Menu lateral amp
El Buen Jardinero

¿Por qué se caen ahora tantos árboles en las tormentas?

Tras un verano con tormentas que han derribado cientos de árboles en Zaragoza, queda por saber si todos los ejemplares tenían asegurado su anclaje. La respuesta es no

01/09/2018 a las 05:00
Las plantas dependen de la raíz no solo para comer, también para anclarseAYUNTAMIENTO DE MADRID


Ha sido un verano de tormentas, como es habitual en Aragón, una de las regiones europeas con mayor incidencia de rayos y fenómenos tormentosos por la unión del aire caliente que crea el sol y la humedad que viene del Mediterráneo. Pero lo que no es tan habitual es que más de 500 árboles cayeran al suelo en una de esas tormentas, habría que preguntarse entonces qué ocurre con el arbolado de la ciudad para que tantos ejemplares lleguen a caer. Y la respuesta está en las raíces: simplemente, muchos árboles no tienen el espacio necesario para desarrollar un buen anclaje o bien están en un terreno donde el riego o el agua subterránea causan problemas.

Un ejemplo de cómo el suelo y su humedad afecta a las raíces está en el parque Tío Jorge de Zaragoza:forma parte de un corredor natural que se corresponde con la capa freática del Río Ebro. En realidad, el subsuelo de la capital aragonesa es un inmenso acuífero del que beben industrias, huertas, parques y edificios. Sería como una gigantesca esponja compuesta de gravas con agua entre sus huecos. En ocasiones sale a la luz en forma de lagunas, como la balsa del Ojo del Cura y el Ojo del Fraile de Casetas o la Balsa del Arralde, en Garrapinillos; otras veces, como fuentes y manantiales: la Teja, la Caña o la Junquera. Ycuando el río aumenta su caudal, también se nota en ese acuífero subterráneo. Ylos árboles que crecen en esa zona reciben un riego natural, lo cual no siempre les beneficia. Los pinos plantados en zonas donde el freático sube no responden bien debido a su pobre desarrollo radicular.

Las especies adecuadas

Ya se ha creado un plan director para el parque Tío Jorge, que destaca la necesidad de plantar especies que puedan adaptarse a estas peculiaridades de la zona. ¿Cuáles?No hay que ser Sherlock para comprender que se trataría de especies de ribera: álamos, sauces, fresnos, tamarices... Preciosas, diversas, adaptadas al calor, al frío, a la humedad y a las corrientes de agua. Sorpende que nos empeñemos en plantar árboles que poco o nada tienen que ver con las especies que suelen abundar en los sotos de ribera, al menos en las zonas donde esa esponja subterránea afecta a las raíces. Y si hablamos de césped y riegos, entonces ningún pino debería estar ahí plantado, porque es un árbol que desarrolla raíces muy profundas y una humedad constante en la superficie acaba por confundirle y crear unas raíces poco adecuadas

Pero también hay que prestar atención a otro punto clave:la raíz necesita espacio para crecer. ¿Cuánto?Pues solo hay que pensar que las raíces de un árbol son tan grandes como la copa. O al menos así deberían ser. Pero un árbol en la ciudad apenas tiene espacio para desarrollarse:se plantan ejemplares muy grandes, demasiado juntos unos de otros. En una hilera de plátanos de sombra, solo hay que pensar la de distancia que tendrían que tener entre sí para que unas raíces se puedan desarrollar en el subsuelo. Y luego nos sorprende que el alcorque reviente y las raíces acaben por salir a la superficie.

¿Qué ocurre si un árbol no tiene espacio para desarrollar raíces? Que estará sujeto de manera precaria. Y si sumamos las décadas de podas poco adecuadas, el subsuelo con un freático poco adecuado para algunas especies, el riego en el césped que daña a los pinos y los alcorques mal ideados, lo cierto es que sorprende que no haya más accidentes en una ciudad como Zaragoza.





Outbrain

© HERALDO DE ARAGON EDITORA DIGITAL, S.L.U.
Teléfono 976 765 000 / - Pº. Independencia, 29, 50001 Zaragoza - CIF: B-99078099 - Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza al Tomo 3290, Folio 156, Hoja Z-39438
Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual