Un joven de Tarazona se enfrenta a ocho años de prisión por violar presuntamente a su exnovia

El hecho se denunció en 2016 pero el acusado no fue detenido hasta 2017 a raíz de agredir físicamente a la misma víctima.

El juicio se celebrará en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Guillermo Mestre

La Audiencia Provincial de Zaragoza juzgará este mes a un joven de 21 años, vecino de Tarazona, acusado de violar y golpear a su expareja en una peña de la capital turiasonense en octubre de 2016. Tras estos hechos, el joven desapareció de Tarazona y fue puesto en busca y captura. No fue hasta febrero de 2017 cuando, a raíz de una nueva denuncia por golpear a la misma mujer, fue detenido y enviado a prisión provisional, de la que salió en marzo de 2018. Por la segunda agresión ya ha sido condenado.

Ahora, la Fiscalía solicita para él ocho años de cárcel por un delito de violencia de género en concurso con otro de violación, pena que la acusación particular eleva a doce años de prisión. La defensa pide la absolución.

El procesado había mantenido una relación sentimental con la joven durante el año 2015 e incluso habían vivido juntos tres meses. En agosto cesaron la convivencia pero siguieron manteniendo contactos esporádicos, sin dejar de romper del todo la relación afectiva, tal y como explican las acusaciones en sus escritos.

El sábado 8 de octubre de 2016, la víctima quedó sobre las 17.00 con el acusado en un bar de la localidad para que le devolviera unos efectos de su propiedad. Él acudió a la cita, pero no le llevó ninguna de las cosas que le había pedido. A pesar de ello, pasaron la tarde con otros amigos comunes en un parque de Tarazona.

Sobre las 21.00, la joven se marchó a cenar a su casa y luego quedó con una amiga para dar una vuelta por ahí. Alrededor de las 23.00, cuando estaban en un bar, se percató de que su exnovio entraba al local con un grupo de personas y, aunque en ese momento no mediaron palabra, luego se acercó a él para pedirle de nuevo que le devolviera sus cosas. Aunque el acusado le dio largas, ella decidió quedarse con él y, en torno a la 1.00, se dirigieron a un local que se usa como peña.

Cuando llegaron no había nadie más en su interior y entonces, según las acusaciones, el procesado cerró la puerta con una barra de hierro y un somier para que nadie pudiera abrirla desde fuera. Luego, cuando la víctima estaba en un sofá y él en un camastro tumbado, de forma repentina y sin motivo aparente, muy alterado, comenzó a increparla e insultarla por haberle «dejado en ridículo» delante de la gente, la agarró fuertemente y la tiró al suelo, donde comenzó a golpearla con puñetazos y patadas. «Aprovechando la debilidad de la víctima» y el «temor ocasionado», la obligó a quitarse la ropa y la agredió sexualmente.

Las acusaciones mantienen que la joven, atemorizada por la situación y el estado del acusado, no pudo ofrecer resistencia. Además, no tenía teléfono móvil para pedir auxilio pues se lo había roto el día de antes en una discusión. Después, se quedaron dormidos y no fue hasta las 15.00 cuando, aprovechando que un hermano del acusado llegó al local, la joven se fue sin que nadie se lo impidiera. Se dirigió a casa de su amiga y de ahí al centro de salud, donde fue atendida de múltiples erosiones y contusiones de las que tardó diez días en curar.

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