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¿Pagar por escalar en los Pinares de Rodeno?

La “masificación” que, según el alcalde de Albarracín, se produce en este lugar ha llevado a contemplar crear un permiso de escalada. 

Pinares de rodeno de Albarracín.
Antonio García

El Espacio Natural Protegido Pinares del Rodeno, dentro de los términos municipales turolenses de Bezas, Gea de Albarracín y Albarracín, es un punto de referencia a nivel europeo para la práctica de la modalidad de escalada libre denominada búlder (del inglés boulder -bloque-). Reconocido como el segundo lugar de Europa más importante para disfrutar de esta modalidad no es de extrañar que sus rocas atraigan a cientos de escaladores cada año. Una atracción que, en palabras del alcalde de Albarracín, Michel Villalta, provoca “una masificación de escaladores en determinadas épocas del año, que produce un impacto medioambiental en este Espacio Natural, que coincide con la delimitación del Parque Cultural de Albarracín, que alberga pinturas rupestres declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco”.

Por este motivo la administración local pretende, tras primeramente estudiar y delimitar la zona, “ordenar y regular la escalada en este Espacio Natural”, lo que podría finalmente derivar, tras la construcción de diversos servicios para los escaladores, en la creación de un “permiso de escalada”, como lo ha denominado Villalta, “que se ha considerado que podría tener un coste de alrededor de 4 euros el pase diario y de 60, el anual”.

“Pero poner un precio será la última fase, lo primero que se ha planteado es, con ayuda de los escaladores, delimitar cuántos escaladores puede haber por zona”, explica el mismo. “Este aforo, de hecho, se puede controlar de dos formas: controlando los accesos a los aparcamientos (nosotros tenemos tres) o a través de un permiso de escalada. Este último se podría considerar como un aprovechamiento del monte de utilidad pública, como puede ser la madera o la recogida de setas, y aunque no hay precedentes a nivel nacional, sí que existe en otros países”.

“La idea, además, es que los ayuntamientos que conforman el Espacio Natural tendríamos que dar una contrapartida, es decir, dar algunos servicios”, asegura Villalta. “Hemos hablado con los representantes de escaladores y nos han comentado que sería interesante crear una especie de ‘casa del escalador’, en la que haya unos servicios, vestuarios, y duchas, además de un servicio de lavandería y una zona de descanso, con la idea en un futuro de hacer una escuela de búlder”.

“Los aforos no solo para los escaladores, sino para todos los visitantes”

Fue el salón de plenos del ayuntamiento de Albarracín el escenario del primer encuentro oficial entre las administraciones locales de Bezas, Gea de Albarracín y Albarracín, el departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, una representación de la delegación de Escalada Sostenible en Albarracín y la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM) en el que se expuso esta cuestión. Un encuentro al que acudieron dos representantes de la FAM: Pedro Gracia, vicepresidente por Teruel, y Modesto Pascau, responsable de Accesos y Naturaleza, que pusieron de relieve la importancia de “primeramente realizar unos estudios con los que establecer unos aforos” y que en “estos aforos no solo se tenga en cuenta a los escaladores, sino a todos los visitantes de esta zona”.

“Los Pinares de Rodeno atraen a escaladores de esta modalidad procedentes de toda Europa, pero también a otros como seteros, senderistas, visitadores del Parque Cultural y fotógrafos de animales. Por tanto, no solo los escaladores ejercen presión sobre ese medio, sino todos los que se sienten atraídos por este maravilloso lugar”, indica Pascau. “Por eso, lo primero que se debe realizar son unos estudios en los que se establezca un aforo, pero no solo para los escaladores, sino para todos los visitantes. Además es algo a lo que estamos acostumbrados en otras zonas de Aragón, como pueda ser Ordesa, donde el aforo se establece para todo tipo de público y no solo los que van a realizar determinada actividad”, continúa el mismo. “Asimismo, también es reseñable el hecho de que no solo es un problema de cantidad de gente sino de calidad, es decir, del comportamiento de la gente en la naturaleza”.

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