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Opinión

Independentismo ocultadizo

El nacionalismo aragonés ha sido y será siempre muy minoritario y, como todos los del género, peca porque tiende a apropiarse en exclusiva del amor por Aragón.

Guillermo Fatás 09/09/2018 a las 05:00
La bandera de Aragón con su escudo en el centro.Juan Carlos Arcos


Fernando Savater clasifica los nacionalismos no en buenos o malos, sino en graves o leves. Idea feliz. Los españoles de mi edad fuimos educados en sentimientos nacionalistas, pues implicaban exaltación e hipérbole. Aquella excitación ideológica resultó una buena vacuna: muchos aprendimos la diferencia entre nacionalista y nacional, análoga a la que puede haber entre imperialista e imperial.

Labordeta no era nacionalista

De ahí que sospeche del nacionalismo aragonés, criatura que, aunque desmedrada, vive picos ocasionales de cierto éxito. Por esa inflamación pasó el PAR, que llegó a pactar con el PNV y se propuso hacer de Aragón una ‘nacionalidad’. Lo superó la Chunta Aragonesista (CHA), hoy parte (vistosa, pero mínima) de un gobierno autonómico, para remedio de las escaseces aritméticas del PSOE.

Paradójicamente, José Antonio Labordeta, la figura más decisiva de CHA, no era nacionalista. No lo proclamaba, claro, pero no lo escondía: "-¿Es usted nacionalista? -No. Soy muy internacionalista", respondió en 2007 el diputado arquetípico de CHA a un periodista madrileño. Y aclaró que ya había estado antes en el Partido Socialista de Aragón, con el Partido Comunista y con Izquierda Unida, sin exigirse grandes rigores programáticos. Fue maná para la Chunta.

La Ley de actualización de Derechos Históricos de Aragón, recién aprobada por las Cortes autonómicas, es un triunfo político (e inútil) de CHA que deja en evidencia a quienes la votaron. A juicio de muchos, es un bodrio jurídico, con preceptos que atentan contra la Constitución y el Estatuto. La respuesta publicada a estas objeciones por sus dirigentes ha consistido en una efusión sentimental, en una especie de exhibición de apasionamiento por Aragón, con expresiones que muestran de amor patrio henchido el corazón.

Pero no se trata de eso. Previno Sócrates que lo primero es fijar de qué se está hablando exactamente. No de quién ama más a Aragón, ni de si los impulsores de la ley son buena gente. Lo que se debate es 1) si esta desmañada ley incurre en desafuero y 2) si esconde riesgos ‘soberanistas’ a medio plazo.

Derecho de secesión para Aragón

De lo primero, ya se han oído opiniones de juristas y ninguna favorece a la ley, defectuosa y recurrible (otra cosa será que quien debería hacerlo la recurra, porque políticamente es muy incómodo).

En cuanto al ‘soberanismo’ el partido promotor de la ley (que ya había esbozado en 2014) tiene proclamadas cosas inequívocas, que, transcritas, se explican solas.

"CHA tiene como objetivo la autodeterminación del pueblo aragonés". ¿En qué se diferencia de lo que ha dicho el obcecado Torra esta semana: "No vamos a renunciar a la autodeterminación"?

CHA fue a Bruselas y reclamó "el ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo aragonés". Su presidente, actual consejero autonómico, dijo: "El Estado español se está tambaleando (…) Ha llegado la hora de hablar de autodeterminación (...), de exigir (...) nuestro derecho a decidir". O esto, en otro documento: "El pueblo aragonés tiene derecho a su autodeterminación", lo mismo que otros territorios con "un legítimo derecho a su autodeterminación".

Es inolvidable la propuesta suscrita por CHA y Esquerra Republicana (!) para cambiar la Constitución, cuyo nuevo artículo 1º sería así: "La soberanía reside en la voluntad democrática de las mujeres y de los hombres que componen las naciones, nacionalidades y regiones que estructuran la Federación española (...) Las naciones [nótese: solo ellas, una nueva categoría] tienen reconocido y garantizado [sic] el derecho de secesión de la Federación", amén de un poder judicial particular, con jueces y fiscales reclutados ad hoc.

En fin: nadie podrá tachar de suspicaz a quien intuya fines secesionistas en un partido uno de cuyos textos originarios previene: "Se ha de intentar no emplear la palabra ‘independencia’ (…) Es una cuestión de estrategia. (…) CHA prefiere emplear los términos de soberanismo y soberanía como sinónimos de independentismo e independencia. (…) El fin a conseguir es recuperar el más alto grado de soberanía nacional".

La censura a CHA no es por el talante de sus dirigentes (con una sola excepción que me conste, educados y cordiales), ni por su sensibilidad social –el desempleo y el subempleo en España son agobiantes y graves–, ni por su aragonesismo, sino por su independentismo vergonzante, ocultadizo. No son aviesas suspicacias de terceros, consta con claridad en sus textos. La recidiva del secesionismo en España es hoy aguda y esta ley excita la honda llaga sin necesidad.

Irene Vallejo ha glosado en HERALDO ‘Los acarnienses’, de Aristófanes: Diceópolis (‘el de la ciudad justa’) era buen ciudadano hasta que los apuros de la polis lo malearon y acabó pensando así: "Todos van a lo suyo, menos yo… que voy a lo mío". En tiempos de crisis, la solidaridad flaquea y crecen los egoísmos, también en Aragón. Los griegos nos lo enseñaron, pero aún no lo hemos aprendido.





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