La caja de Pandora: el arte contra el abuso sexual y de poder

Esta reciente iniciativa estatal denuncia la violencia machista y el abuso de poder en el contexto del arte y la cultura, y ofrece su apoyo a las víctimas de estos abusos, para tejer una red de confianza entre las afectadas y terminar con el paradigma ‘hombre genio, mujer musa’

La caja de Pandora Aragón
Oliver Duch

La plataforma La caja de Pandora nació en julio de 2017 a raíz de la denuncia de una artista española que declaró públicamente haber sufrido abuso sexual por parte de un comisario artístico; el caso continúa en instrucción. La idea fundamental de esta iniciativa es denunciar la violencia machista y el abuso de poder en el sector del arte y la cultura.

La caja de Pandora se hizo oficial el 29 de enero de este año. En el marco de las reivindicaciones del 8 de marzo se leyó un manifiesto al mismo tiempo en las escaleras del Museo Reina Sofía y en la Tate Modern de Londres, dos de los museos más importantes del mundo, para marcar el principio de las acciones de toma de conciencia y denuncia; son más de 3.000 mujeres implicadas. En lo que llevamos de año, las diferentes comunidades autónomas españolas han ido preparando sus propios escritos y han hecho así una declaración de intenciones; Galicia y Cataluña se han adelantado y Aragón se suma ahora, con Andalucía a punto de hacer público su propio discurso. El logo estatal lo ha diseñado la artista Ana Fernández.

La caja de Pandora en Aragón

En Aragón ya hay más de 30 miembros, por el momento, que forman un grupo no mixto; la inclusión de hombres no está en sus planes. La lista va creciendo día a día: las artistas Prado Vielsa y Margó Venegas, la galerista Patricia Rodrigo, la investigadora de arte feminista Paula Gonzalo Les y la bloguera Merche Palaín suman sus voces para contar qué es La caja de Pandora.

“El que no haya hombres se debe a que ellos ya parten en una posición de privilegio, y La caja de Pandora quiere ser un espacio de confianza para apoyar a compañeras que hayan vivido casos de abuso, que son la mayoría estadística de estas situaciones, con muchísima diferencia. Es una satisfacción ver cómo hay mujeres que cuentan sus malas experiencias y dicen que por primera vez han encontrado un espacio para hablar sin sentirse culpables o atemorizadas. No es el único objetivo, pero está muy bien que eso ocurra”, explican.

Como se explica en el manifiesto, La caja de Pandora va más allá de la denuncia, y se constituye además en “un grupo de apoyo que genera memoria colectiva de las opresiones, agresiones, coacciones o invisibilizaciones a las que tenemos que hacer frente”. Se trata también de crear las condiciones para dejar de oír más pronto que tarde eso que tantas mujeres han oído, la frase “me encanta tu trabajo, pero luego te quedarás embarazada y me harás una faena”.

La representación aragonesa de este movimiento nacional se ha bautizado como La caja de Pandora Aragón y tiene muy claro que por encima de todo, hay que visibilizar el problema. “Los ejemplos son muchos. Según un informe realizado en 2016 por Esmeralda Ballesteros Doncel, doctora en sociología, solo un 20% de obra femenina está expuesta en un conjunto selecto de 21 museos y centros de arte contemporáneo en España, cuando somos el 80% de las licenciadas en Historia del Arte y Bellas Artes. Un informe del colectivo Mujeres en las Artes Visuales (MAV) cifra en un 6% la presencia de mujeres españolas dentro de los artistas de ARCO 2018”, aclara Merche Palaín.

“De las 1.700 obras expuestas en todo Museo del Prado solo seis son de mujeres: pertenecen a tres pintoras. Según Artprice, incluso en el caso de las artistas más cotizadas, su obra se valora hasta diez veces menos que la de sus colegas varones, y en los libros de texto sigue sin haber un número suficiente y justo de mujeres como referentes culturales. El resultado es que luego las obras que salen de la creatividad femenina valen un 7% menos de media. ¡Si hasta la escritora de ‘Harry Potter’, J.K. Rowling, usó sus iniciales al principio porque le aconsejaron que no pusiera su nombre completo, para que no afectara a las ventas!”.

Primero fue La caja de Pandora y luego el #MeToo

La caja de Pandora, por fechas, es anterior al movimiento #MeToo, que desató el caso de múltiples abusos protagonizado por el famoso productor de cine Harvey Weinstein. En un momento como el que vivimos, esta plataforma quiere ir a la raíz del problema. “Hay que reescribir la historia de los movimientos sociales y culturales, tejer redes de confianza entre nosotras y apoyar a compañeras que han vivido casos de abuso o discriminación, o que por desgracia los sigan viviendo. Los abusos se dan porque hay una situación de desigualdad, de privilegio desde el primer minuto, en la que un hombre impone su autoridad en el contexto laboral sobre una mujer. Se nos enseña a callar y lo malo es que el primer juicio suele venir de nosotras mismas, de la culpabilización. Hay muchos detalles llamativos; por ejemplo, el arte feminista no es una asignatura universitaria en España, pero sí en Francia o Alemania. Hay que deconstruir la idea del hombre genio y la mujer musa en el arte”, reivindican las artistas.

La caja de Pandora Aragón va más lejos en la denuncia. “Hay leyes no funcionales, que parecen hechas para salir en la foto; es derecho laxo, parecen meras sugerencias. La igualdad no es real si no se toman medidas para hacer cumplir esas leyes. En el arte, el problema es terrorífico; en el tema de los libros de texto que comentábamos antes todos se pasan la pelota, de la administración a las editoriales. No hay voluntad real de cambiar las cosas”.

En cuanto a medidas concretas, La caja de Pandora Aragón quiere dejar claro que empiezan a moverse en lo personal. “Somos artistas, gestoras culturales, investigadoras; como activistas, llevamos esta forma de pensar a nuestro trabajo desde hace tiempo. De aquí a un año desarrollaremos acciones en centros educativos, queremos darles forma para que sean eficaces. Ahora nos centramos en cuidar a las personas afectadas, aliviar a nuestras hermanas y generar nuevos referentes en el arte y la cultura; distintas perspectivas, distintas visiones. No queremos cuotas, sino justicia. Los hombres con sensibilidad pueden ayudarnos de muchas maneras; negándose a trabajar con gente que haya ejercido el abuso o en lugares que apoyen las desigualdades, por ejemplo. Pueden quedarse con las criaturas en un día como el de la huelga feminista del 8 de marzo… dentro de La caja de Pandora Aragón no tiene mucho sentido su presencia, porque peleamos contra una desigualdad de base. Buscamos resolver el problema nosotras mismas. Claro que hay hombres con buena fe, pero quienes ejercen el abuso en el entorno del arte y la cultura, en una mayoría grandísima, son los hombres; nosotras debemos vencer la vergüenza y la culpabilidad, porque el delito prescribe, pero el trauma no”. 

Manifiesto de La caja de Pandora Aragón


Manifiesto de La caja de Pandora

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