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Senderismo

Bosques refrescantes contra el calor veraniego

Los senderos que recorren los bosques frondosos garantizan siempre atractivos paisajes, pero en medio del verano aún se hacen más llamativos para aprovechar su sombra.

Gil Sánchez 01/09/2018 a las 05:00
Hayedo en las proximidades de la fuente de la Teja, en el Parque Natural del MoncayoPrames


El sol y el calor suelen ser citados como alicientes del verano, pero cuando aprietan también obligan a buscar la sombra y el fresco. Por eso, para disfrutar al aire libre de los días calurosos nada mejor que aprovechar los bosques de Aragón, que suman el atractivo de sus paisajes y el acercamiento a la flora y la fauna con un ambiente más cómodo para aliviarse del bochorno.

Las copas de los árboles no solo tapan el paso del sol, como cualquier otro objeto, sino que enfrían el aire a su alrededor por el efecto de evapotranspiración y hacen subir así el nivel de humedad del aire. El follaje de los árboles hace la temperatura del aire unos cuatro grados más fresca y, en estudios sobre la influencia de los árboles en el clima urbano, se ha medido que la temperatura del asfalto a su sombra puede ser hasta 20ºC más baja que a pleno sol.

El efecto final sobre la temperatura dependerá también de distintos factores interrelacionados, como la altitud, el relieve, la presencia de agua, la composición del suelo o, de modo relevante, la orientación, ya que las laderas orientadas hacia el norte son más umbrías y húmedas. Así se forman dentro de cada bosque ‘microclimas’ con zonas diferenciadas en el tipo y espesura de la vegetación.

Bosques variados

Dada la variedad de su geografía, Aragón reúne casi todas las formaciones vegetales y se pueden destacar un largo número de bosques refrescantes, especialmente agradables en los meses de calor, a lo largo y ancho del territorio.

El Pirineo ofrece desde luego excelentes ejemplos, pero también el Moncayo, con su destacada altura en el sistema Ibérico, favorece que se hayan desarrollado bosques más propios de una influencia atlántica. En las sierras turolenses, distintos tipos de bosques contrastan con la dureza del entorno continental e incluso en la depresión del Ebro destacan densas manchas verdes.

Sin desdeñar el atractivo de otras zonas de arbolado adehesado, monte bajo o campo abierto, como opción excursionista para el verano Aragón resalta porque no solo ofrece numerosos bosques refrescantes, sino también bosques muy variados debido a su vegetación característica.

Los abetales aseguran lugares húmedos y umbrosos a lo largo de todo el Pirineo, con ejemplos como la selva de Villanúa, el puerto de Sahún o Senarta. También los hayedos son sinónimo de bosques frescos, de ambiente misterioso, con parajes tan conocidos como Linza, Oza, Gamueta, el Betato, Pineta... Fuera del Pirineo, el hayedo de la Dehesa del Moncayo es uno de los tesoros de este parque natural. Con frecuencia, las dos especies prosperan juntas, dando lugar al hayedo-abetal como formación característica del alto Pirineo.

El pinar de pino silvestre es la especie que cubre más superficie forestal, pero en las zonas de alta montaña y en los lugares donde recibe más humedad forma los llamados pinares musgosos, donde las lluvias o nieblas permiten que, en efecto, se desarrolle abundante musgo y un bosque fresco, con especies características como las hepáticas o las fresas silvestres. La cabecera del río Osia, la cara norte de Peña Oroel, las umbrías de la sierra de Vicor o de Puy Moné, o en Teruel el puerto de Orihuela del Tremedal son muestras destacadas.

Agudizar los sentidos

Las distintas especies de pinos, sobre todo procedentes de exitosas repoblaciones, dominan en más del 57% de los bosques aragoneses, así que la lista de pinares que destacan por su extensión y calidad es larga por todo el sistema Ibérico y el valle del Ebro. En la sierra de Gúdar, al ascender desde Mora de Rubielos a Alcalá de la Selva se van sucediendo en altura el pinar de rodeno, el negral y el albar, en la que está reconocida como una de las mejores muestras de la variedad de pinos que crecen en la península.

Entre las especies autóctonas, el quejigo es un tipo de roble que ocupa altitudes medias formando extensos bosques. En numerosas zonas, las talas continuas lo han reducido a matas de escaso porte, pero el abandono rural ha propiciado la recuperación de amplios quejigales jóvenes que, en las zonas húmedas, se acompañan de otras especies como cerezos, fresnos, mostajos, bojes y gayubas. Así se puede ver en los montes de poblaciones como Nocito, Calcena y Cantavieja.

El relieve también contribuye a crear bosques frescos bajo las paredes verticales y en los barrancos. Por ejemplo, la umbría de las paredes rocosas de la peña de San Cosme dan un carácter único al encinar del Plano, en el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. El cañón de Añisclo es un ejemplo del fenómeno de inversión térmica, por el que las especies arbóreas intercambian sus posiciones en altitud. Así, las encinas, que deberían ocupar las partes bajas de las laderas, buscan el sol en lo alto de los peñascos, mientras que en el oscuro fondo, donde la temperatura es grados inferior, prospera un rico bosque mixto al amparo de la sombra.

A la sombra de cualquier bosque solo queda caminar tranquilo y agudizar los sentidos para descubrir plantas, pajarillos, insectos, rastros de mamíferos... y mil rincones que seguro serán un aliciente más en un paseo refrescante.

Los sotos fluviales

Dentro de los bosques refrescantes, hay que resaltar los bosques de ribera, ya que el agua permite el desarrollo de una exuberante vegetación incluso en las zonas de condiciones más rigurosas y forman densas selvas de gran biodiversidad a lo largo de las orillas, que incluyen espacios protegidos como la Reserva Natural Dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro. Chopos y álamos son las especies características y, junto con otras como el sauce, el fresno y el tamariz, forman arboledas de gran atractivo y valor ambiental en todas las comarcas aragonesas.

Los bosques más singulares

Pinares, encinares, hayedos... las especies dominantes dan su nombre al bosque. Así, en algunas ocasiones, especies habitualmente acompañantes pasan a ser las protagonistas, formando sus propios bosques. En la sierra Gorda de Fuendetodos, los estrechos cañones kársticos han permitido que crezca un bosquete de almeces y arces. Los tejos, oscuros y sombríos, forman bosques en el barranco de Crapera, en Bujaruelo, o la Canal de San Miguel, en Valderrobres. Cerca de los cursos de agua, aparecen avellanares (Moncayo, Linares de Mora)... Pero dentro de este grupo, el pinsapar de Orcajo es una auténtica curiosidad, ya que esta conífera limita su distribución natural a sierras andaluzas y marroquís donde la pluviosidad dobla la de este lugar de Campo de Daroca. Es fruto de una repoblación de principios del siglo XX que sorprende a los especialistas por su vitalidad.

De un vistazo
  • El arbolado siempre asegura una temperatura más fresca. Las laderas orientadas hacia el norte, los llamados pacos, serán aún más umbrías.
  • Para plantearse una excursión por el bosque, las rutas marcadas no solo ofrecen orientación, sino que también garantizan acercarse a los parajes más destacados.
  • Es fundamental que nuestro comportamiento en el bosque ayude a prevenir los incendios forestales. No olvidar nunca normas básicas como no arrojar basuras o no circular fuera de los caminos autorizados.

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