Las lluvias inundan los graneros

La cosecha de cereal de invierno llega más tarde, retrasada por las intensas lluvias primaverales. Las mismas, reconoce el sector, que permiten augurar una buena campaña en cantidad, en calidad y, si el mercado no lo impide, de precios.

Recolección de cereal en una explotación de la Hoya de Huesca.
Rafael Gobantes

Parecía imposible cuando a finales del pasado año los agricultores comenzaban a echar el grano en el secano aragonés. La grave sequía que entonces soportaba la Comunidad retrasaba las siembras de cereal y hacía temer que la cosecha de este año volvería a ser un desastre, tanto por la reducción de superficie -algunos agricultores optaron por el cultivo de variedades más tardías como la cebada o el guisante- como por la falta de agua, imprescindible para garantizar una correcta nascencia de la planta.

Pero aquellos malos augurios ya son solo un mal recuerdo. Y las máquinas comienzan a entrar en los campos de cereal aragoneses con una nueva previsión que habla de «muy buena cosecha», e incluso «excepcional» en algunas zonas. Aragón espera, según los cálculos de UAGA, que la producción de cereal de invierno (trigo duro, trigo blando, cebada, avena o centeno) supere los 2,6 millones de toneladas, muy cercana al récord de 2013 (con 2,7 millones de toneladas) y muy superior a la media de los últimos cinco años (poco más de 1,9 millones de toneladas). La cifra supone además un 30,44% respecto al año anterior, pero incluso el porcentaje es engañoso y no parece reflejar realmente el impresionante cambio, ya que en 2017 los cerealistas aragoneses recogieron algo más de dos millones de toneladas, pero si bien fue una campaña media, también lo fue muy irregular y la buena cosecha obtenida en Huesca enmascaró el desastre productivo que provocó la sequía en la provincia turolense y especialmente en la comarca del Jiloca.

En cifras similares se mueven también las estimaciones realizadas por Asaja, que prevé una cosecha superior a las 2,4 millones de toneladas, de las que más de la mitad llenarán los graneros oscenses. Porque, como coinciden en señalar una y otra organización agraria, si el pasado año el enemigo fue el clima, en esta campaña se ha convertido en un aliado.

Las lluvias de primavera, que comenzaron en abril y se prolongaron hasta entrado el mes de junio, han sido agua de mayo para el cereal aragonés, que además ha podido crecer con una suaves e inusuales temperaturas.

Si buena será la cantidad, la cosecha de este año llega también con excelente calidad, ya que (de nuevo) el clima ha propiciado la correcta maduración tanto en los trigos como en las cebadas.

Y aunque las intensas lluvias han impedido que las cosechadoras pudieran entrar a los campos en su fecha habitual -la campaña ha llevado un retraso de unos 15 días-, la tardanza en la recolección ha dejado sin existencias a las industrias, lo que hace prever además que la campaña, mayor, de más calidad y más tardana, goce este año además de unas adecuadas cotizaciones.

En apenas seis meses se ha hecho lo imposible. «Ha sido un año muy complejo y muy diferente a todo lo que conocíamos», explica el secretario general de UAGA, José Manuel Penella, antes de comenzar a hablar de las previsiones de cosecha de cereal de invierno que ha elaborado la organización agraria que dirige. Unas cifras que a finales de 2017 nadie en el sector se atrevía siquiera a imaginar.

No pintaba bien la futura cosecha cuando comenzaron las siembras. Se echaba el grano en la tierra seca, sin perspectivas de que llegaran por fin las precipitaciones y con el recuerdo de una campaña anterior marcada por una acusada sequía que si bien había permitido una producción media -gracias a la buena cosecha de los campos oscenses- había dejado un reguero de pérdidas -más de 60 millones de euros según los cálculos de la consejería de Desarrollo Rural- en unas 12.500 explotaciones, de las que 6.500 (las más afectadas) se encontraban situadas en la provincia de Teruel. El temor era tal en noviembre que la contratación de seguros en los secanos se disparó hasta batir récords históricos. Se llegaron a suscribir más de 7.600 pólizas (un 65% más que el año anterior) con las que se aseguraron frente al riesgo de sequía en 2018 algo más de 344.765 hectáreas (un 68,34% más), para una producción de 913.000 toneladas, que alcanzaba un valor de producción que rozaba los 158 millones de euros.

El otoño y el invierno fueron secos y suaves hasta bien entrado el mes de enero con lo que la nascencia del cereal comenzó siendo muy mala «e incluso la plantas ya nacidas comenzaron a secarse», recuerda Penella para explicar los malos presagios con los que comenzaba la campaña.

