Fomento prevé abrir la N-232 en febrero pese a los problemas en un viaducto

El Ministerio ha reforzado los trabajos para que la carretera pueda entrar en servicio a la mayor brevedad.

Las obras de mejora de la carretera N-232 a su paso por Monroyo, todavía sin terminar.
javier de luna

El Ministerio de Fomento mantiene febrero de 2019 como fecha de apertura de los 14 kilómetros de la carretera N-232 (Santander-Vinaroz) entre el cruce de Ráfales y el Límite con la provincia de Castellón a pesar del fallo detectado en uno de los viaductos, el de San Bernardo, de 300 metros de longitud, situado en el término municipal de Torre de Arcas.

El puente todavía no ha sido estabilizado un año después de que se advirtiese un desplazamiento en uno de los apoyos sobre los que se sustentan las vigas. Varios movimientos de tierras habrían hecho que la estructura se desplazase 9 centímetros, imposibilitando así su definitiva conclusión y puesta en marcha del nuevo tramo carretero.

Durante los últimos meses se ha procedido a inyectar decenas de metros cúbicos de hormigón para intentar estabilizar el muro Sur del puente, cuyo terreno arcilloso habría cedido provocando el desplazamiento. Todo ello después de una primera e infructuosa maniobra de pivotaje, llevada a cabo con la intención de corregir la trayectoria de las vigas.

El viaducto de San Bernardo fue inicialmente diseñado para tener 5 puntos de apoyo, sin embargo finalmente se decidió dotarlo con tan solo 3 pilares. Fuentes de la Subdelegación del Gobierno en Teruel, tras contrastar los datos con el Ministerio de Fomento, confirmaron que el próximo mes de febrero sigue siendo la fecha de apertura prevista para el nuevo vial. Las mismas fuentes reconocieron los imprevistos registrados en los últimos meses y confirmaron que se han reforzado los trabajos para subsanar los problemas en la mayor brevedad posible.

"Llevamos años padeciendo"

El alcalde de Torre de Arcas, Juan Carlos Arrufat, mostró su confianza en que a primeros del próximo año la carretera entre en servicio. "Llevamos padeciendo estas obras muchos años y ya llega el momento de que el nuevo tramo sea una realidad", dijo.

Otro foco de preocupación para los ingenieros son los desprendimientos en los taludes de los muros de las trincheras por las que discurre el vial. La verticalidad de las laderas habría ayudado a agravar el problema. Cabe destacar el derrumbe ocurrido en el talud Sur del túnel de Monroyo en febrero de 2017, así como un desprendimiento ocurrido la pasada primavera cerca del cruce con La Cerollera.

 Pese a que la inversión inicial se situó en 54 millones de euros, es previsible que las incidencias hayan aumentado considerablemente un importe final que todavía no ha trascendido.

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