Opinión

Orgullos y penas

El informe de impacto socioeconómico del CAI Zaragoza realza la gestión de un proyecto "sostenible y rentable". En el lado opuesto figura el lamentable gobierno del Real Zaragoza.

Como ha explicado el presidente del Basket Zaragoza 2002, Reynaldo Benito, todos teníamos más o menos claras las conclusiones sobre el informe de impacto socioeconómico que genera una entidad de la talla del CAI Zaragoza. Pero nunca viene mal que a una convicción se le pongan patas.


El estudio desarrollado por la firma Artia destaca la repercusión tangible –social y económica- de lo que genera un equipo de élite: 9,5 millones de euros de impacto directo y una repercusión sobre el Producto Interior Bruto que ronda los 37 millones.


Hoy, el sello CAI Zaragoza –consolidado a lo largo del tiempo- es una garantía, un aval y un refugio de la inversión para la ciudad, para la comunidad y para cualquier patrocinador. La repercusión del trabajo, además, ha consolidado su imagen y su prestigio. Y se hace escaparate internacional de la marca de la ciudad.


Son valores del deporte de élite. El espejo del CAI Zaragoza –como el de otros clubes señeros de Aragón- contribuye, además, a difundir una imagen; ayuda a dar a conocer la ciudad y su entorno; y sus valores. Porque además de lo que el estudio brinda, se garantizan unos intangibles difícilmente medibles que apuntalan y consolidan la marca.


El informe pone de relieve, además, la garantía del retorno de la inversión, también institucional; que se pone también de relieve en la apuesta sensata –nunca descabellada- de acontecimientos deportivos de primer nivel. Como esa Vuelta a España que visita Aragón.


Mirando al CAI, analizando su labor y sus éxitos deportivos –a los que contribuye a dar valor este informe-, apena aún más si cabe la situación del Real Zaragoza. Provoca vértigo ver cómo un asalto político ha vaciado de valores a una entidad admirada en España y en el mundo. La ha abocado a la vulgaridad deportiva; le ha arrebatado sus méritos y su prestigio; y ha dilapidado el respeto inherente a su historia.


La voracidad política y el desorden en la gestión han contribuido a aniquilar la esencia del Real Zaragoza –cuyos valores ya tan sólo guarda una afligida afición-. El ejemplo del CAI Zaragoza es muestra de otra forma de ver las cosas, de gestionar, de asfaltar con sentido común el camino que conduce hacia los objetivos deportivos: un proyecto “sostenible y rentable”.

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