La historia de un taxista, un cliente chino, una agresión y el traspaso de un bar de Zaragoza

El puñetazo de un cliente le dejó sin oficio en el verano de 2007. Hace unos meses accedió al Pimei y, con la ayuda de Atades, Javier Escribano volvió a entrar en la rueda. Ahora, gestiona un bar en la plaza San Francisco.

Javier Escribano al frente del bar Hemisferio, en la plaza de San Francisco
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Javier Escribano recordará para siempre la madrugada del 20 de junio de 2007. Aquel día perdió la visión de un ojo y la posibilidad de seguir trabajando como taxista, oficio que llevaba casi una década desempeñando. Entonces tenía 43 años y acababa de comprarse un piso. De la noche a la mañana, se encontró peleando por una pensión por incapacidad permanente para su profesión, luchando para que el cliente que le había agredido fuese condenado a indemnizarle y pensando en cómo afrontar el pago mensual de su recién adquirida hipoteca.

Eran las cuatro de la mañana de una noche de verano. La estación de Delicias se había inaugurado hacía poco y las cocheras de Ágreda del paseo de María Agustín habían echado el cierre apenas unos días antes. Escribano recogió a un cliente de nacionalidad china que, con su precario español, le comunicó que tenía que coger un autobús a Madrid, de modo que el taxista enfiló hacia Las Delicias y el pasajero, que no entendía a dónde iban, se sintió estafado. Al llegar a la estación, se negó a pagar la carrera y empezó una discusión que se saldó con un fatídico puñetazo que fue a parar a las gafas del taxista. Los cristales se le clavaron en la córnea del ojo izquierdo, fracturándole la órbita y provocándole la pérdida total de la visión por ese ojo. Javier pasó siete días en el hospital y tardó 239 en recuperarse de unas lesiones que obligaron a colocarle una prótesis reconstructiva, una solución estética que no le devolvería la visión perdida.

Así que Escribano se quedó sin oficio. Podía seguir conduciendo a nivel particular pero no como profesional, de modo que no le quedó otra más que vender su licencia y apuntarse al paro justo cuando estallaba la crisis económica. Cuenta que del paro nunca le llamaban, por lo que optó por invertir parte de lo que le quedaba en una franquicia de Míster Mint que no prosperó. "Una retirada a tiempo es una victoria y preferí dar por perdido lo invertido que seguir hundiéndome", recuerda este antiguo taxista que ha tardado once años en conseguir volver a ilusionarse con un proyecto.

"Después coincidió que mi madre enfermó y dediqué casi cuatro años a cuidarla. Entonces mi mujer estaba trabajando e íbamos tirando", relata. Sin embargo, un día ella también se quedó en paro y reinventarse se hizo imprescindible. En ese instante, hace menos un año, en el Inaem le hablaron del Programa para la Mejora de la Empleabilidad y la Inserción (Pimei) y entró en contacto con Atades. "Yo pensaba que Atades solo se dedicaba a atender a personas con discapacidad intelectual pero entonces me explicaron que también ayudan a buscar salidas profesionales y a formar en otros campos a personas con cualquier tipo de discapacidad igual o superior al 33%. La mía es del 14% pero como me hizo perder mi oficio puedo acogerme a ese tipo de programas", cuenta.

Alicia Peña es la coordinadora del programa Pimei en Atades y corrobora que el caso de Javier llegó a ellos en el mes de marzo. "Se hizo un diagnóstico de empleabilidad y vimos necesario proporcionarle algunas formaciones para que pudiese buscar trabajo. En principio lo enfocamos hacia la logística, le facilitamos el curso y el carné de carretillero e hizo pruebas de selección para operario de producción y almacén, aunque finalmente no fue por esa vía por la que encontró una salida", cuenta Peña. Sin embargo, Javier asegura que este programa le ayudó a volver a la rueda y a volver a motivarse: "Te pone en activo. Llevaba casi cuatro años cuidando de mi madre y esta ayuda hizo que no me quedara sentado en casa, me despertó", agradece.

En el mes de julio la búsqueda se precipitó. Los ahorros empezaban a agotarse y mirando en internet vio una oportunidad que se le antojó perfecta. La antigua dueña del bar Hemisferio, en la plaza San Francisco de Zaragoza, ofrecía su traspaso. "Yo antes de ser taxista había trabajado en la hostelería y además conocíamos el bar y sabíamos que funcionaba bien, así que mi mujer y yo decidimos apostar por él".

Hoy, María Pilar y Javier llevan ya cuatro meses al frente del Hemisferio y la clientela no escasea. De momento, las ganancias están cubriendo sus expectativas y la pareja cree haber encontrado por fin su lugar.

María Pilar Martínez y Javier Escribano al frente del Hemisferio

Un caso entre muchos

El caso de Javier es peculiar porque la agresión que le costó un ojo salió en los todos medios de comunicación regionales y el autor del puñetazo, aunque nunca abonó la indemnización porque se declaró insolvente, fue condenado a varios años de prisión que ya ha cumplido. Sin embargo, como Javier hay muchas otras personas que ven truncada su vida de un día para otro por un incidente que les impide desempeñar su profesión. En Atades, tienen a día de hoy a 77 personas de Zaragoza y Jaca participando en el Pimei.

El programa, financiado por el Gobierno de Aragón y fondos europeos, cuenta con un presupuesto total de cinco millones de euros y aspira a ayudar a 3.675 personas con especiales dificultades de integración en el mercado laboral a redefinir su perfil profesional y en la búsqueda de empleo. El capítulo específico para personas con discapacidad, como Javier, prevé atender a 350 personas a través de diversas entidades. En este primer año de gestión por parte de Atades, el objetivo inicial de la asociación era insertar a 18 personas en el mundo laboral. En julio, la entidad ya había alcanzado al treintena y la previsión es haber superado esa cifra antes de que acabe el año.

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