Abuchean a cuatro oferentes de la Casa Catalana por llevar lazos amarillos

La presidenta aceptó que los lucieran en el Pilar, pero desde la Federación de Casas Regionales les exigieron quitárselos para subir al Ayuntamiento. Una vez en la Casa Consistorial, el alcalde les permitió ponérselos de nuevo.

Abuchean a cuatro oferentes de la Casa Catalana por llevar lazos amarillos
@4AlexPerez4/Twitter

Cuatro oferentes de la Casa Catalana de Zaragoza fueron abucheados este sábado durante la Ofrenda de Frutos por lucir lazos amarillos, símbolo de apoyo a los políticos encarcelados por su papel en el referéndum del 1-O, en la pechera de sus trajes regionales.

Los llevaron tanto dentro de la basílica del Pilar, donde fueron increpados por parte de los asistentes, y como fuera, momento en el que protagonizaron un tenso encontronazo con representantes políticos municipales. Solo se los quitaron al entrar al Ayuntamiento por exigencia de uno de los representantes de la Federación de Casas Regionales. No obstante, una vez dentro del Consistorio, donde se recibió a todas las casas, se acercaron al alcalde, Pedro Santisteve, para preguntarle si podían volver a ponérselos.

Fuentes del Ayuntamiento confirman el regidor les respondió que estaban en un acto festivo en el que no se pretendía coartar la libertad de expresión de nadie, y que si querían seguir luciéndolos él no tenía "ningún problema".

La decisión provocó enfado entre los asistentes. Hubo quien lo entendió como una provocación. Uno de ellos, cuentan los testigos, llegó a increpar al alcalde y a decirle que lo que había hecho era "una vergüenza", que no podía consentir eso. En respuesta, Santisteve recalcó que él cree en la libertad de expresión y que no iba a impedir a nadie ejercerla. Sobre todo teniendo en cuenta que se habían dirigido a él "con educación" para expresarle "lo importante" que era para ellos lucir los lazos. Las mismas fuentes aseguran que "hubo otros miembros de la Casa Catalana que agradecieron el gesto del alcalde" y que el acto se celebró "en un ambiente cordial, afectuoso y respetuoso", versión que contradicen parte de los presentes, entre los que se encontraban varios concejales de la corporación municipal.


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— Àlex #DesdeBaix (@4AlexPerez4) 13 de octubre de 2018

La polémica, en todo caso, no empezó en la basílica del Pilar. Los abucheos (y los aplausos) acompañaron a los cerca de 40 oferentes de la Casa todo el recorrido. Estas cuatro personas, explicó Mireia Semís, presidenta de la Casa Catalana en Zaragoza, no son miembros del colectivo, sino que acudieron como invitados por ser "máximos representantes de la cultura catalana".

Ella misma pudo pedirles que se despojaran de los lazos, pero descartó hacerlo. "Me han dicho que no querían quitárselos, pero que si yo se lo pedía lo harían. Yo les he contestado que no era quién para hacer eso. La Casa Catalana no hace política, ni en un bando ni en otro, y no ejercemos la censura. Aquí hay libertad de expresión", manifestó.

Semís incidió en que un representante de la Federación se dirigió a ella al entrar al Consistorio para que parase la polémica, pero su respuesta fue la misma. "Mi postura es complicada. Cualquier cosa que digas es un problema, pero yo considero que ante todo está la libertad de expresión. Estamos en un país democrático. Llevar un lazo amarillo no implica ser independentista, sino reclamar una ideología", opinó. Reconoció, en todo caso, que situaciones así "duelen".

"Creo ante todo en el respeto. Entiendo que la gente se sienta agredida, la situación está muy sensible y los sentimientos, a flor de piel. El problema está en que identifican los lazos amarillos con la independencia cuando no es así. Significa libertad para los políticos presos. La gente identifica todo con el mismo problema, pero hay varios", aseveró.

En su opinión, eran las autoridades municipales, y no los representantes de la Federación, quienes tendrían que haber decidido si estas personas podían entrar o no al Ayuntamiento con los lazos amarillos. "Si se los han quitado ha sido para no perjudicar a la Casa", subrayó. La presidenta aseguró que el colectivo se ha sentido siempre "muy acogido". Ella decidió coger las riendas en un momento "complicado". "Era meterme o cerrar. El presidente de antes estaba muy cansado, se le habían agotado todos los recursos. Había un agotamiento físico y psicológico impresionante", relató.

Pese a las polémicas, aseguró que el balance "es positivo" y que, en adelante, la Casa "seguirá centrada en hacer cultura y tradición". "Hay catalanes que no saben ni que estamos. Otros, en cambio, prefieren pasar desapercibidos", reconoció.

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