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Centro Penitenciario de Zaragoza (Zuera)

'Cartas de verano' para los presos de Zuera

Desde el pasado mes de agosto 50 voluntarios intercambian correspondencia con los internos del centro penitenciario de la mano de la ONG Bienestar Emocional.

10/09/2018 a las 05:00
Camino, Estela y Susana.C. Ivars


Durante las últimas semanas han llegado las últimas cartas dirigidas a un grupo de presos de la cárcel de Zuera, y que forman parte de la iniciativa 'Cartas de verano', que parte de la ONG zaragozana Bienestar Emocional para todos. Un grupo de medio centenar de voluntarios ha aprovechado el verano para iniciar correspondencia con una serie de internos, que ya han tenido la oportunidad de responder a sus remitentes.

"Tras el éxito de la primera iniciativa que tuvo lugar en diciembre con postales de Navidad, ahora, y aprovechando que en verano baja mucho la actividad y los voluntarios se toman sus vacaciones, decidimos recuperar esta actividad", explica Estela Millán, una de las integrantes de Bienestar Emocional.

Esta iniciativa va dirigida a un grupo de 50 internos que asisten cada semana a clases de Inteligencia Emocional y Mindfulness con esta organización. "Para ellos, recibir noticias del exterior y de gente a la que no conocen es como una bocanada de aire fresco", explica Millán, que asegura que desde su ONG creen firmemente en las segundas oportunidades: "Para lograr la reinserción es necesario que estas personas se sientan valoradas. Nosotros intentamos que se conozcan mejor a sí mismos y, sobre todo, que reconozcan sus errores".

Del mismo modo, asegura que todos los participantes parte de una base fundamental: "todos ellos tienen ganas de empezar una nueva vida, de empezar de cero". "Ellos ya están pagando por lo que han hecho. Cuando les conoces te das cuenta de que detrás de cada persona hay una historia tan increíble que entiendes por qué han acabado allí. Simplemente nunca pensaron que hubiera otra alternativa para ellos", afirma Millán.

En cuanto a las reacciones de los internos al recibir las primeras letras de los voluntarios, Millán asegura que el balance no podía ser más positivo. "Uno de los participantes, el día que recibió la carta, nos dijo que había sido su momento más feliz desde que entró en la cárcel", asegura.

Estas cartas de verano, han viajado hasta Zuera llegadas de rincones muy distintos. Desde Zaragoza, Jaca o Huesca, pasando por Madrid, Salou, Santander e incluso desde Nueva York. "Es fascinante ver el cambio que dan con el simple hechos de sentirse importantes. Para nosotros es importante transmitirles que merecen una vida diferente", concluye Millán.

Otra de las voluntarias de Bienestar Emocional, Camino Puyó, quien ha participado en sendas iniciativas, asegura que los internos siempre se sorprenden al recibir una de estas cartas: "A veces no creen que pueda haber personas que quieran escribirles, porque se sienten lo último de la sociedad". "Para mí no son más que seres humanos que se han equivocado, como todos lo hemos hecho o lo podemos llegar a hacer alguna vez en la vida", añade.

Escribir para un lector anónimo

Durante los días previos a la recepción de la carta, las voluntarias aseguran que los nervios se palpan en el ambiente. Nervios por saber quién se encontrará al otro lado, sobre qué tratará la carta, qué temas abordarán… algo que también ocurre al otro lado. "Cuando comencé a escribir la carta no sabía muy bien qué enfoque darle. Intenté hablar de cosas no muy concretas porque no sabía cómo enfocarla. Sin embargo, la respuesta me ha sorprendido", explica Susana Luca, una de las personas de Zaragoza que ha participado en el intercambio de correspondencia.

"Ha sido muy sincero y ha reconocido que lamenta todo lo que ha hecho", asegura, al tiempo que recuerda como lo primero que hizo fue compartir la carta con sus padres. "Ellos ven esta actividad con cierta inseguridad, pero al leerles su carta entendieron que estaba haciendo algo bueno por alguien", resume.

En el caso de Oracio Felipe, otro de los participantes de Zaragoza, asegura que ha sido una experiencia muy gratificante. "Escribir para un lector anónimo es algo muy particular porque se trata de una persona que se encuentra privada de su libertad. Por eso, hay que palabras muy directas y lograr darle la visión de un mañana prometedor, eso sí, sin caer en utopías ni divagaciones", relata. "Creo que ha sido una experiencia muy bonita", resume.





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