalti del Mirandés. Roger, en jugada personal, lanzó a puerta vacía, y Corral evitaba el gol con la mano. Lo vio toda La Romareda, salvo el trío arbitral.

Al filo del descanso cambiaron las tornas y el Mirandés dispuso de las oportunidades más claras. Leo Franco se encargó de evitar el gol foráneo tras sacar un mano a mano con Díaz de Cerio y un remate posterior de Ruiz de Galarreta. La primera parte concluyó con una sonora pitada del respetable.

Sin ideas

La entrada de Barkero apenas mejoró el centro del campo. Cidoncha, desaparecido durante los primeros 45 minutos, le cedió su sitio. Diez minutos más tarde sería Movilla el que ingresaría en el rectángulo en detrimento de Luis García. Con el pelado y José Mari en el doble pivote y una línea de tres por delante, el equipo pareció carburar y Álvaro, incorporado a tareas ofensivas, a punto estuvo de batir a Prieto, que sacó una mano salvadora.

Pero la buena impronta fue solo un espejismo y los de Herrera apenas lograban llegar con peligro a través de algunas internadas exteriores de Montañés y Fernández. Víctor, con un tiro bien intencionado, anduvo cerca de marcar.

También Roger pudo, por partida doble, haber abierto el marcador. La primera tras un disparo que se encontró con la pierna de Flaño. El segundo, de cabeza y mucho más sencillo, salió extremadamente cruzado cuando muchos ya se frotaban las manos.

El tramo final estuvo marcado por continuas imprecisiones. Mientras Abraham monopolizaba el peligro desde la banda izquierda, el Mirandés no se amilanaba y también trataba, sin acierto, de alcanzar la portería zaragocista.

Un desatinado Roger dejó su sitio a Ortí, que la tuvo a falta de dos minutos. El canterano se precipitó y la manopla de Prieto hizo el resto. Ese fue, prácticamente, el punto final al encuentro. Las postrimerías del choque tuvieron tinte grana, con un Mirandés valiente que trató de dar la campanada. Su afición, encantada, mientras la local abandonaba el graderío. Los pocos que aguantaron hasta el final repitieron la pitada del descanso.




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