La leyenda del teniente Stone

?Este militar de EE. UU. destinado en la Base Aérea de Zaragoza fue la gran estrella del Iberia a finales de los 50. Un jugador legendario ensalzado por sus contemporáneos.

La leyenda del teniente Stone
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Hay personas cuya impronta sobrevive a su ausencia y al inexorable paso del tiempo. Ni siquiera es preciso que su presencia se hubiera dilatado demasiados años. Aparecen como un fogonazo y se instalan a perpetuidad en la memoria de aquellos que tuvieron el privilegio de coincidir.


Es el caso de Francis R. Stone (Lawrence, 1933), teniente del Ejército del Aire de los Estados Unidos de América. Estuvo destinado a finales de los cincuenta en la Base Aérea de Zaragoza, tras haber servido como voluntario en la Guerra de Corea desde 1951 hasta 1953. Pero no fue su brillante carrera militar la que incrustó su nombre en la historia zaragozana, sino su inmensa calidad baloncestística. Sus actuaciones defendiendo la camiseta del Iberia son todavía hoy motivo de admiración y devoción. Incluso son tildadas de "legendarias".


José Luis López Zubero, el primer jugador formado en Zaragoza en ser convocado por la selección, lanza la primera pista. "Jamás coincidí con Stone porque emigré a Estados Unidos en 1955. Pero todos mis compañeros zaragozanos me hablaron siempre maravillas de él. Estaba en un pedestal", rememora.


Un misterio que desactiva Jorge Guillén, pívot internacional y olímpico del Iberia que formaba con Stone un temible juego interior. Su veredicto no admite interpretaciones. "El teniente Stone ha sido uno de los mayores talentos que he conocido en mi vida –Guillén militó en la élite y durante 45 años fue el médico del Joventut–. Y eso que he visto pasar a centenares de jugadores...", asevera.


¿Qué hacía tan especial a este rubio ala-pívot? "Era una maravilla. Poseía una extrema habilidad y una calidad excepcional. Tiraba como los ángeles, pero también reboteaba y era un buen asistente. Era un todoterreno. Además, era muy disciplinado y se notaba su formación militar de alto nivel. Cuando venía a jugar, sabíamos que habíamos ganado ese partido. Era infalible. Rezábamos para que no faltara, sobre todo en los duelos de máxima rivalidad contra el Helios. En la actualidad hubiera sido una estrella", prosigue Guillén.


Las obligaciones castrenses de Stone le privaban de participar en algunos entrenamientos que tenían lugar en las instalaciones de Corazonistas y en el Tenis Zaragoza. Incluso le suponían abruptas interrupciones. "Recuerdo que tuvo que marcharse en el transcurso de un encuentro por una alerta de seguridad. Tuvo que volver a la Base y coger un caza con destino desconocido", revela.


Pero las situaciones no revestían siempre tanta tensión. Los integrantes aragoneses del Iberia visitaban con frecuencia a sus amigos en la Base Americana. "Nos regalaban discos, tomábamos unas Coca Colas y hablábamos como podíamos. Yo me defendía con el inglés. Además, el baloncesto es un lenguaje universal", relata Guillén.


Uno de los momentos más emblemáticos que compartieron acaeció en 1961, en un amistoso entre el Iberia y un combinado de la Base en la plaza de Toros de Zaragoza en el que Stone jugó con el equipo aragonés, erigiéndose en la clave del triunfo. "Nuestro partido se disputó antes del plato fuerte: la primera visita de los Harlem Globetrotters a Aragón. Ganamos y el coronel Preston, la máxima autoridad, me entregó el trofeo", recuerda. Guillén no quiere olvidarse de otros compatriotas de Stone con los que jugó, como Mullins, Tyson (fallecido en accidente de tráfico) o Powell.


Francis R. Stone, que de regreso a su país trabajó como agente inmobiliario, murió el 14 de septiembre de 2012 tras batallar contra un cáncer. "Fue un honor coincidir con él. Eterno respeto a este genio de la canasta", concluye Guillén.

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