"La paciencia es clave para conseguir la máxima calidad"

Muy cerca del templo budista de Panillo, dos jóvenes emprendedores elaboran auténticas delicias de chocolate en el obrador La Ofrenda.

Rubén de La Hera, en plena tarea de elaboración de sus chocolates.
L.O.

La primera vez que Rubén de La Hera visitó el templo budista de Dag Shang Kagyü, en la localidad oscense de Panillo, se quedó impresionado con la belleza del paisaje que lo rodeaba y el silencio, solo roto por el movimiento rítmico de las banderas y banderines que cuelgan de los edificios.

En aquel momento, este joven bilbaíno, inquieto por naturaleza, decidió quedarse a vivir allí y montar su negocio, un obrador familiar donde elabora artesanalmente tabletas y especialidades de chocolate de alta calidad, que responde al nombre de La Ofrenda.

En medio del monte, rodeados de pinos, Rubén y su pareja Nagore, arrancaron su proyecto más especial y lo hicieron abanderando la filosofía budista que habían aprendido en el templo y que tanto había calado en ellos. Una metodología de trabajo inspirada en lo natural, sostenible y responsable, y cuyo resultado final es un producto novedoso de una gran calidad.

«Desde que comenzamos esta aventura siempre hemos apostado por la diferenciación y la calidad. Como buen vasco, me gusta la buena comida, y los sabores originales, y tengo muy claro que la paciencia es clave para conseguir la máxima calidad», matiza Rubén.

Al principio, este joven emprendedor desconocía todo sobre el mundo del chocolate, pero comenzó a acudir a cursos de formación en una de las mejores academias del mundo, ubicada en Barcelona, la Chocolate Academy, donde recibió consejos de los mejores expertos. «Durante mi etapa formativa pude aprender de la mano de grandes profesionales, entre los que destaca Ramón Morató, un grande entre los grandes, que me enseñó muchas recetas, trucos y las últimas técnicas artesanales y los diseños de productos más exclusivos. Una formación de calidad que me permitió hacer realidad mi sueño de crear algo diferente y especial», matiza.

El resultado son tabletas de chocolate de contrastes únicos y sabores nuevos, de diferentes orígenes del mundo, cada una con su aroma particular, según su procedencia.

«Ademas, elaboramos unas originales perlas, que mezclan los mejores ingredientes naturales con un chocolate de excepción, como la pieza de chocolate blanco aromatizado con extracto natural de albahaca y limón y textura efervescente. Son productos naturales, sin aditivos perjudiciales para la salud», indica este maestro chocolatero, quien recuerda que también hace cacao de desayuno aromatizado o rocas dulces, entre otros productos.

Todos estos dulces se venden en tiendas de productos ‘gourmet’ de Aragón y otros puntos de España, como el País Vasco o La Rioja. «Nosotros no tenemos tienda, producimos directamente para vender en otros establecimientos, aunque la gente que viene al obrador también tiene la posibilidad de adquirir aquí los dulces que les gustan».

Su reto es elaborar bombones, pero tiene claro que se trata de un sueño que no puede materializarse todavía porque este tipo de productos demandan una rotación y venta muy rápida y eso es algo que, logísticamente, desde Panillo, es difícil de conseguir.

Ahora, en verano, la pareja recorrerá algunas de las ferias de gastronomía más conocidas de la zona donde viven para dar a conocer su filosofía de trabajo. «Un chocolate cuyo compromiso con la calidad va más allá de ofrecer una experiencia de sabor única».

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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