Entre el triunfo ante la Real y la goleada recibida del Leganés está la romana

En solo 3 días, el Real Zaragoza vivió dos sensaciones extremas frente a dos 'Primeras': la excelente en su victoria ante los donostiarras y la preocupante con los madrileños. Pura pretemporada.

Entre el triunfo ante la Real y la goleada recibida del Leganés está la romana
HA/Daniel Marzo

El Real Zaragoza afronta una semana repleta de datos, de inputs, de indicios, de detalles concretos que analizar y asimilar en su disco duro. Informaciones que se desprenden de sus partidos y entrenamientos para que su nuevo entrenador, Imanol Idiakez, y la dirección deportiva que encabeza Lalo Arantegui, vayan haciéndose una idea fiel de dónde se haya ubicado el equipo actualmente dentro del plan de viaje general que se tiene programado para la inminente temporada 2018-19 que arrancará en solo 12 días. Los dos últimos amistosos, los de la semana pasada ante la Real Sociedad y el Leganés, ambos rivales de Primera División, han venido de maravilla para poder establecer muchas bases de análisis. Aún más, para los responsables máximos del ámbito futbolístico del club, han sido incluso ideales en su discurrir, por su disparidad.

Porque ante la Real el Zaragoza salió triunfante por 1-2 en un amistoso de mérito y predominio abrumador de mensajes positivos y, por el contrario, frente al Leganés recibió una aparatosa goleada por 5-2 que cargó de matices negativos el saco de los errores y carencias. Es decir, las experiencias vividas en los campos de Tafalla (Navarra) con los donostiarras y Calatayud con los madrileños oscilaron en un arco muy distante de rendimiento y solvencia del equipo. En solo 3 días, los que unieron el 1 y el 4 de agosto, los mismos futbolistas, los mismos o similares ensayos, pruebas y experimentos, dieron resultados bien alejados y opuestos. 

Pura pretemporada, en definitiva. Tiempo de puesta a punto, de reglajes, de ensamblaje de piezas y criterios, que suele ofrecer -desde tiempos muy pretéritos- bamboleos de este tipo. Si algo tiende al engaño es la pretemporada de un equipo. Los partidos son anormales, todos, por infinidad de resortes que luego, en la competición oficial, ya nunca más se darán: el aluvión de sustituciones a partir del descanso; la participación de futbolistas del filial que luego no estarán; la presencia de jugadores que aún tienen que salir de la plantilla (unas veces más, otras menos); la ausencia de fichajes relevantes que llegarán tarde e, incluso, in extremis el día 31; alineaciones heterogéneas y mutantes de un día para otro en busca de rodaje y no de eficacia inmediata...

Sabido y recordado todo esto, este año más que nunca porque las lesiones -en número excesivo- han devaluado ostensiblemente el trabajo de Idiakez en su aterrizaje en Zaragoza (la pretemporada estaría siendo bien diferente si Eguaras, Zapater, Guti, Papunashvili, Toquero y Lasure hubiesen estado aptos de principio a fin y no ausentes todo el tiempo), lo cierto es que cuando el trabajo veraniego empieza a acercarse a su desembocadura en los partidos de verdad, en la liga, es hora de ir dando forma y cara al renovado equipo de cada curso. Como en los embarazos, el feto empieza a tener facciones, rosto y formación definitiva en los últimos días de gestación. Y ahí está ahora el Real Zaragoza, como el resto de equipos de las ligas profesionales en España. 

Por un lado, en Tafalla ante la Real, quedó patente que el grupo de Idiakez fue capaz de jugar con orden, ganando la superioridad en la posesión del balón al rival, con dinamismo en varios de sus jugadores, con buenos desahogos ofensivos desde los laterales. Sabiendo defender con cierto rigor cuando el adversario apretó, con exigencia en los repliegues y los apoyos atrás. Y con intensidad hasta el minuto 93, pues el duelo lo ganó el Zaragoza en la recta final, en el 89, cuando la Real estaba volcada sobre el marco de Ratón. 

Pero, por otra parte, en Calatayud contra el Leganés, un equipo diferente a la Real que presionó mucho más en zonas avanzadas y mostró un contragolpe fulgurante y efectivo por ambos extremos, prácticamente nada de lo mostrado por el Zaragoza ante los vascos 72 horas antes volvió a asomar. En este episodio ante los madrileños, los de Idiakez destilaron sus máculas por encima de sus virtudes. Se vio al admitido y asumido grupo incompleto que rige hoy en día, sin mordiente arriba (faltan por llegar dos delanteros), sin demasiados recursos en la línea media cuando el de enfrente exige más de la cuenta (las bajas de Eguaras, Zapater y Guti son en ese punto delicadísimas), con falta de ajustes en la zaga, con individualidades que evidencian problemas en determinados roles (Verdasca como medio centro, Aguirre a sus espaldas como lateral...).

Nada puede llevar a estas alturas a maximalismos. Y la semana pasada fue un paradigma preciso para que nadie pierda la mano con la romana. Ni lo de Tafalla, ni lo de Calatayud son causas de análisis y diagnósticos rotundos. Ni lo de la Real Sociedad ni lo del Leganés van más allá de unos test puntuales en sendas tardes veraniegas con 37 grados (otro factor que difícilmente se dará en competición de verdad) que únicamente han de servir como guías referenciales para acometer las, cada vez más cercanas, decisiones definitivas en la dirección deportiva y el banquillo. Pero solo como referencia, nunca como exámenes finales. 

Quedan otros dos amistosos ante contrincantes de Primera, el Villarreal este miércoles en la localidad castellonense y el Levante el sábado en La Romareda en el Trofeo Ciudad de Zaragoza-Memorial Carlos Lapetra. Los últimos de fogueo antes de que llegue la hora de la verdad. Tampoco dictarán cátedra, suceda lo que suceda. Pero, eso sí, están ubicados en el calendario en las últimas fechas de gestación del nuevo Real Zaragoza. Ahí donde el futuro recién nacido ya debe empezar a tener ojos, nariz, pómulos, labios, extremidades y demás dotaciones físicas e intelectuales que regirán cuando, el días 19 ante el Majadahonda, la liga de a luz. La romana, en su justa medida. Hay que ver lo bueno y lo malo, con mesura y sin forofismos o intereses espurios. Que no se alborote el pulso porque, entonces, las magnitudes son mentirosas. Pura pretemporada.

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