La situación era tan complicada que en el mes de marzo los agricultores de gran parte de Aragón, y especialmente en las provincias de Zaragoza y Teruel, ya daban por perdida la cosecha de cereal de invierno. Se hablaba incluso de producciones peores que las del mal año anterior. Pero llego abril. Y sus «aguas mil» -como dice el refranero- regaron los campos aragoneses de norte a sur dando vida al cereal, que siguió recibiendo abundante lluvia durante el mes de mayo e incluso hasta los primeros días del presente mes de junio. Unas «desconocidas» precipitaciones, como las califica el líder de UAGA, que llegaron además acompañadas de suaves temperaturas, la combinación perfecta que ha permitido encarar la recolección con unas previsiones que auguran «una buena cosecha» que nada tiene que ver con la del pasado año y mucho menos con lo parecía venir hace apenas cuatro meses.

La fotografía de Teruel

Las imágenes más elocuentes de este cambio de escenario en los campos de cereal las ofrece Teruel. Hace un año, la organización agraria UAGA convocaba una rueda de prensa para hablar de previsiones de cosecha en un escenario muy inusual: una finca de cebada de la localidad turolense de Cella (imagen superior izquierda), tan arruinada y seca por la ausencia de lluvias que, según explicaron entonces los representantes agrarios, en ella no iban a poder entrar las máquinas para cosechar.

Hasta allí se trasladaron de nuevo este año los representantes de este sindicato para volver a hacer balance de la producción en esta provincia. Pero en esta ocasión, la imagen que ofrece la explotación (en la parte superior derecha) es un claro ejemplo del paso de las lluvias por los cultivos. Porque las estimaciones realizadas por UAGA hablan de un incremento del 30,44% respecto al año anterior en el conjunto de la Comunidad, donde las 790.075 hectáreas sembradas de cereal propiciarán una producción superior a las 2,6 millones de toneladas.

No todos ganan por igual, pero en la mayoría de las zonas productoras mejoran las expectativas con las que se partía. Con casi 1,13 millones de toneladas, los cerealistas oscenses recogerán una cosecha «excepcional», destaca Penella. Zaragoza obtendrá alrededor de 1,02 millones de toneladas, mientras que en la provincia de Teruel los graneros se preparan para recibir 461.420 toneladas, una «buena cifra», dice el líder de UAGA, que supone un incremento del 64% respecto a los resultados de 2017 y que permite dejar atrás cuatro años consecutivos arrastrando una pésima producción por la falta de precipitaciones.

Hay matices. Porque en un año «tan extraño» como el actual las abundantes precipitaciones han descargado también el temido granizo, que ha dejado pérdidas de hasta el 70% en zonas de la comarca de Belchite, Campo de Daroca y Calatayud. Y la «paradoja», señala Teo Largo, responsable de los servicios técnicos de la organización agraria, la muestran los datos de Agroseguro, que, hasta ahora, ha reconocido 45.000 hectáreas afectadas por el pedrisco, otras 10.000 que se han dado de baja por no nascencia y unas 15.000 en las que se han declarado daños por sequía.

En cifras similares se mueven también las previsiones realizadas por Asaja Huesca. Según sus cálculos, la cosecha de cereales de invierno será muy buena, especialmente en la provincia de Huesca, donde se espera una producción que oscilará entre las 950.000 y 1.070.000 toneladas. Y eso, señala la organización agraria, que las siembras se vieron muy condicionadas por la ausencia de humedad como consecuencia de un verano y un otoño muy secos, que provocaron una merma de semilla en la zona centro-sur de la provincia de Huesca. Por el contrario, las labores fueran «más tranquilas» en la zona centro-norte, donde no se produjeron los encharcamiento de otras campañas.

Para el conjunto de la Comunidad, Asaja estima una producción de 2.415.000 toneladas, una buena cifra que se aproxima a las campaña más cercanas a los récords, como fueron las de 2013 y 2016.

Cantidad con calidad y precio

Las lluvias no solo han propiciado una elevada producción. También inundarán los graneros de calidad, porque las precipitaciones y las suaves temperaturas han favorecido una correcta maduración, que se traducirá en unas elevadas cualidades tanto para los trigos como para las cebadas.

Existe además otro factor que ha despertado el optimismo de los agricultores en los inicios de la campaña de recolección. Se auguran buenos precios. Y son varios los motivos que lo explican. Por un lado, el clima. El temor a que la sequía se alargará durante este año hizo que muchos agricultores optaran por dedicar muchas más hectáreas al cereal de invierno en detrimento de las primeras cosechas de maíz, que exigen una mayor dotación de agua. Como consecuencia, este cereal podría alcanzar cotizaciones superiores a los 193 euros por tonelada.

Además, las precipitaciones han hecho que la cosecha se hiciera esperar y este retraso también ha dado alas a los precios. Y, como señala Largo, a nivel mundial no se espera una gran cosecha, circunstancia que podría favorecer a los agricultores aragoneses con un incremento de los precios de sus producciones.

UAGA estima que el trigo duro podría alcanzar entre los 205 y los 210 euros por tonelada, y la cotización de la cebada alcanzaría, según los cálculos de las organizaciones agrarias, los 174 euros. Pero la campaña es larga.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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