La Misericordia echará de menos a 'Pepito', su fiel corralero

José Cerdán Lacasta, fallecido el pasado martes, ejerció el oficio durante más de tres décadas.

José Cerdán Lacasta, en el Pilar de su retirada.
Carlos Moncín

Esta semana nos dejó José Cerdán Lasanta, popularmente conocido como ‘Pepito, el corralero’. Nació en enero de 1939 en Zaragoza, soñó con ser torero mientras crecía en los aledaños de la plaza de toros y, tras ahormar una desmedida afición -llegó a ejercer de picador- en Salamanca, retornó a la capital aragonesa para convertir la Misericordia en su casa.

Fallecido el señor Gregorio, antiguo mayoral, ‘Pepito’ pasó a cuidar el recinto en 1968. Y allí vivió, junto a su mujer y sus tres hijas, durante más de tres décadas. “Este oficio te tiene que gustar porque ocupa muchas horas y hay que hacer infinidad de cosas en poco tiempo”, explicaba él mismo en una entrevista concedida a HERALDO en octubre de 2003, a las puertas del Pilar y de su retirada.

Durante la feria, Cerdán se encargaba de atender las reses desde que bajaban del camión hasta que eran lidiadas. Labor peliaguda, teniendo en cuenta el dispar comportamiento de todas ellas. “Las situaciones más complejas se dan cuando un toro rebelde no quiere entrar en el corral. El secreto consiste en crearles un ambiente tranquilo”, añadía en la mencionada entrevista, antes de destacar que “todos los corraleros, tarde o temprano, resultan heridos”.

‘Pepito’ sabía bien de lo que hablaba, pues en mayo de 1976, en la tarde de la alternativa de Luis Francisco Esplá y en presencia de Paco Camino y 'Niño de la Capea', estuvo a punto de morir a causa de una cornada. Se la propinó un toro de Manuel Benítez 'El Cordobés' -debutaba como ganadero- cuando era devuelto a los corrales por cojo, y le produjo una herida de 35 centímetros de profundidad en el muslo que, siguiendo trayectoria ascendente, le perforó la fosa isquio-rectal.

El doctor Val-Carreres lo intervino en la enfermería y, una vez hospitalizado, se debatió entre la vida y la muerte durante cuatro días. “Fue muy grave. Pero este veneno me corre por la sangre y no puedo desengancharme fácilmente”, confesaba después a este periódico, queriendo ensalzar que la pasión por la Fiesta está por encima de cualquier infortunio.

Cerdán definía al toro como un ser “listo y obediente”. Y si alguno desentonaba, no tardaba en identificarlo. “En todas las partidas hay uno que es más tonto que los demás. Cuando veo este tipo de astado, al que llamamos alcahuete o chivato, ya sé que no va a dar la talla en la plaza”, contaba en los corrillos taurinos, ambiente que no dejó de frecuentar.

En 2004, ‘Pepito’ cedió el testigo de corralero de la Misericordia a su sobrino Carlos y, aunque dejó de residir en la misma plaza, cada Feria del Pilar o de San Jorge ocupaba una localidad del tendido 8, cercana a la puerta de toriles que tantas veces abrió. La última corrida que presenció en directo fue la del pasado 23 de abril, poco antes de que le diagnosticaran la enfermedad que el pasado martes acabó con su vida. Tenía 78 años.

Relevo familiar

Actualmente, Carlos Cerdán es el corralero de la Misericordia. Comenzó a ejercer el oficio en las fiestas de San Lorenzo de Huesca, junto a su padre y el empresario taurino Justo Ojeda, pero al tiempo aceptó el reto de remplazar a su tío en Zaragoza, compaginando los quehaceres de ambas ciudades. Así, a diferencia de ‘Pepito’, él no pasa la vida en las entrañas del coso, sino que va y viene en función de las necesidades.

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