Padilla sale a hombros en su despedida y Talavante anuncia su retirada por sorpresa

Cortó dos orejas a su segundo toro en una tarde cargada de emociones. Manzanares cortó una oreja y Talavante puso el mejor toreo.

Juan José Padilla durante el festejo de este domingo en La Misericordia.
Efe

Con las negras nubes que cubrían la Misericorda, se levantó el aire y en el ambiente se aplomó una pesada calma con visos de tarde grande. Esa calma que precedía a la tempestad. A la llegada del ciclón, a la muñeca de Manzanares y al toreo eterno y puro de Talavante. Qué tarde.

Se cerró el círculo. Aquel que comenzó a dibujarse en aquella fatídica tarde de octubre de 2011 puso punto y final aon la salida a hombros de Juan José Padilla de la plaza de la Misericordia. Esa que tanto le quitó y que tanto le ha devuelto. La tarde del Pirata quedará para el recuerdo. No por su toreo, precisamente. Pero sí, por la emotividad que envolvió el festejo.

Padilla se marcha sin que nadie le pueda reprochar que no se ha jugado todo cada tarde. Ayer, en su adiós, no fue diferente. Con el manso que abrió plaza, todo quedó en buenas intenciones. La escasa fuerza del animal le impidió sacar toda la artillería y solo una tanda por el pitón derecho tuvo algo de valor.

Con el extraordinario cuarto, se dejó el alma olvidando el toreo. Levantó a la plaza en su último tercio de banderillas y recibió al de Cuvillo rodilla en tierra descubriendo la calidad de sus embestidas. Trazó una faena en la que lo visceral pudo con lo artístico. Sin decir nada con la muleta, consiguió transmitir todo a los tendidos. Lo mató sobre la válvula y le dijo adiós a la que siempre será su plaza. Puerta grande a la memoria. A la de aquel 7 de octubre. Suerte en la vida, torero.

Cortó también dos orejas José María Manzanares, que volvía a Zaragoza para acompañar al Pirata en su despedida. Dos faenas distintas. Con el sensacional segundo, no terminó de acoplarse y se le vió algo acelerado toreando sobre la mano derecha. Lo mejor, lo hizo al natural.

Sin embargo, con el quinto, aprovechó el buen son del animal para elaborar una sentida faena que tuvo el temple y la verticalidad como argumento. Sensacional por el pitón derecho. Perdió las dos orejas con la espada.

Un adiós en una tarde cumbre

Al término del festejo, se despidió de manera inesperada Talavante tras bordar el toreo. Dos obras de arte. El lío que le formó al tercero llevó a más de uno siete años atras. A aquella tarde con el jabonero de Cuvillo.

Qué manera de torear. El cartucho de pescao y dos tandas al natural pusieron la plaza como un manicomio. Qué suavidad y qué temple. Con la figura erguida, lo enganchó con los vuelos y se lo llevó detras de la cadera una y otra vez. Al ralentí. De locos. Una arrucina que pareció no terminar nunca y un final de faena por abajo le hicieron merecedor de los máximos trofeos. Sin embargo, los perdió con la espada.

Con el que cerró la feria formó otro alboroto sobre la mano derecha y dibujó un cambio de mano que paró el tiempo. Ni la poca clase del animal consiguió deslucir la bella factura de sus muletazos. Tremendo. Y muy puro. Te esperamos pronto, torero.

Además, el subalterno Suso sufrió una cornada de tres trayectorias durante la lidia del segundo de la tarde por la que fue operado en la plaza de toros.

 

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de volúmenes y cuajo, aunque con una generalizada armonía de hechuras. Salvo, el rajadito primero y el noble y si raza sexto, los otros cuatro dieron un juego excelente, segundo y cuarto con gran clase y calidad, el tercero de más bravo temperamento. En conjunto, una excelente corrida de toros.

Juan José Padilla, de blanco y oro con remates negros: estocada contraria y seis descabellos (silencio tras aviso); estocada caída (dos orejas tras dos avisos). Salió a hombros por la Puerta Grande.

José María Manzanares, de azul noche y oro: estocada baja (oreja con petición de la segunda); pinchazo y estocada honda (oreja tras aviso).

Alejandro Talavante, de blanco y oro: pinchazo y estocada atravesada (oreja); estocada y cuatro descabellos (gran ovación tras aviso).

Entre las cuadrillas, destacaron los puyazos de Manuel Cid al tercero, los pares de banderillas de Juan José Trujillo y Daniel Duarte, que saludaron, y la brega de Valentín Luján.

Décimo y último festejo de abono de la Feria del Pilar, con cartel de "no hay billetes" en las taquillas (10.000 espectadores).

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