La cerámica de Muel: alma de un pueblo y orgullo planetario

La zona industrial, la ermita de la Virgen de la Fuente y el Parque también atraen a muchos visitantes, pero la alfarería es sin duda la actividad que ha hecho del municipio una referencia artesana en todo el mundo.

Las manos de Mari Carmen Gracia moldean una pieza de barro en el torno.
Laura Uranga

Muel tiene polígonos industriales de relevancia, una ermita con pechinas pintadas por Goya, castillo-palacio de origen árabe, un parque con la agradable capacidad de sorprender a la vista y mecer a los otros cuatro sentidos, urbanizaciones de segunda residencia que atesoran la condición de remansos de paz... son muchas razones para tenerla en el radar, desde las económicas a las lúdicas, confesionales, artísticas o vitales. Sin embargo, hay un aspecto que define a la localidad y que engloba todos los adjetivos empleados en la anterior frase: la cerámica. Un arte reconocible a primera vista, presente en el mundo entero, heredada de una rica tradición que comenzó con los mudéjares y llegó a nuestros días por el celo recopilador de un arquero real, Enrique Cock, que servía a las órdenes de Felipe II.

Desde 1964, y gracias al impulso de la Diputación Provincial de Zaragoza, Muel tiene su Escuela Taller de Cerámica; los primeros once años tuvo un taller más modesto, orientado a formar a vecinos de la localidad, y desde 1975 dispone de las magníficas instalaciones actuales, a la entrada del pueblo. Juan Jiménez es su director; ayer mismo recibía en Zaragoza al estadounidense Peter Callas, que está de gira por Europa este verano. El ceramista de New Jersey es uno de los más populares de Estados Unidos, un puente entre los grandes clásicos y los nuevos retos actuales; usa grandes hornos de leña para la producción de esculturas cerámicas.

Muel de la cermica sublime a las pechinas goyescas

"Estamos muy contentos por traer a Peter –apunta Juan– para que nos hable de su sentir y su filosofía de trabajo. Tratamos de invitar a artistas que nos hagan mejorar; la cerámica debe abrir la mente, orientarse a la creatividad y probar cosas nuevas sin perder el respeto a la tradición; asumir, en definitiva, riesgos controlados; con el apoyo de la Diputación Provincial de Zaragoza hacemos cursos, exposiciones, eventos... la divulgación es fundamental para continuar con la actividad".

La pujanza del Taller ha reactivado la alfarería de Muel; de entre los diversos talleres artesanos (alfares) surgidos en las últimas décadas destacan los de Hermanos Rubio, Pilar Bazán, Javier Fanlo (La Huerva) y Joaquín Vidal.

Marta Vázquez trabaja desde hace un año como guía del taller, y recuerda que la ejecutoria actual bebe de la tradición mudéjar, la pincelada suelta y los motivos decorativos tradicionales. "En el siglo XIII llegó a haber 44 alfares en Muel, todo el pueblo se dedicaba a este oficio. Tras la expulsión de los moriscos, en 1610, los cristianos continuaron la tradición, y los nuevos habitantes llegados tras la carta puebla de repoblación aportaron influencias catalanas, valencianas e italianas a la cerámica de Muel, aunque el taller ha regresado a la línea original".

Las aplicaciones de la cerámica de Muel a lo largo de la historia han ido de los utensilios de la cocina a la arquitectura; se puede admirar en el palacio de la Aljafería, las iglesias de muchos pueblos del Campo de Cariñena o los letreros de las calles en la zona colonial de Santo Domingo, la capital dominicana. Con la industrialización y la llegada del plástico, el oficio alfarero decayó y hacia 1920 desapareció del todo en Muel. En 1964, la DPZ decidió recuperar la tradición, creó un primer taller formativo para los residentes de la localidad y luego, en 1975, la actual instalación, con la mentada técnica mudéjar como base.

"Joaquín Prat –explica Marta– es nuestro alfarero habitual, aunque aquí todo el personal creativo tiene la capacidad para hacer varias funciones. Hay una decena de decoradoras que esmaltan y realizan luego los detalles de cada pieza; también hacemos fotocerámica por encargo en los últimos años. Yoko Ono visitó el taller hace unos años; en Reino Unido ha calado mucho desde siempre nuestra cerámica, hay constancia de esta conexión desde hace más de un siglo".

La relación del taller con el pueblo es muy estrecha, la mayoría de los trabajadores son de Muel; las visitas escolares son continuas de enero a junio, se les enseña todo el proceso (torneado, secado, horno, esmalte, decoración), pero los adultos también caen rendidos a la magia del proceso; el resultado es hechicero.

LOS IMPRESCINDIBLES

Dique de la presa romana

Fue construido en el siglo I, posiblemente con la finalidad del abastecimiento de agua a Zaragoza. Fue una de las cinco grandes presas romanas de Hispania: Almonacid, Muel, Cornalvo, Alcantarilla y Proserpina.

El castillo-palacio

La primera mención documental es de 1160, con una cita a la heredad de Molle, aunque tiene origen árabe. En 1610 pasó al marqués de Camarasa. Se conservan dos torreones con troneras y algunos muros rebajados.

El parque de Muel

Está situado al pie de un acantilado natural y regado por las cascadas naturales del Huerva. Contiene los restos de un castillo, el antiguo molino árabe (convertido en sala de exposiciones) y el pabellón municipal.

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