La reserva oleícola de la provincia de Huesca llega hasta Grecia

El ingeniero agrónomo José Manuel González, con su empresa Viveros Somontano, ha preservado y multiplicado las variedades autóctonas de la zona

Miguel Gonzáles en los invernaderos ubicados en la localidad de Castillazuelo.
J.L.Pano

Desde hace más de diez años, la rica biodiversidad oleícola de la provincia de Huesca está a buen recaudo gracias al trabajo desarrollado por el ingeniero agrónomo y emprendedor José Miguel González, quien desde la pequeña localidad de Castillazuelo, y a través de su empresa Viveros del Somontano, ha conseguido recuperar y multiplicar todas las variedades existente en el Alto Aragón, así como en otros puntos geográficos de Aragón y España.

Este extremeño recaló en tierras del Somontano para trabajar en Bodega Pirineos pero cambió la vid por el olivo al quedarse prendado de la riqueza de la zona. Criado en un entorno olivarero, no le fue difícil emprender en Castillazuelo, a unos kilómetros de Barbastro, un ambicioso proyecto que perseguía recuperar las 19 variedades autóctonas que otro ingeniero agrónomo, Javier Viñuales, había descrito morfológicamente en un estudio, convertido en un libro gracias a la obtención del premio Félix de Azara. En esta década se han ido incorporando nuevos compañeros de viaje, desde universidades, administraciones, agricultores, estudiosos y amantes del milenario cultivo del olivo.

Viveros del Somontano es una empresa que no solo cuenta con un banco de especies privilegiado, sino que da trabajo a seis personas y que vende plantas por toda la geografía nacional y hasta a países con tanta tradición oleícola como Grecia, Jordania y Portugal.

"Cuando acabé la carrera, en 1993, empecé con mi hermano a recuperar y multiplicar variedades de olivo de la comarca de Badajoz. Mi padre tenía olivos y me he criado entre ellos. Con mi hermano estuve hasta 1999 pero luego me vine a trabajar a Bodega Pirineos y me desvinculé del olivo, hasta 2007, momento en el que empecé el proyecto de Viveros del Somontano porque vi que había un nicho de mercado que no estaba cubierto como era la recuperación de variedades autóctonas y también nacionales para dar viabilidad al negocio", explica.

Su filosofía se sustenta "en la base emotiva de querer recuperar variedades y evitar que se pierdan. En definitiva es conservar un patrimonio natural que en la zona es bastante amplio y dar la posibilidad a los agricultores que puedan utilizarlo y hacer plantaciones".

En una primera fase su proyecto consistió en recuperar las 19 variedades del Somontano. Una vez multiplicadas, José Manuel González recorrió las zonas olivareras del Alto Aragón "para conservar el patrimonio genético natural de la provincia". Tras Huesca, llegaron Zaragoza, Teruel, Navarra, Lérida, Salamanca y otros lugares y Viveros del Somontano comenzó a colaborar con universidades como la Politécnica de Huesca o la de Córdoba, donde se encuentra el banco de germoplasma más grande del mundo, entidad a la que ha cedido variedades, o el CITA del Gobierno de Aragón, con el que ha estudiado el ADN de la royeta de Asque, autóctona de la sierra de Guara, para comprobar su resistencia al frío y su producción.

Fuente de estudio

El resultado de este trabajo de once años ha supuesto recopilar en la provincia de Huesca 111 materiales con ADN distintos que no tienen nada que ver con otras variedades nacionales. "De momento ya tenemos más de cincuenta variedades en el Alto Aragón. La riqueza varietal de esta provincia es muy amplia y en cada localidad hay una o dos que predominan pero junto a ellas hay cinco o seis más", comenta.

Todo este trabajo de preservación se sustenta económicamente con la comercialización de viveros de olivo de las especies más demandas como la alberquina o la picual. En sus invernaderos de Castillazuelo, de 4.000 m2, producen al año entre 800.000 o 1.000.000 de esquejes. Una vez enraizados, y tras un crecimiento de uno a dos años, se venden en macetas al agricultor. Sus clientes han trascendido la comarca y los olivos cultivados en Castillazuelo se extienden por buena parte de la geografía nacional.

El trabajo de González incluso despertó el interés de los griegos, una de las cunas de este cultivo, donde vendió 40.000 olivos de la variedad alberquina y royeta de Asque, autóctona del Somontano. Es uno de sus trabajos de los que se siente más orgullosos ya que le ha permitido recuperar una variedad que se cultivaba en una ladera de la sierra de Guara, en esa pequeña población.

González hace balance de su trabajo y considera que "se ha relanzado la importancia del olivo y se ha puesto en valor lo autóctono, ya que estas variedades son las que mejor están adaptadas a esta zona, a su suelo y al frío".

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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