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Ministerio de Defensa

¿Qué pasó en Zaragoza el 23-F?

El general Luis Pinilla, director de la Academia General Militar, ayudó a impedir que venciera el golpe de Estado. La historia de la zarzuela en el Teatro Principal con músicos militares. 

Actualizada 23/02/2018 a las 17:39
El general Luis Pinilla, director de la Academia General Militar de Zaragoza, en una foto de archivo en 2001, en Madrid.Carlos Moncín


El golpe de Estado del 23-F cumple este viernes 37 años, pero el paso del tiempo no ha ayudado a revelar a los ciudadanos todos los secretos de esa asonada de “una república bananera”, como la llegó a calificar el diputado socialista canfranqués Santiago Marraco (ex presidente del Gobierno aragonés 1983-87), que estaba en el Congreso de los Diputados ese día fundamental para la democracia.

Sorprende que pasados casi cuarenta años en medio de una democracia consolidada en una Europa occidental aún quedan historias por contar o que puedan abrir los archivos a hurtadillas.

Antes de morir, Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey, reconoció en una entrevista en HERALDO que quedaban "secretos" de la Transición por contar y él solo dejó sus notas a la familia. Recordaba entonces la noche del 23-F al lado del Rey y el primer acto oficial después del golpe de Estado que se celebró en la Academia General Militar, en medio de una jornada bastante tensa.

Todos los aniversarios recordamos la situación de Zaragoza y cómo vivimos el 23-F, pero pocos advierten que éramos una ciudad militar o militarizada y no insistimos en que nos fue un pelo vivir las escenas de Valencia, cuando los tanques salieron por las calles.

El periodista José Luis Gutiérrez cuenta en ‘Los ejércitos…más allá del golpe’ (Planeta, 1981) que aquella mañana del 23 era inusual porque a los regimientos de Las Navas (Infantería) y Valdespartera (Caballería) se les dio la orden de estar preparados, hasta con merienda y con los coches carburados.

Gutiérrez detalla que la prudencia y la habilidad del gobernador civil, Javier Minondo, pudieron evitarlo. El representante del Gobierno en aseguró que podía garantizar en todo momento el orden, y envió masivamente todas las fuerzas de Policía Nacional de que disponía, para proteger los edificios públicos.

El peligro de Capitanía y oficiales de la Brunete

El capitán general de la Región Militar, Antonio Elícegui, ordenó el acuartelamiento de todas las unidades, aunque al final de esa noche más larga de la historia de España, entre el rey Juan Carlos I y Sabino Fernández Campo conjuraron el peligro y lo convencieron para evitar la salida de los tanques a la calle. Un oficial que estaba en el edificio de Capitanía me contó que alguna llamada telefónica no se cogió porque el general estaba en otro piso del edificio y quizás nos libró de vivir la asonada de otra manera.

Todos los mandos de la División Acorazada Brunete se trasladaron desde San Gregorio, donde estaban de maniobras, hasta la Capitanía General y las autoridades civiles detectaron un intento de controlar Zaragoza o militarizarla, como ocurrió en Valencia.

Todos los militares fueron llamados a la Academia y sus unidades. Uno de ellos explica que el general Luis Pinilla los reunió en el salón de actos para explicarles que se fueran a su puesto en medio del golpe. "Pasadas las diez de la noche, el general Pinilla nos mandó a dormir a casa (a sus domicilios fuera de la Academia) o a las habitaciones de la Academia, que se habían preparado. Yo me quedé jugando al rabino hasta más allá de la una de la madrugada (¿sería por juego o por saber en qué iba a acabar el golpe?). Luego nos enteramos que los de Capitanía se habían ido a las diez de la noche porque debían saber ya que no iba a triunfar", detalla este oficial que fue nombrado por el general Luis Pinilla y lo ayudó entre diciembre de 1980 a abril de 1982.

Incluyo en esta entrada la entrevista al general Luis Pinilla el 25 de febrero de 2001, en la que explica por qué fue nombrado general de la Academia General Militar por Gutiérrez Mellado. Y aparece también la creación de la Fundación Luis Pinilla, que regenta un geriátrico cerca de la Puerta del Carmen y prepara en Anzánigo (Huesca) un proyecto de diálogo para que puedan hablar allí representantes de todas las religiones.

El general Pinilla retiró el retrato de Franco de su despacho en 1979 y fue el primer militar demócrata que rigió los destinos de la General. Había tenido a su cargo al coronel Jaime Milans del Bosch en la División Acorazada Brunete y fue escogido por Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, para regir los destinos de la institución militar porque conocía su trayectoria democrática desde sus tiempos en la Academia Forja y su apoyo a la Constitución. Menos mal que estuvo en sus manos.

La cultura ganó al golpe en la ciudad. El padre de Amaral era músico en la Academia

Pero Pinilla no tuvo que pelear por teléfono con el capitán general Elícegui para frenar la ola golpista con la División Acorazada Brunete a sus espaldas, sino que además ayudó a que la cultura venciera al golpe. Es un símbolo desconocido en Zaragoza entre civiles y militares, que no aparece en los anales ni archivos históricos.

En la Academia General Militar había dos formaciones musicales, la banda y “la música”, donde había unos 40 integrantes y era la más completa de Zaragoza. Fue dirigida por Pedro Raventós y hasta estuvo integrado por Isidro Amaral, el padre de la cantante Eva Amaral, según cuentan oficiales de la General.

