CORONAVIRUS

Cliu: una mascarilla tecnológica de diseño oscense y expansión internacional

Álvaro González, nacido en Huesca y residente en Italia, forma parte de un grupo multidisciplinar de jóvenes que han desarrollado un tapabocas inteligente y que no solo protege del coronavirus.

La mascarilla puede encargarse en varias tallas y colores.
Cliu

El coronavirus sigue entre nosotros, repiten los expertos virólogos, las autoridades sanitarias y los gobiernos. En España, más de un centenar de rebrotes ponen en jaque la nueva normalidad instaurada desde el pasado mes de mayo, y los retrocesos de fase ya están en marcha en amplias zonas de Aragón y Cataluña. Por ello, la mascarilla se ha convertido en un artículo indispensable en nuestro día a día, y no llevarla en público conlleva sanciones de hasta 100 euros. Pero las quejas por la incomodidad de usarla con altas temperaturas, la sensación de ahogo y otros inconvenientes asociados a ella podrían tener los días contados.

Un oscense está detrás de una nueva mascarilla que acabaría con los hándicaps de estos tapabocas. Una mascarilla transparente, inteligente, tecnológica, totalmente personalizable y de diseño elegante que pretende llegar para quedarse, y no solo por el coronavirus. “Cliu no es solo una mascarilla, es la respuesta a una demanda de normalidad, dedicada a aquellos que quieren volver a respirar profundamente y vivir libremente, con total seguridad”, explica Álvaro González, nacido en Huesca y residente en Palermo (Italia), y que forma parte del grupo multidisciplinar italo-español de jóvenes con experiencia en el campo del diseño, las nuevas tecnologías y la innovación que han desarrollado este producto durante el confinamiento..

No en vano, este prototipo presenta un frontal transparente, completamente hermético gracias a los imanes que lo mantienen cerrado, que permite mostrar la boca y las expresiones del rostro para volver al nivel de intercomunicación anterior a la pandemia, al tiempo que, según sus creadores, “no excluye a nadie de dicha intercomunicación, porque las personas sordas o con dificultades de audición pueden recibir la información necesaria para participar en una conversación sin problemas”.

En esta misma línea, también consta de un recubrimiento antivaho que evita que la mascarilla se empañe con la respiración e impida comunicarse con libertad. Además, los imanes permiten abrir el frontal para comer o beber y volver a cerrarlo herméticamente al acabar.

La mascarilla Cliu permite ver las expresiones de los interlocutores.
Cliu

Su versión Pro está equipada con bluetooth, micrófono y sensores integrados, que, junto a una aplicación exclusiva, “ayudan a prevenir la aparición de enfermedades respiratorias mediante la monitorización del estado de la respiración y la calidad del aire”. Por ello, explica González, esta mascarilla es “útil para alérgicos o personas con problemas respiratorios, que pueden protegerse de los alérgenos y de la contaminación ambiental sin riesgo alguno para su salud, ya que sus filtros de carbón activado impiden inhalar las partículas nocivas que de otro modo se respirarían en cualquier ciudad”.

"Los datos y la tecnología juegan un papel clave en la prevención de nuevas enfermedades -explica por su parte Dario Gattuso, director de Tecnología de Cliu-, y por ello puede ser vital tener información en tiempo real sobre nuestro estado de salud".

"Esta mascarilla también es útil para alérgicos o personas con problemas respiratorios, que así pueden protegerse de la contaminación del aire"

Además, gracias a la aplicación descargada en el teléfono móvil, el usuario puede verificar en todo momento el correcto funcionamiento de su mascarilla, conocer el estado de consumo de sus filtros de carbón activado y acceder a información en tiempo real sobre su salud, como los latidos de su corazón o la calidad de su respiración.

La mascarilla cuenta también con una estación de carga con un sistema de luz UV integrada especialmente, que la recarga en menos de una hora y elimina virus y bacterias.

Una idea a varias manos

Cuenta González que en pleno confinamiento en Italia, en la época más dura de la escalada del coronavirus, su pareja y él, ambos diseñadores, le daban vueltas a la idea de aportar algo para ayudar, en forma de pantalla o mascarilla, pero no tenían una idea concreta en la cabeza. Entonces, un amigo de Simona Lacagnina, la novia de Álvaro, les llamó para proponerles unirse a un proyecto que estaban desarrollando otros compañeros: una mascarilla tecnológica. Y así, cada uno se puso a trabajar en su área y más o menos un mes después, “cuando ya hubo un concepto sólido”, entre todos diseñaron la estrategia de comunicación, crearon una página web, definieron el producto y hablaron con empresas, universidades y expertos para poner en marcha el proyecto.

El ‘crowdfunding’ les ha permitido comprobar la repercusión que tiene su idea, y su objetivo de llegar a los 100.000 euros recaudados para poder empezar la producción de las mascarillas Cliu está cada día más cerca. De hecho, calculan que a finales de agosto, cuando termine la campaña, se habrá alcanzado la meta, ya que apenas les queda una cuarta parte de ese dinero por conseguir. De este modo, en octubre las primeras mascarillas ya estarán listas para ser distribuidas.

En este sentido, Álvaro González quita miedo a la inversión: “El cliente hace una precompra, y con ella consigue que la campaña siga adelante. Si llegado el caso, al final del tiempo estipulado, no se hubiera logrado el reto de 100.000 euros, su pago se desbloquea al instante y el cliente recupera su dinero. Pero si se llega reunir esa cantidad, el proyecto seguirá adelante y la fabricación de las mascarillas ya se pondría en marcha”, explica. El precio de la mascarilla oscila entre los 90 y los 250 euros, y existe la posibilidad de acceder a descuentos y bonificaciones, así como encargar paquetes para empresas, ya que la mascarilla es personalizable. Ya no solo combinando sus cinco colores originales, sino incluyendo logos o marcas en su carcasa, e incluso acceder, más adelante, a alguna de las “versiones de artista”, con colaboraciones con diseñadores y creadores, “de momento italianos”, explica este oscense.

Materiales sostenibles y reciclables

La campaña ha traspasado fronteras y ha llegado a diversos países como Estados Unidos y Japón, donde cuenta González que la mascarilla está teniendo gran éxito, e incluso la revista ‘Forbes’ se ha hecho eco del proyecto.

"El diseño es cultura cuando transmite ideas, valores y principios (...) combinando funcionalidad estética y sostenibilidad"

Los creadores de Cliu insisten en que no es una compra de pocos usos, sino que la máscara fue concebida y diseñada para su uso a largo plazo con materiales sostenibles y para ser fácilmente reciclada al final de su ciclo de vida, gracias a una patente de la Universidad de Siena (Italia) y con la colaboración de Siena BioActive, un spin-off del Departamento de Biotecnología de dicha institución académica. “Y evita el impacto ambiental consiguiente al uso y abuso de millones de mascarillas desechables”, explican.

"El diseño es cultura cuando transmite ideas, valores y principios, define la calidad de los productos, servicios y procesos, combinando funcionalidad, estética y sostenibilidad", comenta Simona Lacagnina, diseñadora de productos. A su juicio, "un producto debe ser diseñado para durar en el tiempo, y al final de su ciclo de vida, para ser desmontado de manera que cada parte de él encuentre un nuevo uso".

Añaden los creadores de esta mascarilla que la financiación colectiva en la plataforma Indiegogo, además de permitir la puesta en marcha de la producción de Cliu, contribuirá a la instalación de una barrera en el río Arno, en Italia, que detendrá 20 toneladas de desechos plásticos al año, que de lo contrario estarían destinados a terminar en el mar.

Más información en http://cliu.it

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