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Zaragoza y sus calles

Calle del Coso (y II): cuando los vecinos de la Magdalena recuperaron su calle

Desde su reforma, en 2009, este tramo del Coso ha pacificado el intenso tráfico que separaba ambos lados del popular barrio zaragozano de la Magdalena.

P. Zapater Actualizada 31/07/2018 a las 17:56
Coso Bajo, en imágenes


En las Piedras del Coso, donde terminaba la ciudad según la inscripción colocada en el número 101 que así lo recordaba comienza el tramo popularmente llamado Coso bajo. Este primer punto de la vía contiene antiguos vestigios de la muralla que rodeaba la Zaragoza romana y sirvió como cantera para la construcción de nuevos edificios aprovechando restos de la vieja muralla, junto a los graneros de la ciudad y la antigua judería. En 2005, el Ayuntamiento de Zaragoza retiró la citada inscripción con la intención de preservarla y devolverla a su lugar una vez concluida la construcción de un bloque de viviendas, cuyas obras se iniciaron en 2007. Durante la demolición de la vieja casa que ocupaba este espacio se encontraron varios sillares de la muralla romana, al igual que ocurrió con el edifico contiguo, en el número 99, y la construcción quedó detenida hasta la fecha.

Antonio Tausiet, responsable junto al historiador José María Ballestín del Proyecto GAZA (Gran Archivo de Zaragoza Antigua) recopiló hace unos años una serie de fotografías sobre la desaparición de la placa y profundizó en la historia de las ‘Piedras del Coso’. "Un juicio sobre el asunto, celebrado en 1787, decretó en su sentencia que se colocase allí una inscripción: ‘Saxeus Hac Murus Veterisque Hic Terminus Urbis’ (Esta piedra del antiguo muro indica que aquí está el término de la ciudad)", relataba Tausiet.

Video:Zaragoza calle a calle Coso Bajo

Aparte de la carnicería abrió aquí, ya en el siglo XX, un quiosco de prensa, una peluquería y, ya peinando el nuevo milenio, Aduana, una tienda de prendas de piel. Hoy, el comercio sigue siendo uno de los puntos fuertes de la calle, con establecimientos que siguen abriendo la persiana desde hace casi un siglo, como la Antigua Casa Paricio, inaugurada en 1924. Durante décadas, esta tasca, una de las más antiguas de la ciudad, ha sido regentada por José Cabrera. Perduran todavía locales como La abacería, especializado en la venta de legumbres –su origen se remonta al año 1881– y Calzados Ricardo, zapatería fundada en 1925; y otros como Casa Amadeo, una pequeña librería a la que iban los niños del barrio a comprar tebeos, ya han desaparecido.

Las huellas del pasado se mezclan con las del presente camino del Coso bajo. La cocina viajera e internacional se degusta ahora en el restaurante Windsor, un local que antaño fue casa cuartel de la Guardia Civil de a caballo, y que antes que Windsor fue café de la Marianeta, Ideal y Romea. Hoy, en el Coso se encuentran establecimientos de todo tipo: una pulpería (O’cachelo), una tienda de productos ecológicos (Sin Huella) o bares como Policarpo y Colonial, entre otros negocios.

Entre los edificios que forman parte de su historia asoma la torre mudéjar de la iglesia de la Magdalena y el Real Seminario de San Carlos Borromeo, cuya iglesia fue construida sobre el solar de la antigua sinagoga en el siglo XVI. Menos visibles pero no menos importantes son los baños judíos que se encuentran en el sótano de los número 126-132. En el recuerdo quedan otros desaparecidos como la antigua Universidad de Zaragoza o la Puerta del Sol, derribada en 1868, en la confluencia de Echegaray y Caballero con el Coso. La Universidad fue volada por los franceses en 1809. En aquel desastre se perdió su biblioteca, destruida por completo. El centro universitario fue reconstruido aunque desapareció para siempre en 1973, tras hundirse su capilla. Estaba ubicada en el solar que hoy ocupa el IES Pedro de Luna.

Un "auténtico muro"

La reforma llevada a cabo en este tramo en 2009 permitió ampliar el espacio peatonal, construir un carril bici y renovar las infraestructuras subterráneas. "Se consiguió pacificar el tráfico porque hasta entonces la calle era un auténtico muro. Separaba por completo el barrio y, por ejemplo, ir a comprar el pan era toda una odisea", comenta David Arribas, portavoz de la Asociación Vecinal de la Magdalena Calle y Libertad.

"Es una vía en la que, desde el plano de la vecindad organizada, hemos intentado siempre dar la vuelta al exceso de tráfico para convertirla en un lugar más humano. Sus espacios son muy vividos por los vecinos", añade.

Arribas apunta que todavía se puede mejorar en materia de movilidad porque "se sigue circulando demasiado rápido". La vía aún soporta un tráfico elevado. De los 28,175 vehículos que circulan al día por la calle del Coso, 18.455 lo hacen por su parte baja, desde la calle de Espartero hasta Echegaray y Caballero.

Otro espacio ‘ganado’ por los vecinos es el conocido como solar del Conejo (esquina con la calle de Alcober): "Se ha convertido en un referencia y es un espacio que se utiliza en actividades como la hoguerica de San Antón y durante las fiestas del Pilar por colectivos sociales.

Los baños judíos que se salvaron de la piqueta

A principios del próximo año se espera abrir al público los baños judíos que se encuentran en el sótano de los números 126-132 del Coso. Hoy se conserva solo una parte de ellos y sus restos fueron trasladados piedra a piedra -estaban a la altura de la calle- a finales de los años 60 cuando se construyó en este emplazamiento un edificio de viviendas. Los baños judíos ya aparecen citados en documentos del siglo XIII y una de las referencias más antiguas es de 1266, cuando Jaime I concede sus rentas durante dos años para las obras del puente. Son el único resto monumental de la comunidad judía de Zaragoza y "juntamente con la Aljafería y el ábside de la Seo, uno de los más antiguos edificios medievales de la ciudad", recordaba el medievalista José María Lacarra en las páginas de HERALDO en 1965. P. Z.





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