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Zaragoza y sus calles

Una carretera entre dos barrios que ahora mira muy alto

Los vecinos de la avenida de Navarra, que tras la llegada del AVE sigue en constante mutación, piden una reforma integral que convierta esta arteria en un espacio ciudadano.

Actualizada 11/08/2018 a las 13:59


Vista por primera vez, quizá por un visitante, la avenida de Navarra puede parecer un lugar extraño, poco coherente al menos. En sus casi dos kilómetros de longitud cabe un ‘collage’ inacabado que incluye una zona residencial de familias obreras, un nudo ferroviario y de comunicaciones, un peculiar parque con historia y una zona de desarrollo urbanístico que va a cambiar en los próximos años el ‘skyline’ de la ciudad a base de torres de gran altura. En realidad, esta arteria de entrada a la ciudad nunca llegó a culminar su mutación de carretera a calle urbana, y los vecinos siguen reclamando una reforma que le dé una nueva configuración más ciudadana.

Cada uno de sus tramos ha evolucionado a su manera, y la mayoría de los zaragozanos de cierta edad recuerdan esos cambios. En el extremo más alejado a la ciudad, el centro comercial Augusta borró del mapa la antigua factoría de pilas y baterías Tudor –que dejó un regalo envenenado en sus suelos en forma de contaminación–. Los promotores de esta infraestructura comercial y de restauración ejecutaron el nudo Sicione, nombre de la firma inversora, que permitió enlazar el tráfico entre la Vía Hispanidad, la carretera de Logroño y la propia avenida de Navarra.

En esa zona y por aquella época (en el cambio de década entre los años ochenta y noventa), los vecinos de la Bombarda reclamaban al entonces alcalde, el socialista González Triviño, mejoras en las comunicaciones, la urbanización de sus calles o los servicios básicos.

"Delicias tenía entonces un gran problema de inundaciones, porque faltaba por hacer un colector de aguas residuales, que no se hizo hasta que se construyó el centro comercial de Augusta", explica José Luis Zúñiga, presidente de la Asociación de Vecinos Manuel Viola.

En cualquier caso, la llegada de infraestructuras en sustitución de fábricas e instalaciones obsoletas es una constante en la historia de esta arteria de la capital aragonesa. Mientras que Transportes Ochoa y la estación de ferrocarril de Caminreal dieron cabida a la nueva estación del AVE de Delicias, inaugurada en 2003, algo similar ocurrió con el antiguo acuartelamiento ferroviario de Las Delicias, derribado un año después.

El barrio del AVE

En el solar que ocupaba este edificio se ha comenzado ya a levantar la Torre Zaragoza, el que será el edificio de viviendas más alto de la ciudad. Con 106 metros, contará con 285 viviendas en sus 30 plantas, su silueta se podrá apreciar desde las afueras y solo le superará la torre de Telefónica, con sus 117 metros. El resto de construcciones son más pequeñas, como las torres del Pilar (95,13 metros) y de la Seo (89,50), Aragonia (78) o la Torre del Agua (76).

No es la única parcela que está calificada para construir sin restricciones de altura en la zona. El denominado barrio del AVE supondrá un impulso urbanístico en los próximos años que cambiará, una vez más, la fisionomía de la avenida de Navarra. Hoy ya cuenta con el centro de especialidades Inocencio Jiménez, y tras el parón de la crisis inmobiliaria, parece que pronto se reactivarán nuevas promociones en la zona.

Todo ello gracias a la nueva estación, un enorme inmueble sobre 188.000 metros cuadrados que dio la bienvenida al tren más rápido del país. En la fachada sur se conservó la antigua estación ferroviaria y se ejecutó una gran superficie diáfana que conecta con la propia avenida de Navarra con rampas y escaleras. Se proyectó un futuro museo del ferrocarril, que nunca vio la luz, y hoy este enorme espacio apenas es transitado.

Pero la avenida de Navarra ofrece mucho más. El parque del Castillo Palomar es uno de sus reclamos. Debe su nombre a la finca que la familia Palomar elevó en este peculiar montículo en 1880. La construcción tenía forma de castillo y un sinfín de arcos y ventanas de inspiración mozárabe. Se mantuvo en pie hasta los años 70, cuando los terrenos se cedieron al Ayuntamiento.

En la esquina opuesta del cruce con la calle Rioja destaca el antiguo mercado de pescado, el único inmueble catalogado por su interés arquitectónico. Fue inaugurado en 1960 y se mantuvo operativo hasta 1984, cuando se trasladó a Mercazaragoza. Se reconvirtió en centro cívico –con torre de ocho plantas incluida–, y entre otras actividades, por sus salas de ensayo y clases de guitarra pasaron algunos de los músicos más carismáticos de la ciudad.

Con todos estos ingredientes, y otros muchos en el tintero, Zúñiga reclama al Ayuntamiento "hacer un gran paseo", con "menos coches" para convertirla en "una avenida del futuro". A juicio del representante vecinal, "la gente del barrio está enfadada" ante la falta de actuaciones en una calle que lleva esperando muchos años una reforma integral.





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