Más casos de depresión en los barrios menos pudientes de Zaragoza

La morbilidad es mayor en la población femenina que en la masculina y en la tercera edad. Los barrios populares son más propensos a esta enfermedad.

Centro de Salud San José Sur, distrito en el que se registran más casos de depresión.
Servicio Aragonés de Salud

Hace años que cayó el tabú en torno a la depresión. En la actualidad es una enfermedad conocida y tratada y reconocerla en público no supone, en la mayoría de los casos, un estigma social, más allá de la autocensura que se pueda imponer el propio paciente. Pese a ello, se trata de un importante problema de salud por la frecuencia con que se presenta -muchas veces se mantiene en el tiempo- y por sus consecuencias, tanto inmediatas como a largo plazo, al que quizá no siempre se le da otorga la relevancia que debería.

Los datos que recopila el departamento de Salud revelan que se trata de una enfermedad con presencia en todos los rangos de edad, aunque más frecuente en la última etapa vital. Es más femenina que masculina, ya que los casos registrados en mujeres arrojan una cifra por encima del doble de los que afectan a los hombres. En Aragón, en el año 2016, según datos de atención primaria y hospitalizaciones, 30.633 varones y 79.943 mujeres tenían un diagnóstico de depresión. Esto supone un 4,8% de los población masculina, y un 12,2% de la femenina. A partir de los 60 años, más de un 8% de los hombres y más de un 20% de las mujeres tienen depresión.

Pero, ¿en qué zonas es más sencillo sufrirla? El Gobierno de Aragón, a través de una herramienta que lanzó recientemente, permite localizar en qué barrios hay más casos. En la capital aragonesa destaca la concentración de cuadros depresivos por cada mil habitantes en San José, Santa Isabel, La Madalena, Delicias norte y Las Fuentes. Frente a ellos se encuentran las zonas sanitarias de Valdespartera-Montecanal, Actur y Romareda-Seminario. Las diferencias entre unos y otros varían si se atiende sólo a la casuística masculina o femenina, aunque la tendencia es similar.

La primera lectura lleva a pensar que los barrios con una renta media menor son más propensos a la depresión. “No hay solo un elemento que la provoque. Además de los factores genéticos y fisiológicos, están los condicionantes sociodemográficos y ambientales. Pero encontramos una comorbilidad clara entre la depresión y las enfermedades relacionadas con un bajo poder adquisitivo”, indica Ana López, gerente de la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental (Asapme). Dentro de estas enfermedades, pone como ejemplo “los trastornos de la alimentación y digestivos”.

La edad también juega un papel relevante. “Esos barrios con menor incidencia de cuadros tienen, por lo general, una población más joven. Nos encontramos con más casos en la edad adulta porque en ocasiones no se sabe afrontar la jubilación o porque las personas pierden sus relaciones personales y caen en la exclusión social. También la pérdida de poder adquisitivo con una pensión precaria puede influir”, señala la psicóloga.

Precisamente la precariedad laboral es otro de los factores que López considera influyentes en la aparición de un cuadro depresivo, “lo cual encajaría con esas diferencias entre los barrios” con mayores rentas y los que, a priori, concentran un vecindario menos pudiente.

“El desarraigo propio de la población inmigrante, que pueden sentir que se han alejado de sus orígenes, es otra razón socioeconómica a la hora de abordar los porqués de una depresión”, señala López, quien también apunta hacia “la escasa oferta de actividades socioculturales de algunas zonas, que puede afectar al desarrollo emocional y personal del individuo” y “las actividades de educación sanitaria, por ejemplo en materia de nutrición y prevención de la obesidad, a las que tiene acceso cada persona”.

Estrés y familia

Las relaciones familiares son determinantes. “Cómo haya sido la educación y el funcionamiento de la familia marcarán su tendencia hacia la depresión”, recuerda la gerente de Asapme, quien recuerda que la sobreprotección tampoco ayuda.

Existen otros dos puntos a tener en cuenta. “Los factores ambientales se han demostrado muy importantes. El estrés, llevar una vida desordenada o el consumo de tóxicos condicionan claramente. También los espacios urbanos condicionan las conductas: cuanta más actividad social se tenga, más posibilidad de tener apoyo en una situación complicada”, subraya López.

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