Un requisito irrenuciable

Los primeros cien días de Pedro Sánchez dejan un sabor agridulce en Aragón.

Pedro Sánchez ha felicitado al equipo a través de su cuenta de Twitter.

Los primeros cien días de Pedro Sánchez al frente del Ejecutivo nacional no han servido para avanzar en el nuevo modelo de financiación autónomica. Al margen de las grandes cuestiones nacionales, en especial el problema catalán, urge que el Gobierno tome en consideración la realidad presupuestaria a la que se enfrentan comunidades como Aragón, sin posibilidad de maniobra para mejorar sus servicios básicos o para atender con garantías las muchas particularidades que existen en el territorio.

Un balance irregular, con sabor agridulce, así podrían calificarse los primeros cien días de Pedro Sánchez al frente de su Ejecutivo. Sin haber abordado el problema de la financiación autonómica, Aragón continúa enfrentándose a un modelo injusto que lastra sus posibilidades de crecimiento. Sánchez, que se justificó en su toma de posesión al asegurar que carecía del tiempo y de los apoyos necesarios para reformar el modelo, ignora que un incorrecto sistema de financiación solo profundiza en las desigualdades. En cualquier caso, conviene reconocer que en materia de infraestructuras –un claro factor de reequilibrio territorial– el nuevo Gobierno ha tomado en consideración la importancia estratégica que posee el corredor Cantábrico-Mediterráneo, una iniciativa que ha sido convenientemente respaldada para obtener la imprescindible ayuda europea.

Al margen de las actuaciones en infraestructuras, donde también hay que incluir el impulso a la A-68, de Fuentes a Valdealgorfa, y el respaldo al embalse de Yesa, no se puede ignorar el mensaje de incertidumbre lanzado contra el futuro de la central térmica de Andorra. El cierre, que supondría el despido de más de 580 trabajadores y afectaría a otros 4.000 empleos indirectos, ataca directamente al futuro de las cuencas mineras. Los grandes mensajes, como el guiño lanzado a Cataluña en detrimento a Aragón por las pinturas murales de Sijena y el Patronato del Archivo de la Corona, requieren de una mayor reflexión y prudencia política.

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