El tradicional pesaje reunió a 31 bebés en la fiesta de la Virgen de Torreciudad

La antigua balanza pesó aceite, tomate rosa de Barbastro, arroz, sidra, vino, jamón, cava y productos de la huerta.

Pesaje de Mía Isabel Durán, de Artasona, en compañía de su familia y el obispo Ángel Pérez.
Heraldo

El santuario de Torreciudad revivió este domingo una de sus tradiciones más entrañables: el pesaje y presentación de niños nacidos en el último año. En total fueron 31 bebés, 17 niñas y 14 niños, con edades comprendidas entre los 20 días de vida del oscense Ignacio y los 12 meses del barcelonés Pablo.

El obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, presidió los actos de la festividad de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad, que se celebra el domingo posterior a la festividad de la Asunción de Santa María y la que se enmarca esta tradición.

Después de la misa, el obispo recibió a las familias con los bebés, que se ofrecieron a la Virgen en una canasta de mimbre colocada en uno de los brazos de una antigua balanza. Los padres igualaron el peso de la criatura en el otro brazo con productos de sus lugares de origen. Este año han participado familias de las cercanas poblaciones de Artasona, Barbastro y Huesca. También acudieron veraneantes en la zona procedentes de Madrid, Barcelona, Valencia, Pamplona, Bilbao, Zaragoza, San Sebastián, Molinos (Teruel) y la pequeña Angie, residente en Londres.

En esta ocasión, la antigua balanza pesó aceite, tomate rosa de Barbastro, arroz, sidra, vino, jamón, cava, arroz, sandías, melones, patatas y varios productos de huertas aragonesas y catalanas. Estos alimentos se distribuyen entre familias necesitadas de la zona en colaboración con Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón. Los actos terminaron con el popular reparto de La Caridad, piezas de torta elaborada en el horno de Secastilla y vino elaborado en la pedanía de Ubiergo y servido en porrones.

Al inicio de la jornada, el alcalde de Secastilla, Ángel Vidal, en representación del municipio en el que se ubica el santuario, presentó al obispo una reliquia del beato Florentino, obispo mártir de Barbastro que él entregó al rector de Torreciudad, Pedro Díez-Antoñanzas, para exponerla a la veneración de los peregrinos.

En la homilía, monseñor Pérez agradeció la presencia de los parroquianos de Bolturina-Ubiergo, Secastilla y La Puebla de Castro, encabezados por su párroco, José Mairal. Explicó una expresión que le es muy querida, "que un santuario es como la marca blanca del cielo", y recordó que "la fe de nuestros antepasados, que enseñaban a sus hijos a decir papá y mamá primero con minúsculas y luego con mayúsculas, encauza el amor a la Virgen como camino para llegar a Dios".

Al término de la celebración, las familias recorrieron en procesión desde el templo hasta la antigua ermita el sendero de los Dolores y Gozos de San José. Mientras rezaban el rosario, acompañaron la imagen peregrina de la Virgen de Torreciudad, réplica de la original, adornada con flores y sobre unas andas.

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