Podemos propone cuotas musicales en RTVE…, ¡como Franco!

Pide, y el PSOE se lo concederá, que se emita un 40% de música española en cualquier TV pública.

U2 en una de sus últimas actuaciones en un programa de televisión.
Efe

Podemos, según publica un diario digital, quiere imponer, si su proposición de ley prospera, y a toda prisa, una cuota de emisión de música española en los canales públicos de televisión. Exactamente un 40%, y no solo en los programas específicos del género sino en cualquier programa, cortinilla, transición, sintonía… que suene música. Dadas las deudas del PSOE con Podemos y sus votos de investidura, a correr que es gerundio: en nada, proposición de ley aprobada en el Congreso –la propuesta se presentará antes de que acabe este mes-,y, si no, decretazo- ley que te crió.   

¿Cuotas? Eso significa que alguien tendrá que controlar el tanto por ciento de piezas musicales en español que se emitan... Peligro: el puente de plata a la corrupción acecha. ¿Quién asegura, si no, que no surgirán de inmediato las presiones de los lobbies discográficos, de los autores, de los  músicos, de los amiguetes… para llevarse el correspondiente pellizco por emisión, actuación, royalties... La propuesta quiere acabar con la práctica fraudulenta de ‘la rueda nocturna’ pero al tiempo puede dar paso a otra nueva. ¿Y por qué nos obligarán a escuchar determinadas castañas musicales por el mero hecho del sello ‘made in Spain’?  

¿Y qué es eso de las cuotas, sino mera imposición  de lo que debemos escuchar los ciudadanos españoles? O sea, la construcción del pensamiento, ya sea en lo musical como, quién sabe, si también en lo literario, lo cinematográfico, lo artístico… y, claro, lo político. Pisan terreno que dominaron y dominan muy bien los fascismos y los bolchevismos.

Pero no son originales los podemitas. Muchos años antes que ellos, el mismo Franco, sí el mismo caudillo de los ejércitos, de las fosas, de la moral católica y la enseñanza cuartelera, ya dictó un decreto en 1968 obligando a las cadenas de radio públicas –entonces, cinco- a emitir un 75% de música española. Fraga Iribarne, entonces ministro de Información y Turismo, se había venido arriba con el triunfo de Massiel en Eurovisión y alguien le chivó que había unos chicos, Los Bravos, que hacían un ruido estremecedor con las guitarras, e incluso daban alaridos, pero coparon  el número 1 en varios países europeos con ‘Black Is Black’, que hasta versionaban los gabachos, además de otros que tenían locos a la juventud del momento, caso de Los Brincos, Sirex, Mustang, Canarios, Buenos, Iberos…, y Fraga, como hizo con el bikini –con Fraga, hasta la braga-, se echó p’alante, presentándole a Su Excelencia una ley de apoyo a la música española, que este firmó sin mirar el papel, por ignorancia o desinterés, o como haría con indiferencia para mandar a un paisano al garrote vil, si el proponedor era pupilo de confianza, y Fraga lo era mucho.

Entonces, el 75%; ahora, el 40%. Da igual: cuotas. Tras las feministas, las musicales. No importa quién valga o no, lo puntuable es ser mujer para ocupar un cargo o tener DNI español para sonar en la televisión pública, tanto en la nacional como en la autonómica, que a ambos ámbitos de cumplimiento obligado va destinada la motivadora proposición podemita. (Al menos, se crearán nuevos y abundantes puestos de trabajo, el de ‘funcionario controlador musical’, que se van a necesitar unos cuantos).

Otra desfasada propuesta, en fin, en tiempos globales: las vías de escape son muchas. Ya las tuvo el mismo Franco, cuyo decreto del 75%, ¡uyyy!, no se acató en absoluto al hacer locutores, programadores, directores y realizadores la vista gorda, o por mejor decir, por un oído me sale y por otro me entra, como para no tenerlas la RTVE podemita, con los agujeros de huida de la música impuesta que permiten hoy las actuales plataformas digitales, YouTube y hasta las mismas descargas piratas.

En cualquier caso, a la música española y a la general, desde la ópera al rock, desde Mozart a Elvis, los Beatles… o los actualísimos Courtney Barnett, Lorde, The War On Drugs, Nat Simons… se apoya, o mejor, se difunde, im-por-tan-tí-si-mo, emitiendo música de calidad diversa y en abundancia, a través de programas bien estructurados y documentados y sin la figura amenazante de un contador de tantos por ciento al lado, que puede fusilar a un buen programador si no cumple el decreto-ley a rajatabla.   

¿Recortamos, por necesidad pues del 40%, a U2, Nick Cave y hasta los Beatles, Zappa o Fairport Convention, si la actualidad o el programador los demanda? Supongo que los jóvenes leones de la izquierda radical que han propuesto esta simpleza –y Dios me libre de no ser partidario del apoyo a la música nacional y local, pero de otra forma- no lo sabrán, pero es curioso que la misma inútil y hasta ofensiva propuesta que Franco hizo hace 50 años la resuciten ahora ellos. Al final, va a ser cierto el viejo aforismo: los extremos se tocan

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