Sancionan a cinco locales de juego este año por permitir la entrada de menores de edad

Cada vez hay más jóvenes que pactan con mayores de 18 años para poder apostar en los salones o lo hacen ‘online'.

Máquinas tragaperras en una imagen de archivo.
Heraldo.es

La DGA ha abierto ya este año hasta noviembre cinco expedientes sancionadores a locales de juego por la presencia de menores en su interior. Es el mismo número de los que se iniciaron en 2017 como fruto de las alrededor de 1.200 inspecciones de control anuales que la Unidad de Policía Adscrita a la Comunidad realiza a los 130 establecimientos en los que se puede apostar en la actualidad en la Comunidad (hay 115 salones, 11 bingos, 3 locales de apuestas y un casino). 

Pero la cifra real de chavales de menos de 18 años que desafían a la suerte es mucho mayor que los menores detectados en estos salones. Unos piden que apuesten por ellos a los mayores de edad, que incluso hacen negocio con esta treta, y otros tientan al azar en internet facilitando el DNI de cualquier adulto o familiar o a través de algún grupo que se organiza por las redes sociales.

La cantidad de posibles multas por el acceso de menores no ha variado sustancialmente desde 2015, ejercicio en el que se instruyeron 9 expedientes sancionadores, a los que siguieron 8 en 2016 y 5 en 2017 y 2018. En un estudio llevado a cabo este año por la Facultad de Ciencias Sociales y Trabajo de la Universidad de Zaragoza sobre ‘Juegos de azar en el mundo adolescente’, en la observación de un local de apuestas de Zaragoza durante un viernes se comprobó que había al menos tres menores a las 13.00 y que en varios momentos faltaba personal en el puesto de control.

Lo que sí se ha multiplicado es el número de expedientes. Frente a los 10 que se registraron en 2014, se cerró 2015 con 62, 2016 con 197, el año pasado con 186 y en lo que va de 2018 ya suman 70.

La directora general de Justicia e Interior, María Ángeles Júlvez, achacó esta llamativa caída a que han disminuido las sanciones por fumar (de 63 el año pasado a las 21 del actual) y no a que se haya bajado la guardia. Otras causas habituales que se ‘castigan’ son la falta de control en la entrada, el acceso de autoprohibidos y la no actualización diaria del fichero en el que se inscriben, el incumplimiento de los horarios, la entrega de bonos de dinero en efectivo y la publicidad no autorizada.

Menores en terapia

Azajer (Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación) atiende a una decena de chicos de 16 y 17 años en su programa terapéutico, que suponen un 6,5% de los alrededor de 150 que siguen este tratamiento. La presidenta de la entidad, Esther Aguado, alerta también de que un 70% de sus usuarios están en un rango de edad entre los 18 a los 26 años. A estos casos de adicción hay que sumar la atención que se presta a más de 200 familiares (parejas, hijos, padres), más las pautas e intervenciones con otros allegados y personas del entorno. Para los menores las sesiones son individuales, nunca grupales, «para preservar su privacidad y porque se sienten más a gusto, ya que son niños que casi no entienden ni cómo se han enganchado», explica.

En opinión de Aguado, las falsificaciones de los carnés de identidad están dejando paso a las apuestas vía internet. «Es fácil acceder a cualquier operador, el único filtro lo pasan con el carné de uno de sus padres y la mayoría de las veces el número de su móvil está asociado al de ellos y también a su tarjeta bancaria. Cuando llegan aquí es cuando ya salta la ‘bomba’ de importantes cantidades gastadas o deudas», explica.

Falo García, coordinador de proyectos de la Fundación para la Atención Integral del Menor (FAIM), apunta que otra práctica con la que se han encontrado son las apuestas en un grupo organizado en una red social que lidera un mayor de edad. «Son foros de hasta 80 personas, que no se conocen entre sí, en los que los chicos ponen poco dinero cada día pero que entre todos pueden llegar a juntar 2.000 euros al día», apunta. Las situaciones que llegan a la FAIM no tienen que ver directamente con una «conducta abusiva» del juego, sino con reacciones problemáticas en la familia o el colegio tras las que muchas veces se esconde también este problema.

Aguado y García coinciden en la necesidad de que los padres estén «más informados», «no normalicen» con su conducta los pequeños gastos en este sector y sepan todas las posibilidades de los juegos más populares.

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