“Hoy están fallecidos, tanto Pedro Raventós como Isidro Amaral, para que te pudieran contar lo que ocurrió esa noche”, explica un asesor del general Pinilla, al que cogió el golpe recogiendo a sus hijos en el colegio de Corazonistas. “Me llamaron a casa para ir a la Academia, como a todos. Y cuando llegué le pasaba algunas llamadas, pero otras no y del Teatro Principal no sé nada”, confiesa treinta años después la mano derecha del general Pinilla entre el 12 de diciembre de 1980 y el 14 de abril de 1982, cuando dejó la Academia.

El director del Teatro Principal, Ángel Anadón, estaba pegado a la radio y preocupado por el devenir del golpe de Estado, aunque miró por lo suyo, la función, y el público que se había desplazado a Zaragoza para ver la sesión nocturna. Descolgó el teléfono y llamó al director de la Academia General Militar, el general Luis Pinilla, para pedirle que los músicos se quedaran para la sesión de la noche después de participar en la de tarde (a las 19.00, poco después de la entrada de Tejero en el Congreso de los Diputados).

-Se da cuenta de lo que está pasando. Tengo la División Mecanizada Brunete a las puertas de Zaragoza (estaba de maniobras en San Gregorio y a punto de salir a la calle en Madrid) y usted me pide unos músicos –contestó Pinilla, muy contrariado con la situación que le tocaba lidiar más que con la zarzuela.

-Aquí ha venido mucha gente que ha venido de fuera a ver la función –replicó Anadón.

-Cuelgue y ya le llamarán -zanjó la conversación el general, cuando su teléfono ardía con llamadas desde Capitanía general y la Zarzuela para medir el alcance del golpe.

Pasaron unos cuantos y largos minutos, cuando se había formado un Gobierno provisional en Madrid, presidido por el ex gobernador civil de Zaragoza, Francisco Laína, un ayudante del general Pinilla devolvió la llamada a Anadón y le salvó la noche. Después de que los espectadores vieran la zarzuela de ‘Los Gavilanes’, esa noche pudieron contemplar, a pesar del peligro golpista, y escuchar ‘La Marina’.

“El general accede que estén en la función de la noche (fijada a las 22.45) si cuando acaban regresan a la Academia en unos coches militares que les enviaremos”, señaló el oficial. Pinilla acató la orden del capitán general Elícegui, aunque entrada la noche mandó a todos los acuartelados a dormir a sus casas o a las habitaciones preparadas en la Academia para frenar el efecto, sobre todo en los partidarios que había entre sus oficiales.

Pues la música debió causar la sensación de olvido. La zarzuela ‘Marina’ de Arrieta sonó para un público absorto con la música que parecía ignorar lo que ocurría fuera del Teatro Principal y condicionaba a todo el país. Ángel Anadón recuerda que nadie se pronunció “ni a favor ni en contra del golpe”. “Ni viva, ni muera Tejero, se escuchó. No pasó nada dentro ni fuera”, precisa.

“Fue un milagro”, confiesa el director del Principal, un personaje ligado con la historia del teatro zaragozano. “No conozco ningún otro teatro de España que estuviera abierto esa noche. Cerraron los cines. Nosotros, más que miedo, fuimos insensatos. Mucha gente no se enteró de la función, pero tuvimos bastante gente. Yo me dediqué a revisar la recaudación”.

Jorge, el personaje de la zarzuela, no paraba de brindar y cantaba: “A beber, a beber, a ahogar el grito del dolor, que el vino hará olvidar las penas del amor”. Y el coro le seguía: “A beber, a beber, a apurar las copas de licor, que el vino hará olvidar las penas del amor”. Esas canciones se escucharon la noche del 23 de febrero en Zaragoza como si preveían el resultado del día siguiente.

Cuando algunos militares aguaban sus penas por el casi fallido golpe de Estado en el bar del hotel Don Yo, los espectadores del Principal se refugiaron en sus casas para pasar la madrugaba desvelados con la radio.

“Esa noche nos quedamos con Fernando Baeta (periodista zaragozano) hasta las dos de la madrugada oyendo la radio”, rememora Anadón aquel día único en el Teatro Principal, cuando la cultura ganó al 23-F. “Cuando salí hacia mi casa no había nadie por la calle”.

Una exposición de la Guerra Civil en la Lonja

El 23-F perdió con la cultura en Zaragoza. El alcalde Ramón Sainz de Varanda, un abogado socialista y antiguo capitán jurídico del aire, estaba a punto de inaugurar la exposición itinerante de la Guerra Civil en el palacio de La Lonja, junto con el director general del Patrimonio Artístico, Javier Tusell. A pesar de los graves sucesos de Madrid, el acto continuó, aunque todo el mundo estaba más atento a  los transistores. El gobernador civil Francisco Javier Minondo, acudió a la inauguración.

El director general de Patrimonio, Javier Tusell, concedió ese día una entrevista a HERALDO (publicada el 26-F por lógicos motivos de un golpe de Estado que arrasó todo el papel), para anunciar que era inminente la llegada del Guernica de Picasso y los planes para la rehabilitación de La Seo, La Aljafería y el Teatro Romano. Sobre Tejero y el golpe de Estado, no se pronunció.





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